20 nov. 2009

Silencio

Me gusta el cercanías. Es decir, no es que viva por coger el tren (no soy Sheldon Cooper; a mí los trenes, por sí solos, ni me van ni me vienen), pero me gusta. Vamos, que no llega al punto de que me merezca la pena la más de media hora a patita que tengo que hacerme luego para ir desde la estación hasta mi casa, pero si viviera más cerca, probablemente iría y vendría en tren desde Málaga todos los días. Por mucho que canse y que sea un coñazo, al menos dejaría de pagar porque sí a los señores esos tan simpáticos de Portillo.

Me gusta la gente, que va cada cual a lo suyo. Y, sobre todo últimamente, me gusta cuando está todo en silencio, que apenas se escucha nada. Es extraño, con la cantidad de gente que hay, que solo se escuchen un par de palabras de vez en cuando, alguna conversación en voz baja (pero pocas) y algún niño. Pero ya está.

Y puede parecer triste, o agobiante, o lo que sea. Pero a mí me encanta.

¡Saludos!