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30 dic 2011

I'm back, bitches!

Pues eso, que después de unos cuantos meses desaparecida, he decidido retomar el blog. Yo creo que en realidad es todo porque soy un poco como los malos de series y películas varias (si es que tengo alma de villana, que lo sé yo) y me gusta desaparecer para reaparecer cuando menos se lo espera todo el mundo. O algo así.

Yo soy así, abandono el blog por falta de tiempo y luego lo retomo, en cuanto me da un pronto de los míos, con las mismas ganas que al principio. ¿Significa eso que ahora tenga más tiempo que cuando lo dejé? Para nada, señores, pero es que me gustan los retos. Conste que por eso no creo que vaya a escribir tanto como otras veces por aquí (no creo que vaya a chorrocientas entradas semanales, que ya me gustaría), pero al menos sí intentar al menos ir retomando un poquito esto, y comentar un poquito las mil cosas que he ido viendo y haciendo en los últimos meses.

Que son muchísimas, eh, que cuando quiero soy hasta eficiente. Por un lado, he estado entretenida con proyectos varios (momento que aprovecho para hacer publicidad tanto de Zapping Magazine, una revista muy awesome donde colaboro escribiendo, para variar, sobre series; y de Central Perk Podcast, un podcast también muy awesome donde mis compis y yo hablamos sobre, para variar, series y realities varios), y por otro he visto series y realities como para parar un tren.

Pero bueno, sobre eso ya iré comentando por aquí a lo largo de estas semanas. Probably.

¡Saludos!

PD: Por lo pronto, mañana intentaré hacer una lista de las que para mí han sido las mejores series de 2011. Porque no me iba a quedar yo sin hacer listas, evidentemente.

30 nov 2010

Un año (y...)

El otro día me di cuenta de que hacía algo más de un año que había vuelto por aquí. A principios de noviembre, concretamente. Este blog lo empecé hace bastante tiempo, simplemente como un sitio donde poner las tontadas que se me fueran ocurriendo. Después lo acabé abandonando, esas cosas que pasan. Y entonces, justo hace más de un año, me di cuenta de que lo echaba de menos. Parece una tontería, pero a mí me gusta mucho escribir por aquí (si no, está claro que no lo haría). Me gusta el mundillo de los blogs, me gusta comentar y que me comenten. Me gusta debatir. Y esto es estupendo para ello ;). Me apetecía tener un sitio donde comentar las chorrocientas series que veo. Así que decidí volver. Porque aunque la idea del blog, e incluso yo un poco, haya cambiado bastante desde que lo empecé, le sigo teniendo bastante cariño.

Volví sin saber muy bien cuánto aguantaría, simplemente porque me apetecía. Y aquí sigo, más de un año después.
Mucho tienen que ver en ello aquellos que andan siempre por aquí dispuestos a comentar y a darme una alegría con sus comentarios (en serio, llamadme tonta, pero soy completamente feliz cuando os leo :P). Os doy las gracias a todos, y en especial a Yorch, Martinyfelix, Satrian, Manganxet, LiPooh, Kiseki7, Un Telespectador más, etc, que siempre andan por aquí ^^.
Ya digo que leer vuestros comentarios es siempre una alegría, así que muchas gracias.

En fin, un añito en el que no solo he conocido unas cuantas series (más), sino que he coincidido con gente estupenda (por aquí, por twitter, etc) gracias a haber decidido volver a esto de los blogs.

Vamos, que me alegro un montón de este añito. Y, como ya digo que la culpa de ello (xD) la tenéis vosotros más que yo (al fin y al cabo, un blog no es solo quien escribe las entradas, porque solo con eso no sería nada, sino quienes leen, comentan o simplemente se pasean por él de vez en cuando), no puedo hacer otra cosa que daros las gracias ;).

Y esperar que sean muchos más como este ;).

¡Saludos!

