Llevaba un tiempo pensando en volver a invertir ese tiempo que tanto me sobra (¡ja!) en eso de actualizar de forma más o menos regular un blog. Porque... pues no sé por qué. El caso es que me apetecía escribir y comentar cosillas, lo estaba echando de menos de verdad.
Y entonces pensé en volver (por enésima vez) a pasarme por el Fotolog. Pero no, no me acababa de convencer la idea. La verdad es que nunca he sido demasiado fan del Fotolog, todo sea dicho. No me gusta el formato, ni tener que poner una imagen si lo que yo quiero es escribir. Pero también antes me sobraba tiempo por todos lados y todo, absolutamente todo el mundo, andaba por allá comentando y escribiendo cosas comentables. Y me apetecia comentarles, qué leches. Mucha de esta gente no estaba por aquí y, bueno, quizá me merecía un poco la pena. Pero ahora me falta tiempo para todo (no lo suficiente como para no poder dedicarme a hacer cosas de escasa o nula utilidad como esto, pero esa es otra historia :P), con lo que pasarme a comentar cosillas es prácticamente imposible.
Por eso opté por volver a hacerme un blog. Y entonces me acordé de este, de mi pequeño rinconcito de Invernalia. Me daba pena crearme otro blog y olvidarme de este, ya que al fin y al cabo en su momento le cogí bastante cariño e invertí bastante tiempo en él. Además, se me ocurrió leer algunas de las entradas... Y sí, definitivamente lo echo de menos.
Así que me dije que sería una tontería empezar de cero, que simplemente podía volver. Cambiar las cortinas, los muebles y darle un poco de luz a la cosa, que hace bastante que los fondos oscuros dejaron de convencerme demasiado. No ha hecho falta mucho más para que volviera a ser un sitio habitable.
Además, me gusta el nombre. Me gusta mucho. Y más ahora, que con todo el tema de la serie, y los actores, y que si graban, que si queremos imágenes, que si no puedo evitar descojonarme cada vez que me imagino la escenita de Robb y Joff y las espaditas de madera y niñateríos varios viendo lo mayorcico (no es que me vaya a quejar, aunque siga teniendo cara de panoli, el pobre muchacho) que nos han puesto a Robb... en fin, que vuelvo un poco a mi época más cancionera.
No me voy a enrollar ya más por hoy; se suponía que esto era una entrada cortita, saludar e irme (pero tengo la mala costumbre de enrollarme cual persiana). Así que esto es todo por hoy. Mañana, más.
Solo espero que me dé por volver a ser un poquito constante, que no me gusta dejar estas cosas tiradas y abandonadas. Aunque luego me encante volver.
¡Saludos!
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Mostrando entradas con la etiqueta En mi cabecita. Mostrar todas las entradas
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10 nov 2009
24 may 2008
Y ya no tienen nada...
Hace mucho que no actualizo, y me da rabia. Es simplemente que últimamente no sé muy bien qué escribir. O al menos, no sé qué escribir hasta que me planto delante del teclado y empiezo a juntar palabras sin pensarlas. El escribir por escribir, lo primero que se me pase por la cabeza, sin pensarlo, está convirtiéndose en mi forma de desahogarme. No, más bien al contrario. Se está convirtiendo en mi forma de quedarme intranquila. Y busco la intranquilidad que me dé el impulso para escribir.
Porque entonces, solo mientras escribo estoy tranquila. Y la sensación desaparece al poner el punto final.
De mayor quiero ser bohemia...
Y ya no tienen nada.
Porque hace tiempo que buscan sin buscar. Posan sus ojos en el primer obstáculo, en la primera sombra, y se dicen que aparecerá. Se lo dicen por pura costumbre, porque han perdido todo, porque ya no encuentran nada.
Giran la cabeza en el primer banco, tras el árbol de siempre. Una vez dejaron allí cuanto tenían. Y ya no tienen nada, se lo llevó el viento, o el mar, o el susurro de las hojas, o un simple soplido de desesperanza.
Perdieron las promesas, los sueños y el porqué. Perdieron la ambición, la lucha, los días. Y el tiempo pasa y ya no tienen nada. Lo dejaron atrás, cubierto con un vestido blanco. Puntillas azules. Nada. Solo el viento, un susurro a sus espaldas.
Ella se gira y busca, busca sin buscar y sin saber; sin esperar encontrar. Él no se gira. Hace tiempo que solo mira al frente y se mueve como un autómata. Hace tiempo que arrancó aquello que dolía, aquello que lo ataba a una sonrisa desgarrada. A un pasado feliz que destrozaba sus entrañas.
Sus manos se buscan. Se buscan sin buscarse. Y se encuentran. Se encuentran por pura costumbre, porque ya no queda nada. Los une una razón irracional, un buscar por buscar, sin esperar encontrar. Porque ya no encuentran. Y lo saben. Saben que las agujas del reloj no perdonan, que las lágrimas secas no son buenas compañeras de viaje.
Ya no hablan. Ya no escuchan. Las palabras sin sentido se cruzan, ignorantes. Pero hace falta un sonido, un ruido de fondo. Un ronroneo intranquilo que acalle el silencio. Ya no escuchan la risa de Sara. Y su ausencia se comió sus palabras.
Y buscan, buscan en el fondo de los ojos del otro. Una promesa. Un destino. Un algo y la nada. Buscan por rutina, por seguir igual, por no enfrentarse a saber que ya no buscan.
Detrás del banco un año más. Y ella no aparece. Se marchó, se la llevaron, los abandonó sin decir nada. Y con ella se llevó un pedazo de sus almas, el pedazo que los unía. Un lazo. Un lazo que ya no existe, que se ha desvanecido en el aire. Un lazo que arrancó también, al marcharse, las plumas de sus alas. Y ya no vuelan. Y ya no buscan.
Y ya no tienen nada.
¡Saludos!
Porque entonces, solo mientras escribo estoy tranquila. Y la sensación desaparece al poner el punto final.
De mayor quiero ser bohemia...
Y ya no tienen nada.
Porque hace tiempo que buscan sin buscar. Posan sus ojos en el primer obstáculo, en la primera sombra, y se dicen que aparecerá. Se lo dicen por pura costumbre, porque han perdido todo, porque ya no encuentran nada.
Giran la cabeza en el primer banco, tras el árbol de siempre. Una vez dejaron allí cuanto tenían. Y ya no tienen nada, se lo llevó el viento, o el mar, o el susurro de las hojas, o un simple soplido de desesperanza.
Perdieron las promesas, los sueños y el porqué. Perdieron la ambición, la lucha, los días. Y el tiempo pasa y ya no tienen nada. Lo dejaron atrás, cubierto con un vestido blanco. Puntillas azules. Nada. Solo el viento, un susurro a sus espaldas.
Ella se gira y busca, busca sin buscar y sin saber; sin esperar encontrar. Él no se gira. Hace tiempo que solo mira al frente y se mueve como un autómata. Hace tiempo que arrancó aquello que dolía, aquello que lo ataba a una sonrisa desgarrada. A un pasado feliz que destrozaba sus entrañas.
Sus manos se buscan. Se buscan sin buscarse. Y se encuentran. Se encuentran por pura costumbre, porque ya no queda nada. Los une una razón irracional, un buscar por buscar, sin esperar encontrar. Porque ya no encuentran. Y lo saben. Saben que las agujas del reloj no perdonan, que las lágrimas secas no son buenas compañeras de viaje.
Ya no hablan. Ya no escuchan. Las palabras sin sentido se cruzan, ignorantes. Pero hace falta un sonido, un ruido de fondo. Un ronroneo intranquilo que acalle el silencio. Ya no escuchan la risa de Sara. Y su ausencia se comió sus palabras.
Y buscan, buscan en el fondo de los ojos del otro. Una promesa. Un destino. Un algo y la nada. Buscan por rutina, por seguir igual, por no enfrentarse a saber que ya no buscan.
Detrás del banco un año más. Y ella no aparece. Se marchó, se la llevaron, los abandonó sin decir nada. Y con ella se llevó un pedazo de sus almas, el pedazo que los unía. Un lazo. Un lazo que ya no existe, que se ha desvanecido en el aire. Un lazo que arrancó también, al marcharse, las plumas de sus alas. Y ya no vuelan. Y ya no buscan.
Y ya no tienen nada.
¡Saludos!
8 may 2008
Nadar en un vaso de agua
Estamos demasiado acostumbrados a ahogarnos en un vaso de agua. Lo hacemos constantemente, es nuestro día a día, nuestro ahora y nuestro antes y después. Por lo visto, vivimos en vasos de agua que nos ahogan, que nos asfixian, traidores de principio a fin.
Y es que, ¿qué no es, a estas alturas, un vaso de agua en el que hundirse, sin ser capaz de agarrarse a los bordes? Nada, diría yo. Vemos una hormiga y ya pensamos que viene a aplastarnos. Vemos un perro ciego y sabemos, de alguna manera, que nos mira mal, con cara de querer algo de nosotros.
