4 may. 2008

Esperar

No sé por qué, pero últimamente me paso el tiempo esperando que pase algo. Voy andando por la calle y voy pensando en encontrarme con alguien, quiero encontrarme con alguien, con quien sea. O, estando en clase, espero que surja alguna conversación interesante que no vendría a cuento en ninguna situación normal. O espero una carta. O llego a casa y espero que en mi cuarto haya cambiado algo.

Necesito que haya cambiado algo.

A veces, y supongo que tiene que ver el sol de abril-mayo, necesito pensar que va a pasar algo. Bueno, realmente, lo pienso siempre, independientemente del momento que sea. Pero hay épocas en las que es exagerada esta necesidad. El tiempo en sí, los días, la rutina, no me sirven de nada. No me sirven de nada si no pasa nada que se mueva fuera de ellos. Y, si normalmente eso es algo que tengo en cuenta y en lo que pienso, estas últimas semanas es esto lo que prácticamente ha ocupado mis pensamientos al completo. ¿Por qué? Realmente, ni yo misma lo sé. Solo sé que quiero que pase algo.

Y la cosa es que, a veces, casi pasa algo. Me da esa sensación, al menos. Pero se queda ahí. Pienso que un minuto más, o un paso más, o una página más, habrían bastado para que encontrase un cambio en el hoy. O en el ayer o el mañana, quién sabe.

Es una sensación agobiante. El estar esperando que ocurra algo, en tensión las veinticuatro horas del día, es algo que en parte te impide estar a lo que estás. O estar a otras cosas a las que podrías estar. Y, a pesar de todo, es una sensación que no me disgusta. Esa tensión al menos me dice que, aunque a lo mejor no ocurra nada, siempre es posible que haya algún cambio en algo. Y espero. O intento cambiar algo yo misma. Mientras espero.

En fin, supongo que no se entiende la mitad de lo que quiero decir, pero esa es también una de las consecuencias de esta situación. Quiero decir tantas cosas, tengo tantos proyectos en mente, tantas ideas, que cualquier forma de llevarlas a cabo me parece imperfecta, incompleta. Torpe. Escribo páginas y páginas de relatos que acaban en la papelera. Hago planes que podrían ser interesantes y que acaban en un rincón, apartados porque no se me ocurre cómo leches puedo llevarlos a cabo.

Pero pasará. Siempre pasa. Y entonces podré encontrar, quizá, un cambio interesante.

¡Saludos!