PD: Y ya que estamos por dar gracias y demás, no puedo no nombrar a dos pedazo de ídolas como son Antara y MacGuffin. dos de mis imprescindibles ^^.
PD2: Cambiando ya de tema, tengo que decir que esta temporada de Dexter me está encantando. Es verdad que la temporada pasada fue enorme, y no sé si esta está a su nivel o no, pero igualmente estoy disfrutando como una enana con cada capítulo.
PD3: Y la que sí que me ha ido ganando poco a poco y pasito a pasito ha sido Boardwalk Empire. Ahora que no me pierdo con el quién es quién, disfruto de ella mucho más. Y sus personajes me parecen más redondos a cada capítulo que pasa. Es muy complicado quedarse solo con uno.

10 ago 2010

Cosas que la tele me enseñó...

Porque anda que no hemos aprendido cosas delante de la pantalla. Dirán lo que quieran, pero hay cosas que jamás se me habrían pasado por la cabeza de no haber sido por la ayuda de la televisión. Y especialmente de las chorrocientas series que veo/he visto.

Una de ellas es lo fascinante que es la gente en lo que a ahorro y reciclaje y medioambiente se refiere. De un tiempo a esta parte, se ha hecho bastante habitual ver a los personajes de varias series (especialmente de la ABC) llevando bolsas de tela para hacer la compra. Pero no es lo único, por supuesto. A todo el mundo le preocupa muchísimo el ahorro de energía, etc, etc.
Y luego van y se dejan todas las luces de casa encendidas. Que a lo mejor es que en mi casa somos muy raros, pero anda que no me habré acordado yo veces de las casas de las series, donde siempre están las luces (de dentro y de fuera) de casa encendidas cuando los personajes llegan a su casa de noche. Especialmente cuando llegas a casa a las tantas y digamos que no en las mejores condiciones para acertar con la llave en la cerradura incluso cuando hay luz, no digamos ya totalmente a oscuras.
Y eso que la luz de la calle aún es más normal que esté encendida. Porque cuando entran y tienen todas las luces de absolutamente todas las habitaciones de la casa encendidas (eso sí, con una iluminación muy tenue, que es como más acogedor) es todavía más mejor.
Pero claro, más les vale que sea así. Porque como se encuentren las luces apagadas es que algo va a ir mal. En el peor de los casos hay alguien en la casa en ese mismo instante. Habitualmente, de todos modos, es que alguien se ha estado dando un paseo por ahí y trasteando entre tus cosas.
Vamos, que la lección que nos llevamos es que, como no haya luces encendidas, mejor que avises a alguien para que entre en la casa contigo. Vaya a ser.

Por supuesto que no es lo único que hemos aprendido. Gracias a la televisión ahora sé que si no tengo algún trauma infantil, o daddy issues del tipo que sean, no soy nadie. ¿A quién voy a echar la culpa si no cuando meto la pata? ¿A mí misma? No, no, no, que para eso se crearon los padres.
Ya sea porque jamás te dijeron que te querían, o porque se olvidaran miserablemente de ti cada vez que tenían que ir a recogerte al colegio, la culpa la tienen ellos. No importa que se disculparan mil veces y te intentaran comprar a base de regalos después de llegar media hora tarde a recogerte, claro (mi señora madre lo que hacía cuando llegaba tarde era decirme que si no estaba contenta, que la próxima vez me fuera andando, que ella no era taxista).

En Life Unexpected, el padre de Baze debía de tener la culpa hasta de la caída de Roma

O porque te metieran demasiada presión y querían que fueras el más mejor en todo. Claro que de eso los pobres no tienen la culpa, porque ahí también la televisión les ha enseñado algo a ellos. Y es que, por difícil que parezca, todo el mundo puede entrar en (al menos) una universidad de la Ivy League. Y pedir menos es de cobardes. Porque además todos tus primos, tíos, hermanos y hasta la prima tonta de tu padre han ido a Harvard.

Es por eso que todos los niños (y adolescentes varios) van al colegio cada mañana con muchas más prisas que sus padres al trabajo. En mi casa justo pasaba (y por lo que sé, pasa, aunque ahora mis hermanos y yo tengamos horarios distintos) justo al contrario, que mi madre prácticamente nos tenía que acelerar a collejas para no llegar ella tarde a trabajar. Da igual que luego sean el típico crío que no toca un libro y se fuma las clases como si no hubiera un mañana, que saldrá corriendo de casa y con la tostada en la mano. Tostada que, por cierto, acaba de coger casi obligado por su preocupadísima madre del buffet que le ha montado en el comedor. Algo normal y corriente que pasa en todas las casas, por supuesto.

