24 may. 2008

Y ya no tienen nada...

Hace mucho que no actualizo, y me da rabia. Es simplemente que últimamente no sé muy bien qué escribir. O al menos, no sé qué escribir hasta que me planto delante del teclado y empiezo a juntar palabras sin pensarlas. El escribir por escribir, lo primero que se me pase por la cabeza, sin pensarlo, está convirtiéndose en mi forma de desahogarme. No, más bien al contrario. Se está convirtiendo en mi forma de quedarme intranquila. Y busco la intranquilidad que me dé el impulso para escribir.

Porque entonces, solo mientras escribo estoy tranquila. Y la sensación desaparece al poner el punto final.

De mayor quiero ser bohemia...

Y ya no tienen nada.

Porque hace tiempo que buscan sin buscar. Posan sus ojos en el primer obstáculo, en la primera sombra, y se dicen que aparecerá. Se lo dicen por pura costumbre, porque han perdido todo, porque ya no encuentran nada.

Giran la cabeza en el primer banco, tras el árbol de siempre. Una vez dejaron allí cuanto tenían. Y ya no tienen nada, se lo llevó el viento, o el mar, o el susurro de las hojas, o un simple soplido de desesperanza.

Perdieron las promesas, los sueños y el porqué. Perdieron la ambición, la lucha, los días. Y el tiempo pasa y ya no tienen nada. Lo dejaron atrás, cubierto con un vestido blanco. Puntillas azules. Nada. Solo el viento, un susurro a sus espaldas.

Ella se gira y busca, busca sin buscar y sin saber; sin esperar encontrar. Él no se gira. Hace tiempo que solo mira al frente y se mueve como un autómata. Hace tiempo que arrancó aquello que dolía, aquello que lo ataba a una sonrisa desgarrada. A un pasado feliz que destrozaba sus entrañas.

Sus manos se buscan. Se buscan sin buscarse. Y se encuentran. Se encuentran por pura costumbre, porque ya no queda nada. Los une una razón irracional, un buscar por buscar, sin esperar encontrar. Porque ya no encuentran. Y lo saben. Saben que las agujas del reloj no perdonan, que las lágrimas secas no son buenas compañeras de viaje.

Ya no hablan. Ya no escuchan. Las palabras sin sentido se cruzan, ignorantes. Pero hace falta un sonido, un ruido de fondo. Un ronroneo intranquilo que acalle el silencio. Ya no escuchan la risa de Sara. Y su ausencia se comió sus palabras.

Y buscan, buscan en el fondo de los ojos del otro. Una promesa. Un destino. Un algo y la nada. Buscan por rutina, por seguir igual, por no enfrentarse a saber que ya no buscan.

Detrás del banco un año más. Y ella no aparece. Se marchó, se la llevaron, los abandonó sin decir nada. Y con ella se llevó un pedazo de sus almas, el pedazo que los unía. Un lazo. Un lazo que ya no existe, que se ha desvanecido en el aire. Un lazo que arrancó también, al marcharse, las plumas de sus alas. Y ya no vuelan. Y ya no buscan.

Y ya no tienen nada.


¡Saludos!

2 comentarios:

Óvp dijo...

Las musas... invócalas si no sabes qué escribir... (así hacían los griegos y romanos)

Anónimo dijo...

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