Y el vaso se hace más grande. Caen en él más gotas de agua que aparecen sin avisar, pequeñas, escondidas, para que solo nos demos cuenta cuando el vaso esté hasta arriba de agua, para que lloremos de desesperación y sean nuestras propias lágrimas, ironías de la vida, las que acaben de llenarlo.
Para que, en definitiva, sean nuestras lamentaciones las que consigan hundirnos, alejarnos de ese aire que ya parece demasiado lejano. Un recuerdo pasado. Y, como dicen las canciones, el pasado nunca vuelve. Adiós, aire, adiós. Un placer haberte conocido.
Por eso, a veces es mejor llenar el vaso. Con agua salada, dulce o agridulce, lo mismo da. Y nadar. Nadar hasta hartarnos, hasta llorar de la risa y desbordarlo del todo.
Si el vaso nos vino lleno, nademos. Si la gente nada en mares de problemas, un vaso, con sus innumerables dificultades a la hora de convertirse en la piscina adecuada, es solo un reto más. Y los retos, si nos lo proponemos, se cumplen. O no, pero no vamos a llenar el vaso porque sí.
Al menos, cuando lleguemos a la otra orilla y el vaso se haya convertido en una miniatura de lo que fue, sabremos que nos divertimos cruzando al otro lado.
Que no nos ahogamos en un vaso de agua.
¡Saludos!
PD: Letrillas un poco inconexas; ponerse delante del teclado y empezar a escribir lo primero que se me pasa por la mente. Hacía mucho que no lo volvía a intentar. Y me gusta, así las cosas son más fáciles que si las pienso una y otra vez. Debería hacerlo más a menudo.
Y es que, ¿qué no es, a estas alturas, un vaso de agua en el que hundirse, sin ser capaz de agarrarse a los bordes? Nada, diría yo. Vemos una hormiga y ya pensamos que viene a aplastarnos. Vemos un perro ciego y sabemos, de alguna manera, que nos mira mal, con cara de querer algo de nosotros.
Y el vaso se hace más grande. Caen en él más gotas de agua que aparecen sin avisar, pequeñas, escondidas, para que solo nos demos cuenta cuando el vaso esté hasta arriba de agua, para que lloremos de desesperación y sean nuestras propias lágrimas, ironías de la vida, las que acaben de llenarlo.
Para que, en definitiva, sean nuestras lamentaciones las que consigan hundirnos, alejarnos de ese aire que ya parece demasiado lejano. Un recuerdo pasado. Y, como dicen las canciones, el pasado nunca vuelve. Adiós, aire, adiós. Un placer haberte conocido.
Por eso, a veces es mejor llenar el vaso. Con agua salada, dulce o agridulce, lo mismo da. Y nadar. Nadar hasta hartarnos, hasta llorar de la risa y desbordarlo del todo.
Si el vaso nos vino lleno, nademos. Si la gente nada en mares de problemas, un vaso, con sus innumerables dificultades a la hora de convertirse en la piscina adecuada, es solo un reto más. Y los retos, si nos lo proponemos, se cumplen. O no, pero no vamos a llenar el vaso porque sí.
Al menos, cuando lleguemos a la otra orilla y el vaso se haya convertido en una miniatura de lo que fue, sabremos que nos divertimos cruzando al otro lado.
Que no nos ahogamos en un vaso de agua.
¡Saludos!
PD: Letrillas un poco inconexas; ponerse delante del teclado y empezar a escribir lo primero que se me pasa por la mente. Hacía mucho que no lo volvía a intentar. Y me gusta, así las cosas son más fáciles que si las pienso una y otra vez. Debería hacerlo más a menudo.
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En mi cabecita,
Reflexiones
4 may 2008
Esperar
No sé por qué, pero últimamente me paso el tiempo esperando que pase algo. Voy andando por la calle y voy pensando en encontrarme con alguien, quiero encontrarme con alguien, con quien sea. O, estando en clase, espero que surja alguna conversación interesante que no vendría a cuento en ninguna situación normal. O espero una carta. O llego a casa y espero que en mi cuarto haya cambiado algo.
Necesito que haya cambiado algo.
A veces, y supongo que tiene que ver el sol de abril-mayo, necesito pensar que va a pasar algo. Bueno, realmente, lo pienso siempre, independientemente del momento que sea. Pero hay épocas en las que es exagerada esta necesidad. El tiempo en sí, los días, la rutina, no me sirven de nada. No me sirven de nada si no pasa nada que se mueva fuera de ellos. Y, si normalmente eso es algo que tengo en cuenta y en lo que pienso, estas últimas semanas es esto lo que prácticamente ha ocupado mis pensamientos al completo. ¿Por qué? Realmente, ni yo misma lo sé. Solo sé que quiero que pase algo.
Y la cosa es que, a veces, casi pasa algo. Me da esa sensación, al menos. Pero se queda ahí. Pienso que un minuto más, o un paso más, o una página más, habrían bastado para que encontrase un cambio en el hoy. O en el ayer o el mañana, quién sabe.
Es una sensación agobiante. El estar esperando que ocurra algo, en tensión las veinticuatro horas del día, es algo que en parte te impide estar a lo que estás. O estar a otras cosas a las que podrías estar. Y, a pesar de todo, es una sensación que no me disgusta. Esa tensión al menos me dice que, aunque a lo mejor no ocurra nada, siempre es posible que haya algún cambio en algo. Y espero. O intento cambiar algo yo misma. Mientras espero.
En fin, supongo que no se entiende la mitad de lo que quiero decir, pero esa es también una de las consecuencias de esta situación. Quiero decir tantas cosas, tengo tantos proyectos en mente, tantas ideas, que cualquier forma de llevarlas a cabo me parece imperfecta, incompleta. Torpe. Escribo páginas y páginas de relatos que acaban en la papelera. Hago planes que podrían ser interesantes y que acaban en un rincón, apartados porque no se me ocurre cómo leches puedo llevarlos a cabo.
Pero pasará. Siempre pasa. Y entonces podré encontrar, quizá, un cambio interesante.
¡Saludos!
Necesito que haya cambiado algo.
A veces, y supongo que tiene que ver el sol de abril-mayo, necesito pensar que va a pasar algo. Bueno, realmente, lo pienso siempre, independientemente del momento que sea. Pero hay épocas en las que es exagerada esta necesidad. El tiempo en sí, los días, la rutina, no me sirven de nada. No me sirven de nada si no pasa nada que se mueva fuera de ellos. Y, si normalmente eso es algo que tengo en cuenta y en lo que pienso, estas últimas semanas es esto lo que prácticamente ha ocupado mis pensamientos al completo. ¿Por qué? Realmente, ni yo misma lo sé. Solo sé que quiero que pase algo.
Y la cosa es que, a veces, casi pasa algo. Me da esa sensación, al menos. Pero se queda ahí. Pienso que un minuto más, o un paso más, o una página más, habrían bastado para que encontrase un cambio en el hoy. O en el ayer o el mañana, quién sabe.
Es una sensación agobiante. El estar esperando que ocurra algo, en tensión las veinticuatro horas del día, es algo que en parte te impide estar a lo que estás. O estar a otras cosas a las que podrías estar. Y, a pesar de todo, es una sensación que no me disgusta. Esa tensión al menos me dice que, aunque a lo mejor no ocurra nada, siempre es posible que haya algún cambio en algo. Y espero. O intento cambiar algo yo misma. Mientras espero.
En fin, supongo que no se entiende la mitad de lo que quiero decir, pero esa es también una de las consecuencias de esta situación. Quiero decir tantas cosas, tengo tantos proyectos en mente, tantas ideas, que cualquier forma de llevarlas a cabo me parece imperfecta, incompleta. Torpe. Escribo páginas y páginas de relatos que acaban en la papelera. Hago planes que podrían ser interesantes y que acaban en un rincón, apartados porque no se me ocurre cómo leches puedo llevarlos a cabo.
Pero pasará. Siempre pasa. Y entonces podré encontrar, quizá, un cambio interesante.
¡Saludos!
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En mi cabecita,
Estados de ánimo
22 abr 2008
Pequeñas chorradillas
Y es que soy de las que piensan que son las pequeñas tonterías las que hacen que seas tú y no otro. Son las pequeñas tonterías que hacemos sin darnos cuenta, nuestros "actos reflejos" del día a día los que nos convierten en lo que somos. Lo importante, por decirlo de otra manera.
Es posible que haya miles de personas que piensen como tú en algunas cosas (evidentemente, no en todas... o eso espero). Es posible que solo dos, o acaso una. Es posible que mil personas sean una especie de clon tuyo en ese sentido. Pero, por encima de todo esto, están los pequeños detalles, los pequeños detallitos que te diferencian del otro, del de aquí y del de allá. Así, de todos en general y de cualquiera en particular.
No recuerdo con quién lo estuve comentando el otro día. No, ni puñetera idea, curioso. Nada más que me queda la conversación. Es algo que no me suele pasar, aunque sitúo la conversación más o menos cerca de mi casa. Sería con mi madre, tal vez.