Bien pensado, es que los adolescentes son los adultos del mundo de las series, claro está. Y quizá entonces sí que tiene más sentido eso de que sean los que van con prisas por las mañanas.
O a lo mejor es que, con eso de que yo crecí con Buffy, debe de haberse quedado grabado a fuego en mi mente eso de que los adultos no sirven para nada. Si acaso para estorbar, pero ya está.

Unas crías de 16 años (por cierto, qué grande es Bianca Lawson, que debe tener una de esas frases en su curriculum de "más de una década de experiencia en interpretar a quinceañeras") serán capaces de salvar al mundo con solo la ayuda de sus compañeros de clase (y quizá la de algún mentor, pero sin pasarnos), pero cuidadito con que se cruce algún adulto de por medio, que seguro que solo estorba.

Lo que no es difícil de entender muchas veces. Es decir, todo el mundo sabe que el ciclo de vida funciona tal que así: uno nace, crece, se vuelve adolescente insoportable pero que sabe más que sus padres, va a una universidad importante, puede que se vuelva temporalmente médico o abogado (simplemente por ocupar un espacio en su vida mientras encuentra cierta estabilidad sentimental. Además, eso de operar a la gente pintada como una puerta debe molar un puñao y medio, y es una de esas experiencias que todo el mundo debería tener. Por no decir que, qué leches, a ver dónde vas a acabar tú de aprender sin tu caso de la semana que casualmente se parece mucho a tu vida y tiene moraleja), casarse y tener bebés. Muchos bebés. O al menos intentarlo. Porque todo el mundo sabe que toda chica que se precie se queda embarazada a los 16, pero es intentar tener un hijo y no hay manera.

Todo esto suele suceder en una realidad temporal muy extraña. Porque parece igual a la nuestra, pero es totalmente diferente, sí, sí, sí. No es solo que sea de noche y de repente sea de día, pero de repente sea la noche anterior. No, va mucho más allá de eso, y si no, que se lo pregunten a Shondita y a las gentes del Seattle Grace. Porque todo el mundo sabe que, por mucho que Acción de Gracias y Navidad coincidan con las nuestras, entre medio lo mismo han pasado tres años que dos semanas.

Pero es que los mundos televisivos son muy extraños. Son mundos en los que los críos de quince años desaparecen de casa durante meses y a nadie le extraña (lo de Eric en Gossip Girl suele tener bastante gracia, por mucho que a veces les dé por poner excusas). Son mundos donde hay que tener cuidado con los autobuses, los ascensores (el del bufete de Ally McBeal tenía especial peligro) y hasta los aparcamientos, porque sabes cuando entras, pero es posible que no vuelvas a salir jamás.

El aparcamiento del Seattle Grace tiene sus propios métodos para deshacerse de los médicos que no le caen bien. A él o a los guionistas, vaya usted a saber. Porque a mí ese aparcamiento lleva un tiempo dándome bastante mal rollo.

Son mundos en los que nadie cierra la puerta de casa con llave, por mucho que en cinco años haya habido sesenta asesinos en el barrio. Tampoco las del coche (y yo que he visto robar un Fiesta que se caía a cachos... Como para ponerles las cosas fáciles encima), a no ser que quepa la posibilidad de que luego tengas que salir corriendo perseguido por un asesino o algo parecido, en cuyo caso no solo cerrarás bien el coche, sino que te asegurarás de perder las llaves o que se te caigan en algún sitio imposible.
Son sitios donde pueden pasar cinco años, que no habrá habido ni un solo avance tecnológico, por pequeñito que sea, ni Apple habrá sacado cualquier titada nueva (y si no, que se lo digan a las Desesperadas), sitios donde todo el mundo puede tener al menos cuatro empleos, varias aficiones de esas roba-tiempo y encima tener vida social.

Son, en definitiva, unos mundos que nos han regalado un conocimiento de la realidad con el que jamás habríamos soñado. Porque a ver quién me iba a decir si no a mí todo esto.

¡Saludos!

PD: Esta semana no le dedico entrada a True Blood, aunque su final fue genialérrimo, y mejor lo arrejunto con el capi de la semana que viene.