3 nov. 2013

Los problemas de los Braverman

Si alguien me dice hace unos meses que iba a tener más opiniones negativas que positivas sobre Parenthood ahora mismo, probablemente le habría dicho que no podía ser, que estaba loco. Una cosa que siempre ha tenido esta serie es que, independientemente de que estuviera o no de acuerdo con las acciones de los personajes, independientemente incluso de que me cayesen mejor o peor, se las apañaba bastante bien para que pudiera entenderlos y, por tanto, para que me interesase por sus historias y sus melodramas familiares. De algún modo, conseguía que todo lo que les ocurría, todas sus reacciones, resultaran familiares de la mejor manera posible.
Sus gritos, sus dramas, sus historias, sus dinámicas. Todo era fácilmente reconocible porque incluso en sus momentos más propiamente televisivos y menos cercanos a cualquiera de nuestras experiencias, de alguna manera hacían que pudiéramos ver reflejada en todos ellos a nuestra propia familia, en lo bueno y en lo malo. Y ese justamente ha sido siempre su fuerte, esa manera de conseguir una sensación de cercanía que no todas consiguen. Sin eso, probablemente Parenthood nunca habría sido más que una serie del montón, pero en el momento en que le añadimos ese pequeño detalle (que de pequeño no tiene nada), una serie que podría ser más bien mediocre se convierte en algo muy a tener en cuenta.

Y es probablemente esa la razón por la que lo que llevamos de esta nueva temporada esté resultando tan absolutamente fallido. Siempre me he fiado de los guionistas de la serie, porque hasta ahora siempre han sabido reflejar lo mejor de esa dinámica familiar en todas sus tramas, pero puede que esta temporada se hayan encontrado metidos en un berenjenal del que cuesta demasiado sacar cosas positivas.
La decisión de meter a Kristina en política y presentarla a la alcaldía de Berkeley resulta en una trama que queda artificial, vacía y, sobre todo, completamente extraña al espíritu de la serie. Y más aún del modo en que lo están presentando. El impacto de la campaña en la propia familia, que debería haber sido la ruta a seguir si de verdad estaban tan empeñados en hacer esta trama, hasta ahora ha sido algo muy secundario, siempre visto de forma poco más que anecdótica. El foco de la trama es la campaña en sí, algo que no encaja del todo en la serie ya de entrada. Pero es que además incluso siendo una de las tramas principales de estos últimos episodios, y a pesar de que ocupa muchos minutos, simplemente nos dan una visión superficial, de modo que ni siquiera consiguen convencer al propio espectador de por qué alguien debería votar a Kristina. Y, si ni siquiera el espectador puede entenderlo, siendo él quien tiene la visión completa del personaje, difícilmente pueden conseguir que la trama entera no quede como poco ridícula y más bien aguada.

El mayor problema, de todos modos, es que al entrar en contacto esa trama con el resto y al ponerla al lado de las demás ocurren dos cosas. Por un lado, al ponerse la serie de lado de Kristina y de la necesidad de todos los demás de apoyar sus sueños, independientemente de los efectos que puedan tener sobre el resto, porque son lo que ella quiere, no tiene sentido que a continuación nos muestren la situación de los abuelos, en la que cada uno quiere una cosa distinta y él no está dispuesto a plantearse siquiera renunciar a la suya por escuchar la de ella, y apoyen a Camille en vez de a Zeek. No porque en este último caso el enfoque no sea el más apropiado, sino porque es la misma situación que nos presentan con Kristina, solo que apoyando al lado contrario de un modo bastante torpe. Simplemente porque de algún modo tienen que justificar la trama de Kristina, y a Kristina como la heroína de Berkeley, cuando realmente no tiene ningún sentido.
El otro efecto que tiene es que, a falta de una trama central fuerte y coherente, cuesta menos fijarse en los detalles fallidos de la serie, que siempre han estado ahí. Ahora más que nunca destaca el hecho de que los guionistas no tienen ni puñetera idea de qué hacer con Sarah, que no existe nunca más allá de su relación con su hija, porque cualquier otra trama que intenten darle va a ser una nueva relación y un nuevo trabajo, todo con pocas consecuencias, claro.

Lo peor de todo es que sigo teniéndole mucho cariño a Parenthood, y es por eso que me duele especialmente el no ser capaz de conectar con una temporada que por el momento está siendo bastante mediocre, porque la serie se merece mucho más que estas historias tan pobres. De todos modos, justamente ese cariño que le tengo a la serie, y que está perfectamente justificado después de cuatro temporadas con una calidad muy por encima de la media, es lo que hace que conserve la esperanza. Aún es pronto, aún queda mucha temporada por delante. Y por eso mantengo la esperanza de que sepan salir de semejante desastre. Yo, desde luego, me alegraré muchísimo si consiguen hacerlo.

¡Saludos!

PD: A ver si en algún momento no muy lejano hago valoración general de los estrenos de la temporada, que ya va siendo hora.