Y eso me lleva a pensar cuáles son esos detallitos en mí. No todos, por supuesto. Sería imposible juntarlos todos aquí. Me quedo entonces con diez. No con los más importantes. No con los más mejores, sino simplemente con los primeros que me vengan a la cabeza. He dicho.
¡Saludos!
Es posible que haya miles de personas que piensen como tú en algunas cosas (evidentemente, no en todas... o eso espero). Es posible que solo dos, o acaso una. Es posible que mil personas sean una especie de clon tuyo en ese sentido. Pero, por encima de todo esto, están los pequeños detalles, los pequeños detallitos que te diferencian del otro, del de aquí y del de allá. Así, de todos en general y de cualquiera en particular.
No recuerdo con quién lo estuve comentando el otro día. No, ni puñetera idea, curioso. Nada más que me queda la conversación. Es algo que no me suele pasar, aunque sitúo la conversación más o menos cerca de mi casa. Sería con mi madre, tal vez.
Y eso me lleva a pensar cuáles son esos detallitos en mí. No todos, por supuesto. Sería imposible juntarlos todos aquí. Me quedo entonces con diez. No con los más importantes. No con los más mejores, sino simplemente con los primeros que me vengan a la cabeza. He dicho.
- Tarareo/canto canciones mientras calculo. Me sale solo, no puedo evitarlo. Supongo que tiene que ver con que haga los deberes con la música puesta y cantando, por supuesto. El caso es que mis exámenes de mates (a veces también de economía) tienen banda sonora. Intento no cantar en voz alta y normalmente solo me escucho yo (si acaso, alguno por los alrededores, pero no molesto, eh). Y en la banda sonora entra de todo... desde los Beatles hasta Black Sabbath, pasando por Belle & Sebastian, The Velvet Underground, The Dresden Dolls, Sonata Arctica, Mecano o lo que se tercie.
- Cuando estoy viendo una película en el salón, necesito tener el mando en la mano (y el caso es que no importa que sea o no el de la tele... a veces tengo el del aparato de música xD) y girarlo continuamente. En mi casa les pone de los nervios. No sé por qué será.
- Estudio lanzando una pelotita contra la pared. También lo hago cuando leo, o cuando escucho música tumbada en la cama. La mitad del tiempo, la pelota acaba debajo de la cama, con lo que tengo que hacer maniobras extrañas para sacarla. Así estudio yo... Para que luego digan xD.
- Tengo la manía de tachar los días en los calendarios. Sí, LOS. En mi cuarto hay tres, y tacho los días en todos, en cada uno con un color distinto. Y la verdad es que es una tontería... luego, de todos modos, nunca sé qué día es xD.
- Estoy obsesionada con las horas, con el tiempo. Tengo que saber en todo momento qué hora es. En mi casa me paso medio día mirando el reloj (aunque ni siquiera estoy demasiado segura de con qué finalidad) y en clase pregunto la hora cada poco. Y ahí está la gracia, no tengo reloj de pulsera xD. No me gustan, y además, siempre se me acaban parando antes de una semana.
- Cada vez que se me cae algo al suelo, o a la mesa, o a cualquier sitio, suelto "¡Puta!" con toda la alegría del mundo. Se pueden contar con los dedos de una mano las veces que no lo he hecho últimamente. Me sale solo. Y es bastante poco oportuno cuando tu madre lleva una temporada larga dándole el coñazo a tu hermano con que no hable como si acabara de salir de una película de carretera.
- Cada vez que Ana (a.k.a. Ryuu) llega por las mañanas y saluda diciendo "Ohayo" le tengo que contestar "Massachusetts". ¿Por qué? Pues simplemente porque, cosas inexplicables de la vida, asocio Ohio con Massachussets (no, no sé por qué). Y creo que no hace falta comentar la tonta relación entre "Ohayo" y "Ohio" LOL.
- Si entro en una librería, tengo que comprar un libro. Si no compro un libro significa que el Apocalipsis está cerca. Luego, claro, ando siempre pobre y pidiendo préstamos a diestro y siniestro.
- Soy una maniática de los libros. Son mis tesoros, y los cuido como si me fuera la vida en ello. Sufro cada vez que alguien dobla una esquina, subraya algo, mancha de café (o similares) las páginas, los deja tirados de mala manera por cualquier sitio... Con razón dejo libros a tan poca gente. Ahora, si sé que los cuidarán, no tengo ningún problema en dejarlos, conste.
- Cuando estoy viendo series americanas (o inglesas, pero veo más series americanas) pienso en inglés. No sé por qué, pero si estoy escuchando algo en inglés, paso automáticamente a pensar en inglés. Igual que en español, vamos. El caso es que a veces me da por comentar chorradillas a mis hermanos (que suelen estar en el ordenador de al lado enganchados a algún juego) y claro... las comento en inglés. Luego ya reacciono (menos de un par de segundos, eh) y lo digo en español. Pero es que me resulta curioso lo del paso de un idioma al otro.
¡Saludos!
24 mar 2008
La muerte de la lucecita azul
La muñequita de cabellos dorados miraba a su alrededor sin creer lo que sucedía. Hacía tiempo que todos habían empezado a dejar de hablar. Primero había sido el perro del pañuelo rojo, que antes saltaba como un loco en cuanto la luz de la luna hacía su aparición estelar. Después, apenas unos días más tarde, el pato color canela había enmudecido. A él le siguieron varios osos de colores claros y pelo sedoso. Y, poco a poco, el pequeño sofá donde vivían felices fue convirtiéndose en un lugar silencioso, sin vida. Los que aún no se habían convertido en pequeñas estatuas (ni siquiera eso, pues la muñequita de cabellos dorados había tenido interesantes conversaciones sobre el sentido de la vida con la estatua de un gran pájaro, cuando aún la dejaban salir a tomar el té), tenían miedo de abrir la boca. Tenían miedo de que el hechizo se acabase y no volvieran a ser capaces de pronunciar una sola palabra más. Poco a poco, el polvo los había ido cubriendo también. Un polvo aburrido y que no hablaba, que no les contaba secretos de un mundo lejano.
Las hadas habían dejado de traerles noticias. De hecho, hacía mucho que no sabían qué había ocurrido con ellas. Un día, la lucecita azul que producían, y que iluminaba la habitación oscura y tranquila desde el rincón en el que se encontraba su pequeño refugio, había dejado de brillar. Fue entonces cuando todo el mundo empezó a callar. La muñequita de cabellos dorados se había dado cuenta ahora. ¿Dónde estaban las hadas? ¿Por qué los habrían abandonado?
Intentó abrir la boca para explicárselo a la juguetona gata blanca que tenía a su lado. Pero no pudo. Lo intentó y lo intentó, pero sus labios se negaban a moverse. Ella tampoco podía hablar. Un fuerte dolor la recorrió cuando fue consciente de que ella misma se había convertido en una sombra de lo que antes era. Y una lágrima solitaria (posiblemente la última) recorrió una blanca mejilla de porcelana.
¿Cuándo volverían las hadas?
...Y todo eso para explicar que la lucecita azul de mi aparato de música ha muerto. Supongo que caería en la batalla con la tormenta del otro día, que, por cierto, me mantuvo en pie desde bien tempranito.
Me gustaba esa luz. De hecho, no solo eso, sino que hasta era bastante útil. Ahora tengo que tener un post-it en la puerta para acordarme de apagar el aparato de música cuando salgo por las mañanas de casa (antes se acababa la música y se quedaba la luz... ahora ya no hay lucecita para avisarme de que no he apagado el dichoso monstruito antes xD)...
En fin, a ver si vuelven las hadas. Si no, no será solo Darla, la adorable muñequita de cabellos dorados de mi Ejército Infernal, la que las eche de menos.
PD: Qué mal sientan las clases después de una semanita (muy corta) de vacaciones...
¡Saludos!
Las hadas habían dejado de traerles noticias. De hecho, hacía mucho que no sabían qué había ocurrido con ellas. Un día, la lucecita azul que producían, y que iluminaba la habitación oscura y tranquila desde el rincón en el que se encontraba su pequeño refugio, había dejado de brillar. Fue entonces cuando todo el mundo empezó a callar. La muñequita de cabellos dorados se había dado cuenta ahora. ¿Dónde estaban las hadas? ¿Por qué los habrían abandonado?
Intentó abrir la boca para explicárselo a la juguetona gata blanca que tenía a su lado. Pero no pudo. Lo intentó y lo intentó, pero sus labios se negaban a moverse. Ella tampoco podía hablar. Un fuerte dolor la recorrió cuando fue consciente de que ella misma se había convertido en una sombra de lo que antes era. Y una lágrima solitaria (posiblemente la última) recorrió una blanca mejilla de porcelana.
¿Cuándo volverían las hadas?
...Y todo eso para explicar que la lucecita azul de mi aparato de música ha muerto. Supongo que caería en la batalla con la tormenta del otro día, que, por cierto, me mantuvo en pie desde bien tempranito.
