7 feb. 2008

Letras Cruzadas XI: Alec

Por fin, después de casi dos meses, pongo relatillo nuevo. Y conste que este lo tenía escrito desde diciembre, pero es que se me perdió entre los papeles de mi cuarto, y así no hay manera. Ayer me dio por ordenar un poquillo todos los trastos que tengo sueltos por ahí, lo encontré y pensé que ya era hora de pasarlo.
Tengo otro escrito, a ver si lo paso pronto y lo subo. Después, me tendré que poner las pilas y seguir escribiendo algún otro, que tengo ideas, pero no tiempo. Y antes va el del certamen del colegio, que estoy viendo que se me va a pasar el plazo... Y ni siquiera tengo una idea medianamente definida u.u'...

En fin, el relato...

Despertó y abrió los ojos. Todo seguía del mismo color que antes, cuando aún los tenía cerrados. Y eso dolía.

Cada día, durante apenas unos segundos, olvidaba todo y daba por hecho que, al abrirlos, las cosas estarían ahí, con cada uno de sus muchos colores, esperándolo. Y cada día, al abrirlos, le entraban ganas de gritar y patalear como un niño pequeño.

No había cosas.

No había colores.

Tan solo la completa oscuridad lo esperaba junto a su cama. Decepción y rabia. Bonitos sentimientos para empezar el día. Y mañana sería igual.

Bueno, no era justo con el mundo. Las cosas estaban ahí, con cada uno de sus muchos colores, tranquilas, pacientes. Era él la pieza que fallaba en el proceso, el tornillo suelto que mandaba al traste todo lo que los demás hacían. Lo sabía él. Lo sabían las cosas.

Lo sabían los vecinos que escuchaban sus juramentos a través de paredes más finas que el papel.

Eran sus ojos. Sus malditos ojos inútiles, o lo que antes habían sido sus ojos, destellos azules que se habían apagado por culpa de un golpe de luz. La luz apagaba a la luz. Y entonces la oscuridad lo envolvía todo y ninguna lámpara era suficiente para arrancar las sombras de la realidad. Ninguna.

Inútiles. Completamente inútiles.

Siempre había dependido de aquello que veía. Sus sueños e ilusiones. Sus realidades. Todo era un mundo iluminado, conocido, perfecto. Ahora ya no. Su realidad, aquella nítida perfección, había desaparecido en una maldita explosión de luz y sonido. Genial, sonaba a anuncio de televisores. Odiaba los televisores.

Luz y sonido.

Era aquello lo que lo había convertido en una víctima, en otra más. Había sido uno de los nombres de personas anónimas que se habían juntado en el desastre aquella noche de noviembre, cuando la ciudad entera se dio cuenta de que un edificio no era solo ladrillo y cemento, una idea muerta. Un edificio eran personas. Eran ojos. Ojos que brillaban y veían… y que ahora ya no lo hacían. Eran idealistas que, ocultos tras esos brillantes ojos en sombras, soñaban con compartir su vida con la chica de la bolsa amarilla que apenas conocían.

Había muerto, o eso creían, la chica de la bolsa amarilla. La chica que subía cuando ellos bajaban. Al menos, la famosa bolsa amarilla había aparecido casi intacta junto a unos restos irreconocibles. Bajo el maldito reloj hecho pedazos. O eso le decían. Él no lo había visto. Nora, se llamaba. Lo sabía ahora, cuando su imagen etérea era lo único que llenaba su eterna oscuridad.

¿Cuánto odio podía guardar una persona en su interior para arrebatar de golpe tantas ilusiones? ¿Cuánta locura? ¿Cuántos gritos en silencio?

Curiosamente, la imagen de aquel loco había desaparecido de sus recuerdos. Recordaba haberlo visto, quieto y tranquilo, casi majestuoso, cerca de la puerta. Mientras ellos bajaban; mientras ella subía. Pero era solo el recuerdo de una sombra cubierta por la luz de una silueta de sobra conocida. Maldito desgraciado. El muy cabrón estaba al menos bien muerto, sin tener que soportar aquella mezcla de quemaduras visibles e invisibles de aquel día de noviembre. Lo odiaba. Lo envidiaba.

Pero no servía de nada seguir quejándose, viviendo en un pasado de color. Sus ojos no despertarían de nuevo al oír sus gritos. Lo sabía. Lo aceptaba.

A veces simplemente era necesario volver a dar unos pasos en el mundo invisible. Continuar.

Se levantó.

Otro nuevo día. Otro día menos.


¡Saludos!

2 comentarios:

Narquelië dijo...

Enhorabuena. Pero no te voy a decir que me hayas hecho disfrutar, más bien todo lo contrario ahora tengo una extraña sensación mezcla de tristeza y agobio (para una pesona mínimamente empática es horrible leer un monologo interno como este que has escrito).

Aunque no lo parezcan, lo que te he peusto son alagos eh XD.

Saludossss

Kera Arena dijo...

Me alegro de que te haya entristecido y agobiado :P.
La verdad es que a veces se me va la mano. Cuando escribo, me embalo y no me doy cuenta, y luego lo releo y me agobio yo sola.
Y en cierto modo, me gusta así.
Eso sí, luego pasa que mi estilo se ve a veinte metros en cosas como lo del Reto xD.

¡Saludos!