Me gustaba esa luz. De hecho, no solo eso, sino que hasta era bastante útil. Ahora tengo que tener un post-it en la puerta para acordarme de apagar el aparato de música cuando salgo por las mañanas de casa (antes se acababa la música y se quedaba la luz... ahora ya no hay lucecita para avisarme de que no he apagado el dichoso monstruito antes xD)...
En fin, a ver si vuelven las hadas. Si no, no será solo Darla, la adorable muñequita de cabellos dorados de mi Ejército Infernal, la que las eche de menos.
PD: Qué mal sientan las clases después de una semanita (muy corta) de vacaciones...
¡Saludos!
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Momentos
25 ene 2008
El ataque de las pajaritas asesinas
Ya era hora de poner una entrada alegre y surrealista de las mías. Surrealista es un rato, eso os lo aseguro, y lo de alegre... pues también, porque ha sido bastante descojonante la situación xD. Y, aunque no lo sea, siempre será más alegre que la entrada anterior. Aún sigo intentando asimilarlo, la verdad. Y no diré más, que me apetece contar esto, y seguir de buen humor y con ánimos todo el fin de semana.
Pero bueno, la cosa es que hoy, a última hora nos han puesto a hacer... ¡pajaritas de papel! Me explico, eso no es tan raro. Todos los años se organiza algo para el día de la paz, y este año por lo visto tiene que ver con un montón de pajaritas. Al menos, lo de hacer pajaritas mola :P.
Y además, pasan las cosas que pasan.
Para empezar, está el surrealismo de cómo es posible que cueste tanto aprender a hacerlas. Pero bueno, ¿tan manazas soy? Porque me ha costado un poquito, eh. Pero tampoco tanto, que los hay que han tardado más y además les han salido pajaritas mutantes. Las mías al menos iban casi perfectas cuando salían xD.
El caso es que después de emplear la mayor parte de la clase en aprender a hacer pajaritas, había que hacer un montón de ellas, en plan chinos en el garaje. Y claro, ahí que nos hemos entretenido, cortando papel, doblando papel, dejándose las uñas (no, esa parte no era indispensable, pero ya digo que yo a veces soy un poco torpe XD)... Hasta que ya había unas cuantas.
Y, ha sido precisamente entonces cuando me he dado cuenta de que algo iba muy mal. ¡Estábamos rodeados de pajaritas! Sí, sí... rodeados de bichos infernales y nadie se había empezado a preocupar. Y ahí ha surgido la idea...
¿Qué pasaría si de repente ese montón de pajaritas decidiese atacarnos a nosotros, sus creadores? Al fin y al cabo, no las tratábamos especialmente bien (las mías estaban aplastadas debajo de la agenda xD), y nadie había inventado todavía las tres leyes de la pajarítica (no, no hay que ser muy friki para pillar esa parte... solo hay que leer a Asimov xD). Así que le he comentado el asunto a mi compañera de mesa (la otra creo que estaba alucinando un poco xD)... y me he ido dando cuenta cada vez más de lo que podría ocurrir... ¿Os imagináis el ataque de las pajaritas asesinas? Un día cualquiera, seres humanos indefensos se dirigen a sus puestos de trabajo. Caminan. No piensan en nada en concreto. Horas por delante. Nada más. Las nubes cubren el cielo, escondiendo al vergonzoso sol de miradas curiosas. Un curioso, sin embargo, decide probar suerte y alzar la vista al cielo. Cuál no sería su sorpresa cuando sus ojos se topan con un centenar de diminutas criaturas blancas. Cuerpos blancos de rectas líneas lo miran con malicia desde su lisa superficie sin ojos. Y se multiplican. Poco a poco van apareciendo algunos más. Más curiosos miran hacia arriba, preguntándose por qué las nubes han decidido bajar al suelo. Y no son nubes lo que se encuentran. No. Es un ejército de malvados bichejos asesinos que preparan su ataque. Un ejército de millones de criaturas que asustan al sol. Ahora, curiosos y no tan curiosos miran asustados hacia el futuro inmediato.
Y millones de pajaritas de papel comienzan a caer en picado. Gritos. Dolor. Sangre. Y el mundo fue suyo.
Pues eso. Básicamente eso es lo que pasaba por mi cabeza cuando doblaba papelitos. Y claro, cuando tienes eso en la cabeza, lo menos que puedes hacer es andarte con pies de plomo en todo momento. Pero no, no todo el mundo estaba en contra de este cruel ataque...
Y es que María había decidido ponerle nombre a una de sus pajaritas. "¡Insensata!", le dije. Una pajarita llamada Paquita era lo último que queríamos. ¿Acaso hace falta algo más que una pequeña diferencia entre miles de iguales para que estalle la revolución? Miedo. Terror.
Ahora, nuestro mundo está condenado.
Mirad al cielo. Vigilad. Y, si un día una simpática pajarita aparece frente a vuestros ojos, gritad. Probablemente sea el principio de un gran ataque. Probablemente solo nos quedará una oportunidad, tal vez ni eso. Y solo podremos conseguirlo si atacamos nosotros antes.
PD: No, a mí no se me va la olla XD.
PD2: Sí, leer demasiada CF y pasearse demasiado por internet es malo.
PD3: Qué leches, ¿y lo que me he reído? xDDD
¡Saludos!
Pero bueno, la cosa es que hoy, a última hora nos han puesto a hacer... ¡pajaritas de papel! Me explico, eso no es tan raro. Todos los años se organiza algo para el día de la paz, y este año por lo visto tiene que ver con un montón de pajaritas. Al menos, lo de hacer pajaritas mola :P.
Y además, pasan las cosas que pasan.
Para empezar, está el surrealismo de cómo es posible que cueste tanto aprender a hacerlas. Pero bueno, ¿tan manazas soy? Porque me ha costado un poquito, eh. Pero tampoco tanto, que los hay que han tardado más y además les han salido pajaritas mutantes. Las mías al menos iban casi perfectas cuando salían xD.
El caso es que después de emplear la mayor parte de la clase en aprender a hacer pajaritas, había que hacer un montón de ellas, en plan chinos en el garaje. Y claro, ahí que nos hemos entretenido, cortando papel, doblando papel, dejándose las uñas (no, esa parte no era indispensable, pero ya digo que yo a veces soy un poco torpe XD)... Hasta que ya había unas cuantas.
Y, ha sido precisamente entonces cuando me he dado cuenta de que algo iba muy mal. ¡Estábamos rodeados de pajaritas! Sí, sí... rodeados de bichos infernales y nadie se había empezado a preocupar. Y ahí ha surgido la idea...
¿Qué pasaría si de repente ese montón de pajaritas decidiese atacarnos a nosotros, sus creadores? Al fin y al cabo, no las tratábamos especialmente bien (las mías estaban aplastadas debajo de la agenda xD), y nadie había inventado todavía las tres leyes de la pajarítica (no, no hay que ser muy friki para pillar esa parte... solo hay que leer a Asimov xD). Así que le he comentado el asunto a mi compañera de mesa (la otra creo que estaba alucinando un poco xD)... y me he ido dando cuenta cada vez más de lo que podría ocurrir... ¿Os imagináis el ataque de las pajaritas asesinas? Un día cualquiera, seres humanos indefensos se dirigen a sus puestos de trabajo. Caminan. No piensan en nada en concreto. Horas por delante. Nada más. Las nubes cubren el cielo, escondiendo al vergonzoso sol de miradas curiosas. Un curioso, sin embargo, decide probar suerte y alzar la vista al cielo. Cuál no sería su sorpresa cuando sus ojos se topan con un centenar de diminutas criaturas blancas. Cuerpos blancos de rectas líneas lo miran con malicia desde su lisa superficie sin ojos. Y se multiplican. Poco a poco van apareciendo algunos más. Más curiosos miran hacia arriba, preguntándose por qué las nubes han decidido bajar al suelo. Y no son nubes lo que se encuentran. No. Es un ejército de malvados bichejos asesinos que preparan su ataque. Un ejército de millones de criaturas que asustan al sol. Ahora, curiosos y no tan curiosos miran asustados hacia el futuro inmediato.
Y millones de pajaritas de papel comienzan a caer en picado. Gritos. Dolor. Sangre. Y el mundo fue suyo.
Pues eso. Básicamente eso es lo que pasaba por mi cabeza cuando doblaba papelitos. Y claro, cuando tienes eso en la cabeza, lo menos que puedes hacer es andarte con pies de plomo en todo momento. Pero no, no todo el mundo estaba en contra de este cruel ataque...
Y es que María había decidido ponerle nombre a una de sus pajaritas. "¡Insensata!", le dije. Una pajarita llamada Paquita era lo último que queríamos. ¿Acaso hace falta algo más que una pequeña diferencia entre miles de iguales para que estalle la revolución? Miedo. Terror.
Ahora, nuestro mundo está condenado.
Mirad al cielo. Vigilad. Y, si un día una simpática pajarita aparece frente a vuestros ojos, gritad. Probablemente sea el principio de un gran ataque. Probablemente solo nos quedará una oportunidad, tal vez ni eso. Y solo podremos conseguirlo si atacamos nosotros antes.
PD: No, a mí no se me va la olla XD.
PD2: Sí, leer demasiada CF y pasearse demasiado por internet es malo.
PD3: Qué leches, ¿y lo que me he reído? xDDD
¡Saludos!
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19 ene 2008
Y ya hace un año...
Pues sí. Ya hace un año que empecé con este pequeño blog. Parece mentira, teniendo en cuenta mi constancia habitual. De hecho, nadie esperaba que ganase la apuesta tonta y estúpida que me llevó a empezar esto. Y mira, al final me gané el dinero para otro libro que no cabrá en mi estantería.
El caso es que no parece que haya pasado un año, como se dice siempre. Parece tópico, y típico y todo lo que se quiera, pero realmente me parece que estos dos últimos años (metamos, por tanto, el último en el conjunto) han pasado demasiado rápido. Demasiadas cosas en poco tiempo.
A veces, me da por leer alguna de las entradas que escribí hace bastante tiempo. Y entonces me doy cuenta de que cosas que me pasaron hace meses pudieron haberme pasado la semana pasada.
Es curioso, pero parece que el tiempo no pasa. Y sin embargo pasa.
Sin ir más lejos, en menos de un mes cumplo los 18. Y yo sigo estancada en los 16 XD. Y el curso avanza, y a lo tonto se acumulan las cosas y selectividad está a la vuelta de la esquina, cuando parecía estar tan lejos en septiembre. Y eso es solo el horizonte visible. Después, a saber.
Lo que sí sé es que espero seguir escribiendo al menos hasta que decida lo contrario XD. Y de momento no me he aburrido. Y espero no aburrirme en bastante tiempo.
Escriré más o menos, como hasta ahora. Pero lo seguiré haciendo.
Y seguiré poniendo las postdatas antes que los saludos XD.
PD: He encontrado (por fin) los dos siguientes relatos de las Letras Cruzadas, que andaban tirados entre los apuntes. Ahora solo tengo que encontrar el tiempo para pasarlos. Los siguientes tendrán que esperar para escribirse, de todos modos, que tengo varios relatos pendientes.
PD2: Madre... he tardado hora y media en organizar temas y apuntes. Vaya surrealismo de fichero.
PD3:...Y ahora queda estudiar. O al menos, estudiar varios kilos de apuntes antes del 31. Nah, hay tiempo.
PD4: Ayer... empate técnico :lol:.
¡Saludos!
El caso es que no parece que haya pasado un año, como se dice siempre. Parece tópico, y típico y todo lo que se quiera, pero realmente me parece que estos dos últimos años (metamos, por tanto, el último en el conjunto) han pasado demasiado rápido. Demasiadas cosas en poco tiempo.
A veces, me da por leer alguna de las entradas que escribí hace bastante tiempo. Y entonces me doy cuenta de que cosas que me pasaron hace meses pudieron haberme pasado la semana pasada.
Es curioso, pero parece que el tiempo no pasa. Y sin embargo pasa.
Sin ir más lejos, en menos de un mes cumplo los 18. Y yo sigo estancada en los 16 XD. Y el curso avanza, y a lo tonto se acumulan las cosas y selectividad está a la vuelta de la esquina, cuando parecía estar tan lejos en septiembre. Y eso es solo el horizonte visible. Después, a saber.
Lo que sí sé es que espero seguir escribiendo al menos hasta que decida lo contrario XD. Y de momento no me he aburrido. Y espero no aburrirme en bastante tiempo.
Escriré más o menos, como hasta ahora. Pero lo seguiré haciendo.
Y seguiré poniendo las postdatas antes que los saludos XD.
PD: He encontrado (por fin) los dos siguientes relatos de las Letras Cruzadas, que andaban tirados entre los apuntes. Ahora solo tengo que encontrar el tiempo para pasarlos. Los siguientes tendrán que esperar para escribirse, de todos modos, que tengo varios relatos pendientes.
PD2: Madre... he tardado hora y media en organizar temas y apuntes. Vaya surrealismo de fichero.
PD3:...Y ahora queda estudiar. O al menos, estudiar varios kilos de apuntes antes del 31. Nah, hay tiempo.
PD4: Ayer... empate técnico :lol:.
¡Saludos!
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12 nov 2007
Harta
Hoy me toca a mí quejarme. No os preocupéis, no va a ir más allá de estas líneas, pero necesito quejarme de esas pequeñas (o no tan pequeñas) chorradas del día a día. Necesito gritar, o algo parecido. Porque si no de verdad que me va a dar algo. Tengo tantas cosas que decir, a todo el mundo, que ya me estoy imaginando cierta escenita peliculera... pero nada, lo que tenga que decir, lo diré cuando tenga que ser. Hasta entonces, aprovecho unas pocas líneas mal utilizadas para gritarle al vacío lo que me molesta un poquito cada día.
Y es que estoy harta de ver cómo el tiempo desaparece como arena entre los dedos. Solo quiero unos minutos, tan solo unos pocos, para mantener una conversación completa. Tengo tantas cosas que decir, todas juntas, que los cinco minutos sumados a otros diez no son suficientes para no dejar la conversación a medias. Así, las cosas se acumulan, y poco a poco, sin casi darme cuenta, van cayendo en el olvido. Tal vez así desaparezca lo que no era importante... pero es que a veces apetece hablar de tonterías. Pues son las pequeñas tonterías lo que hacen un día diferente al anterior y al siguiente.
Estoy harta de tener siempre (SIEMPRE, cada día de la semana) deberes de latín y/o filosofía. Mis tardes tienen poco tiempo, menos que las de los demás, aún no me explico por qué. Si a eso le unimos que todos y cada uno de los días de la semana encontramos alguna traducción, o en las menos de las ocasiones, algún pequeño comentario, apaga y vámonos. Luego no puedo acabar conversaciones, claro.
Estoy harta de gente que se queja por quejarse, una y otra vez sobre lo mismo, y no trata de buscar la solución en su propia persona, sino en los demás. ¿Es que acaso es tan difícil ver que si siempre falla lo mismo, con quien sea, es posible que el problema sea tuyo y no de un mundo que está casualmente en tu contra? Hay veces que me callo estas cosas porque no merece la pena seguir hablando, porque realmente no soy quién para decir nada. Pero si me tocase más de cerca este pequeño caso concreto, tengo claro que no me lo habría callado. Soluciones hay, y muchas, pero si no quiere encontrarlas quien debería, su problema es, no el mío. Por eso, no quiero seguir escuchando quejas inútiles a las que ninguna solución se plantea. Que se aplique el cuento quien crea oportuno.
Estoy harta de ser tan escéptica. Estoy harta de ser tan condenadamente crédula. ¿Es que se olvidaron de incluirme esa pequeña pieza llamada término medio cuando me mandaron de fábrica? A veces me da esa sensación, la verdad.
Estoy harta de preocuparme por una apariencia que yo nunca juzgo. Estoy harta de tener que medir mis actuaciones más medidas, de tener que obligarme a mantenerme dentro de lo que se espera de mí, aunque a veces también esté harta de mantenerme bien apartada de esa maldita línea de tiza.
Estoy harta de tener mil relatos a medias, de ser incapaz de continuar uno hasta el final. Estoy harta de tener un millón de ideas aparcadas en dos millones de baúles escondidos, esperando a ser abiertos uno de estos días que no llegan ahora y nunca llegarán. Quiero escribir por escribir, cerrar los ojos y dejarme llevar, solo eso. Cuando me apetezca, no cuando el reloj me lo permita.
Estoy harta de ser pero no estar, de no querer estar, cuando yo misma lo pido a gritos. Estoy harta de mis ojos. Estoy harta de estar harta de todo, aunque sea solo de vez en cuando. Estoy harta de ver siempre las dos caras a la moneda, de no ser capaz de dejarme llevar por una sola idea al menos de vez en cuando. Quiero hacerlo, quiero no tener que ser siempre tan relativista. A veces me gustaría no serlo, por extraño que le parezca a quien me conozca.
Pero, al menos, yo sé que intentaré cambiar alguna de las cosas de mi pequeña lista de estupideces. ¿De qué sirve si no quejarse? Tal vez lo consiga; tal vez sean esas malditas estupideces las que se rían a causa de mis intentos fallidos de dejarlas atrás. Pero me da igual, porque ya no estaré harta de quedarme quieta, mirando cómo pasa el tiempo jugando conmigo como un niño travieso.
¡Saludos!
Y es que estoy harta de ver cómo el tiempo desaparece como arena entre los dedos. Solo quiero unos minutos, tan solo unos pocos, para mantener una conversación completa. Tengo tantas cosas que decir, todas juntas, que los cinco minutos sumados a otros diez no son suficientes para no dejar la conversación a medias. Así, las cosas se acumulan, y poco a poco, sin casi darme cuenta, van cayendo en el olvido. Tal vez así desaparezca lo que no era importante... pero es que a veces apetece hablar de tonterías. Pues son las pequeñas tonterías lo que hacen un día diferente al anterior y al siguiente.
Estoy harta de tener siempre (SIEMPRE, cada día de la semana) deberes de latín y/o filosofía. Mis tardes tienen poco tiempo, menos que las de los demás, aún no me explico por qué. Si a eso le unimos que todos y cada uno de los días de la semana encontramos alguna traducción, o en las menos de las ocasiones, algún pequeño comentario, apaga y vámonos. Luego no puedo acabar conversaciones, claro.
Estoy harta de gente que se queja por quejarse, una y otra vez sobre lo mismo, y no trata de buscar la solución en su propia persona, sino en los demás. ¿Es que acaso es tan difícil ver que si siempre falla lo mismo, con quien sea, es posible que el problema sea tuyo y no de un mundo que está casualmente en tu contra? Hay veces que me callo estas cosas porque no merece la pena seguir hablando, porque realmente no soy quién para decir nada. Pero si me tocase más de cerca este pequeño caso concreto, tengo claro que no me lo habría callado. Soluciones hay, y muchas, pero si no quiere encontrarlas quien debería, su problema es, no el mío. Por eso, no quiero seguir escuchando quejas inútiles a las que ninguna solución se plantea. Que se aplique el cuento quien crea oportuno.
Estoy harta de ser tan escéptica. Estoy harta de ser tan condenadamente crédula. ¿Es que se olvidaron de incluirme esa pequeña pieza llamada término medio cuando me mandaron de fábrica? A veces me da esa sensación, la verdad.
Estoy harta de preocuparme por una apariencia que yo nunca juzgo. Estoy harta de tener que medir mis actuaciones más medidas, de tener que obligarme a mantenerme dentro de lo que se espera de mí, aunque a veces también esté harta de mantenerme bien apartada de esa maldita línea de tiza.
Estoy harta de tener mil relatos a medias, de ser incapaz de continuar uno hasta el final. Estoy harta de tener un millón de ideas aparcadas en dos millones de baúles escondidos, esperando a ser abiertos uno de estos días que no llegan ahora y nunca llegarán. Quiero escribir por escribir, cerrar los ojos y dejarme llevar, solo eso. Cuando me apetezca, no cuando el reloj me lo permita.
Estoy harta de ser pero no estar, de no querer estar, cuando yo misma lo pido a gritos. Estoy harta de mis ojos. Estoy harta de estar harta de todo, aunque sea solo de vez en cuando. Estoy harta de ver siempre las dos caras a la moneda, de no ser capaz de dejarme llevar por una sola idea al menos de vez en cuando. Quiero hacerlo, quiero no tener que ser siempre tan relativista. A veces me gustaría no serlo, por extraño que le parezca a quien me conozca.
Pero, al menos, yo sé que intentaré cambiar alguna de las cosas de mi pequeña lista de estupideces. ¿De qué sirve si no quejarse? Tal vez lo consiga; tal vez sean esas malditas estupideces las que se rían a causa de mis intentos fallidos de dejarlas atrás. Pero me da igual, porque ya no estaré harta de quedarme quieta, mirando cómo pasa el tiempo jugando conmigo como un niño travieso.
¡Saludos!
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27 oct 2007
Mirando atrás
Un día, cuando todo haya pasado, mirarás atrás. Mirarás hacia el lugar donde antes estabas tú y te darás cuenta de que ya no estás. Será el mismo lugar, pero todo será diferente. Las mismas baldosas. Las mismas paredes. Las mismas ventanas. Todo estará como lo dejaste, pero no será ese lugar el que eches de menos. Solo te darás cuenta entonces, cuando hayas estado un rato mirando; porque verás un espacio vacío. Verás tal vez un espacio vacío lleno de pequeños detalles que, aunque hermosos, no te pertenecen, no forman parte del lugar que tú crees recordar. Y entonces, esa mirada, ese lugar que no es el tuyo, pasará a formar parte de ti. Ese lugar se unirá a aquel que una vez ocupaste para hacerle compañía en la pequeña cueva sin fondo en la que guardas cada instante en forma de recuerdos.
Tal vez, algún día, vuelvas a por aquel momento, deseando repetir la sensación de desconocimiento y duda que te llevó a guardarlo. Sabrás que está ahí, haciendo compañía a aquel otro de risas y buenos momentos. Lo verás, incluso, de forma algo difusa, eso sí. Tratarás de rozarlo con los dedos, siempre cerca; nunca lo suficiente. Y volverás a darte cuenta, al tropezar de nuevo con el mismo guijarro de siempre, de que siempre se mantendrá escondido detrás de la vitrina que te mantiene un paso por delante del pasado.
Guardarás una vez más el instante de lucidez en el frasco de lo que llaman recuerdos. Tal vez te preguntes si las cosas habrían sido diferentes de haber podido volver al primer recuerdo. Querrás saber si aquello realmente ocurrió o fue tan solo un sueño. Será el momento de las condicionales. Será el momento en el que te preguntarás si aquel pequeño paso llevaba la trayectoria perfecta, si no se había desviado unos milímetros hacia el espejo de la locura.
Solo entonces te darás cuenta de que no hay más camino en el pasado que el que una vez ya hiciste. Frente a ti se abrirán mil puertas que con el paso del tiempo habrán sido meras ilusiones; un engaño a los ojos cansados del que desea abarcar el mundo en una mirada.
Tal vez sonrías. Tal vez prefieras sumergirte de nuevo en el recuerdo de un ayer cualquiera. No importará, pues conocerás la delgada línea que separa lo real de lo irreal, que convierte a lo primero en lo segundo. Y en eso, precisamente en una delgada línea de color inexistente, residirá el valor de tu día a día.
A veces quiero recordar un momento. Y entonces recuerdo. Recuerdo un gato en Nochebuena, una chimenea vacía, volar en un salto... Recuerdo un sofá, una palabra, una gota de lluvia en la ventanilla del coche... Recuerdo una sonrisa, un grito, al chico de la bufanda... Recuerdo esas escaleras que una vez se llenaron de las risas de aquellas que tenían un mundo en común y hoy son completas desconocidas. Y entonces sonrío. Sonrío porque puedo ver ese pasado sin volver a él.
PD: Y algún día tal vez recuerde haber estado escribiendo esto mientras debía haber estado estudiando u.u'.
PD2: ¡Viva O'Donnell! xDD
PD3: MI O'Donnell ¬¬'...
¡Saludos!
Tal vez, algún día, vuelvas a por aquel momento, deseando repetir la sensación de desconocimiento y duda que te llevó a guardarlo. Sabrás que está ahí, haciendo compañía a aquel otro de risas y buenos momentos. Lo verás, incluso, de forma algo difusa, eso sí. Tratarás de rozarlo con los dedos, siempre cerca; nunca lo suficiente. Y volverás a darte cuenta, al tropezar de nuevo con el mismo guijarro de siempre, de que siempre se mantendrá escondido detrás de la vitrina que te mantiene un paso por delante del pasado.
Guardarás una vez más el instante de lucidez en el frasco de lo que llaman recuerdos. Tal vez te preguntes si las cosas habrían sido diferentes de haber podido volver al primer recuerdo. Querrás saber si aquello realmente ocurrió o fue tan solo un sueño. Será el momento de las condicionales. Será el momento en el que te preguntarás si aquel pequeño paso llevaba la trayectoria perfecta, si no se había desviado unos milímetros hacia el espejo de la locura.
Solo entonces te darás cuenta de que no hay más camino en el pasado que el que una vez ya hiciste. Frente a ti se abrirán mil puertas que con el paso del tiempo habrán sido meras ilusiones; un engaño a los ojos cansados del que desea abarcar el mundo en una mirada.
Tal vez sonrías. Tal vez prefieras sumergirte de nuevo en el recuerdo de un ayer cualquiera. No importará, pues conocerás la delgada línea que separa lo real de lo irreal, que convierte a lo primero en lo segundo. Y en eso, precisamente en una delgada línea de color inexistente, residirá el valor de tu día a día.
A veces quiero recordar un momento. Y entonces recuerdo. Recuerdo un gato en Nochebuena, una chimenea vacía, volar en un salto... Recuerdo un sofá, una palabra, una gota de lluvia en la ventanilla del coche... Recuerdo una sonrisa, un grito, al chico de la bufanda... Recuerdo esas escaleras que una vez se llenaron de las risas de aquellas que tenían un mundo en común y hoy son completas desconocidas. Y entonces sonrío. Sonrío porque puedo ver ese pasado sin volver a él.
PD: Y algún día tal vez recuerde haber estado escribiendo esto mientras debía haber estado estudiando u.u'.
PD2: ¡Viva O'Donnell! xDD
PD3: MI O'Donnell ¬¬'...
¡Saludos!
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21 ago 2007
Etiquetas :P
No sé muy bien a qué viene esto ahora mismo, que llevo varios días desconectada del mundo, así que técnicamente ni estoy enfadada con nadie ni debería estarlo. Pero he estado pensando, y dando vueltas a lo mismo de siempre. Sí, supongo que será eso.
Y es que está claro que el ser humano necesita sentirse parte de un grupo, no sentirse excluido. Hay excepciones, por supuesto. O tal vez no, si nos da por darle la vuelta a las cosas y acabar armando un lío (quienes dicen no pertenecer a ningún grupo y se sienten orgullosos de ello, pertenecerían al grupo de los que "no pertenecen a ningún grupo", que al "no pertenecer a ningún grupo" efectivamente no forman parte de ninguno, lo que los reuniría en un grupo...), pero eso lo dejo para momentos de aburrimiento, que ver la cara de la gente después de unos 10 minutos dando vueltas a lo mismo no tiene precio.
El caso es que el otro día, en uno de mis contactos con el mundo exterior, un amigo mío me estuvo comentando que estaba bastante harto de acabar siempre siendo la víctima del fuego cruzado entre distintos grupos. Me dijo que estaba desesperadito porque no había manera de que ninguno de los dos grupos se diese cuenta de que no tenía razón al criticar al contrario. Y es que ese es el gran problema de ser un "híbrido", un bicho raro que odia las etiquetas (que podría clasificarse en el grupo de los "bichos raros que odian las etiquetas" :P), o cualquier otro ente que pasaba por allí; no que acabes siendo la víctima, no que no pertenezcas en realidad a grupo alguno (¿en serio? :P)... sino que eres consciente de que la diferencia no es tan grande.
Lo cierto es que yo también acabé harta de las etiquetas, puedan o no evitarse. Después de una corta (menos mal) fase en la que no paré de hacer tonterías una detrás de otra, tuve la sensatez de pararme un momento y preguntarme si realmente merecía la pena. Y es que, sí, lo confieso, yo también fui en cierto momento una de esas "frikis-de-pro", mal que me pese. Pero cambié, no sé si para bien o para mal, pero lo cierto es que lo hice. Ahora, esos mismos frikis-de-pro con los que pasé tanto tiempo me consideran persona non grata... y qué se le va a hacer. De todos modos, creo que fue para bien. No sé qué fue lo que me hizo abrir los ojos un poco y darme cuenta de la hipocresía que había a mi alrededor; no puede uno andar quejándose de lo incomprendido que está, de lo que lo desprecia todo el mundo por ser diferente y mientras tanto demostrar su odio hacia todo aquello que no es clavado a uno; no puede uno pretender ser comunista-odia-pijos, y conseguir todo lo que quiere sin esfuerzo, siempre más y mejor que los demás... y podría seguir, pero creo que ya ha quedado claro.
De todos modos, no fue una fase inútil, desde luego. Aprendí algo importante. Aprendí que el ser humano es, a pesar de todo, una persona. Un individuo. Cada persona es un mundo; un mundo que depende de tantas cosas que a menudo no somos capaces de ver el conjunto. Por eso, decir que tal o cual es "pijo", "kinki" o "friki" es simplificar las cosas de una manera bastante estúpida.
Y también aprendí otra cosa: cada grupo no es diferente del otro, por mucho que nos cueste admitirlo.
Supongo que todos pasamos por fases similares, hasta que nos convertimos en lo que somos. Supongo que todo es pasajero. O al menos esa es la conclusión a la que he llegado.
Así que diré lo mismo que ya le dije al pobre muchachito que no era capaz de identificarse con un grupo y se sentía fuera de lugar en todas partes ("pijo" para unos, "friki" para otros... nunca lo que era aceptable en el momento concreto). ¿Por qué ser todos iguales? ¿Por qué ponerse una maldita etiqueta en el cuello que te dé permiso para estar con unos y no con otros? Yo tengo mis aficiones, mi forma de ser; no soy un clon de nadie, o eso creo. Pero eso no impide que no me pueda llevar bien con los demás. Eso no impide que acepte otros puntos de vista. Ese chico tenía miedo de ser rechazado por no ser "aceptable" según ciertas normas sin sentido. Pero, ¿qué sentido tiene ser aceptado en un lugar en el que no te sientes TÚ? Están aceptando a una parte de tí, pero no al conjunto. Y el conjunto es lo que importa; ahí es donde están los contrastes y contradicciones que hacen que no podamos ser tan fáciles de clasificar.
En fin, creo que eso es todo. Puede que sea una tontería, o que no tenga ningún sentido, pero la verdad es que me da igual. Solo intento que algunas personitas abran los ojos. Claro que no siempre resulta... aunque no existan los casos perdidos ^o^.
PD: Boh, clasifíquenme si quieren. Hay quien lo prefiere así... les resulta más fácil.
¡Saludos!
Y es que está claro que el ser humano necesita sentirse parte de un grupo, no sentirse excluido. Hay excepciones, por supuesto. O tal vez no, si nos da por darle la vuelta a las cosas y acabar armando un lío (quienes dicen no pertenecer a ningún grupo y se sienten orgullosos de ello, pertenecerían al grupo de los que "no pertenecen a ningún grupo", que al "no pertenecer a ningún grupo" efectivamente no forman parte de ninguno, lo que los reuniría en un grupo...), pero eso lo dejo para momentos de aburrimiento, que ver la cara de la gente después de unos 10 minutos dando vueltas a lo mismo no tiene precio.
El caso es que el otro día, en uno de mis contactos con el mundo exterior, un amigo mío me estuvo comentando que estaba bastante harto de acabar siempre siendo la víctima del fuego cruzado entre distintos grupos. Me dijo que estaba desesperadito porque no había manera de que ninguno de los dos grupos se diese cuenta de que no tenía razón al criticar al contrario. Y es que ese es el gran problema de ser un "híbrido", un bicho raro que odia las etiquetas (que podría clasificarse en el grupo de los "bichos raros que odian las etiquetas" :P), o cualquier otro ente que pasaba por allí; no que acabes siendo la víctima, no que no pertenezcas en realidad a grupo alguno (¿en serio? :P)... sino que eres consciente de que la diferencia no es tan grande.
Lo cierto es que yo también acabé harta de las etiquetas, puedan o no evitarse. Después de una corta (menos mal) fase en la que no paré de hacer tonterías una detrás de otra, tuve la sensatez de pararme un momento y preguntarme si realmente merecía la pena. Y es que, sí, lo confieso, yo también fui en cierto momento una de esas "frikis-de-pro", mal que me pese. Pero cambié, no sé si para bien o para mal, pero lo cierto es que lo hice. Ahora, esos mismos frikis-de-pro con los que pasé tanto tiempo me consideran persona non grata... y qué se le va a hacer. De todos modos, creo que fue para bien. No sé qué fue lo que me hizo abrir los ojos un poco y darme cuenta de la hipocresía que había a mi alrededor; no puede uno andar quejándose de lo incomprendido que está, de lo que lo desprecia todo el mundo por ser diferente y mientras tanto demostrar su odio hacia todo aquello que no es clavado a uno; no puede uno pretender ser comunista-odia-pijos, y conseguir todo lo que quiere sin esfuerzo, siempre más y mejor que los demás... y podría seguir, pero creo que ya ha quedado claro.
De todos modos, no fue una fase inútil, desde luego. Aprendí algo importante. Aprendí que el ser humano es, a pesar de todo, una persona. Un individuo. Cada persona es un mundo; un mundo que depende de tantas cosas que a menudo no somos capaces de ver el conjunto. Por eso, decir que tal o cual es "pijo", "kinki" o "friki" es simplificar las cosas de una manera bastante estúpida.
Y también aprendí otra cosa: cada grupo no es diferente del otro, por mucho que nos cueste admitirlo.
Supongo que todos pasamos por fases similares, hasta que nos convertimos en lo que somos. Supongo que todo es pasajero. O al menos esa es la conclusión a la que he llegado.
Así que diré lo mismo que ya le dije al pobre muchachito que no era capaz de identificarse con un grupo y se sentía fuera de lugar en todas partes ("pijo" para unos, "friki" para otros... nunca lo que era aceptable en el momento concreto). ¿Por qué ser todos iguales? ¿Por qué ponerse una maldita etiqueta en el cuello que te dé permiso para estar con unos y no con otros? Yo tengo mis aficiones, mi forma de ser; no soy un clon de nadie, o eso creo. Pero eso no impide que no me pueda llevar bien con los demás. Eso no impide que acepte otros puntos de vista. Ese chico tenía miedo de ser rechazado por no ser "aceptable" según ciertas normas sin sentido. Pero, ¿qué sentido tiene ser aceptado en un lugar en el que no te sientes TÚ? Están aceptando a una parte de tí, pero no al conjunto. Y el conjunto es lo que importa; ahí es donde están los contrastes y contradicciones que hacen que no podamos ser tan fáciles de clasificar.
En fin, creo que eso es todo. Puede que sea una tontería, o que no tenga ningún sentido, pero la verdad es que me da igual. Solo intento que algunas personitas abran los ojos. Claro que no siempre resulta... aunque no existan los casos perdidos ^o^.
PD: Boh, clasifíquenme si quieren. Hay quien lo prefiere así... les resulta más fácil.
¡Saludos!
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2 jul 2007
Borrón y cuenta nueva
Hay días en los que es mejor no hablarme. Creo que hoy es uno de ellos. No estoy de mala leche, no estoy triste ni nada parecido. Simplemente no estoy, y si me hablas, lo más probable es que te dé la impresión de que estoy pasando de todo, de que el mundo entero me importa nada y menos.
Tampoco estoy feliz. Estoy metida en una especie de mundo diferente, donde las cosas son totalmente distintas a lo que veo cada día. O simplemente estoy demasiado metida en este mundo como para enterarme de una cosa concreta; solo percibo el conjunto, el todo.
Y entonces pienso. Y me doy cuenta de que estoy perdiendo el tiempo, de que no estoy haciendo realmente lo que me gusta. Me doy cuenta de que estoy en un lugar al que no pertenezco (he ahí el tópico, queridos amigos, pero todos nos sentimos así algunas veces) y lo acepto. A veces me resigno, sigo como si nada y espero a que pase el momento. Otras veces decido actuar, cambiar las cosas, moverme y buscar mi lugar. Solo tengo una vida, y no quiero malgastarla en algo en lo que no me siento a gusto, ocupando el lugar que le pertenece a otra persona.
Y esa soy yo hoy. He decidido cortar por lo sano, dejar de hacer lo que estaba haciendo (no es que me disgustase... pero esa no era yo) y buscar mi lugar. Tal vez lo encuentre; tal vez no. Pero, mientras busque, al menos sabré que estoy haciendo algo que de verdad quiero hacer. Y eso es lo importante.
Seguramente, mañana cuando me levante, me enfadaré conmigo misma por haber sido impulsiva. Porque yo soy así: a veces pienso demasiado; otras ni siquiera reflexiono un instante. Y así me va, siempre en los extremos. Pero eso no puedo cambiarlo, aunque lo intente, pues ese mismo intento estará dominado por alguna de mis dos partes. Y siempre habrá otra culpándola.
Pero, el hecho es que lo hecho hecho está. Ahora no puedo (y no quiero) echarme atrás. No tomo decisiones porque sí, aunque a algunos así les parezca. Sea un impulso o una larga reflexión lo que hay detrás de cada decisión, todo ello tiene una razón de ser. Y esta vez no es menos.
Siento haber venido aquí a soltar todo este rollo. Simplemente tenía que decirlo.
¡Saludos!
Tampoco estoy feliz. Estoy metida en una especie de mundo diferente, donde las cosas son totalmente distintas a lo que veo cada día. O simplemente estoy demasiado metida en este mundo como para enterarme de una cosa concreta; solo percibo el conjunto, el todo.
Y entonces pienso. Y me doy cuenta de que estoy perdiendo el tiempo, de que no estoy haciendo realmente lo que me gusta. Me doy cuenta de que estoy en un lugar al que no pertenezco (he ahí el tópico, queridos amigos, pero todos nos sentimos así algunas veces) y lo acepto. A veces me resigno, sigo como si nada y espero a que pase el momento. Otras veces decido actuar, cambiar las cosas, moverme y buscar mi lugar. Solo tengo una vida, y no quiero malgastarla en algo en lo que no me siento a gusto, ocupando el lugar que le pertenece a otra persona.
Y esa soy yo hoy. He decidido cortar por lo sano, dejar de hacer lo que estaba haciendo (no es que me disgustase... pero esa no era yo) y buscar mi lugar. Tal vez lo encuentre; tal vez no. Pero, mientras busque, al menos sabré que estoy haciendo algo que de verdad quiero hacer. Y eso es lo importante.
Seguramente, mañana cuando me levante, me enfadaré conmigo misma por haber sido impulsiva. Porque yo soy así: a veces pienso demasiado; otras ni siquiera reflexiono un instante. Y así me va, siempre en los extremos. Pero eso no puedo cambiarlo, aunque lo intente, pues ese mismo intento estará dominado por alguna de mis dos partes. Y siempre habrá otra culpándola.
Pero, el hecho es que lo hecho hecho está. Ahora no puedo (y no quiero) echarme atrás. No tomo decisiones porque sí, aunque a algunos así les parezca. Sea un impulso o una larga reflexión lo que hay detrás de cada decisión, todo ello tiene una razón de ser. Y esta vez no es menos.
Siento haber venido aquí a soltar todo este rollo. Simplemente tenía que decirlo.
¡Saludos!
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22 may 2007
Y ahora me hablan en sueños ^^'
Pues sí, tal cual, ya es la segunda vez que me pasa eso de soñar con mis queridos personajes dándome ideas para desarrollar alguna parte de la historia.
Para empezar, he de decir que me he decidido a empezar de nuevo (como buena mente atolondrada que soy, lo primero que se me ocurrió fue borrar todo lo que tenía hecho y desarrollar a los personajes de una manera un tanto diferente, lo mismo que la historia... si es que no tengo remedio). Pero en fin, volvamos a lo que venía diciendo al principio.
La primera vez fue mi querido Yuri (pobrico mío, con lo mono que es y lo mal que lo pasa siempre, haga lo que haga), y la conclusión a la que llegué después de sopesar un poquillo todo aquello después de despertarme fue que tenía que morir. Y lo hará, lo sé. A no ser que cambie de opinión, que con el apego que le he cogido me costará matarle. Claro que ahora (solo de momento) todo es posible, que de nuevo no tengo más que un pequeño esquema de los primeros capítulos (en los que finalmente sale mi alter ego muajajajaja).
Y ayer soñé con Paul (que nadie me pregunté el por qué del nombre, que tiene su historia, pero es demasiado estúpida). Bien, al personaje lo tenía poco definido, y últimamente he andado dándole vueltas al aspecto que iba a tener, sin llegar a ninguna conclusión. Pues resulta que en el sueño me apareció el Paul que andaba buscando, simplemente perfecto. Para que os hagáis una idea, sería más o menos el resultado de mezclar la cara de Daniel Brühl en "Good bye Lenin!", el pelo de Light Yagami (curioso, no suelo meter personajes con esos peinaditos, pero es que le va perfecto), con ojos verdes (indispensables para el desarrollo de toda la trama de mi alter ego) y las pintas que podría tener un chaval que se ha dedicado toda su vida a hacer recados de un lado para otro, ya que, a pesar de estar en el grupo dominante, no es de esos que molan mucho, sino que se vuelve a quedar en los intermedios, como al principio. En fin, que al final, después de despertarme he tenido que reconocer que eso de meterlo en la trama de mi alter ego, con su obsesión por los ojos verdes y demás, quedaría más creíble que otras cosas que tenía pensadas.
En fin, hasta aquí por hoy, ya explicaré más experiencias extrañas de estas algún día, que mis personajes se pasean a sus anchas por mis sueños xD.
PD: Dios, adoro a Daniel Brühl... aunque por lo visto soy la única que lo encuentra mono de por aquí ¬¬'.
PD2: ¡Felicidades, Natasha!
¡Saludos!
Para empezar, he de decir que me he decidido a empezar de nuevo (como buena mente atolondrada que soy, lo primero que se me ocurrió fue borrar todo lo que tenía hecho y desarrollar a los personajes de una manera un tanto diferente, lo mismo que la historia... si es que no tengo remedio). Pero en fin, volvamos a lo que venía diciendo al principio.
La primera vez fue mi querido Yuri (pobrico mío, con lo mono que es y lo mal que lo pasa siempre, haga lo que haga), y la conclusión a la que llegué después de sopesar un poquillo todo aquello después de despertarme fue que tenía que morir. Y lo hará, lo sé. A no ser que cambie de opinión, que con el apego que le he cogido me costará matarle. Claro que ahora (solo de momento) todo es posible, que de nuevo no tengo más que un pequeño esquema de los primeros capítulos (en los que finalmente sale mi alter ego muajajajaja).
Y ayer soñé con Paul (que nadie me pregunté el por qué del nombre, que tiene su historia, pero es demasiado estúpida). Bien, al personaje lo tenía poco definido, y últimamente he andado dándole vueltas al aspecto que iba a tener, sin llegar a ninguna conclusión. Pues resulta que en el sueño me apareció el Paul que andaba buscando, simplemente perfecto. Para que os hagáis una idea, sería más o menos el resultado de mezclar la cara de Daniel Brühl en "Good bye Lenin!", el pelo de Light Yagami (curioso, no suelo meter personajes con esos peinaditos, pero es que le va perfecto), con ojos verdes (indispensables para el desarrollo de toda la trama de mi alter ego) y las pintas que podría tener un chaval que se ha dedicado toda su vida a hacer recados de un lado para otro, ya que, a pesar de estar en el grupo dominante, no es de esos que molan mucho, sino que se vuelve a quedar en los intermedios, como al principio. En fin, que al final, después de despertarme he tenido que reconocer que eso de meterlo en la trama de mi alter ego, con su obsesión por los ojos verdes y demás, quedaría más creíble que otras cosas que tenía pensadas.
En fin, hasta aquí por hoy, ya explicaré más experiencias extrañas de estas algún día, que mis personajes se pasean a sus anchas por mis sueños xD.
PD: Dios, adoro a Daniel Brühl... aunque por lo visto soy la única que lo encuentra mono de por aquí ¬¬'.
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