25 de feb. de 2013

Welcome back to The Middle

De las comedias de la ABC que viven ya en su cuarta temporada, es siempre Modern Family la que anda constantemente siendo el centro de atención, la niña bonita a la que todo el mundo le hace caso. Lo que evidentemente deja casi siempre como gran olvidad a The Middle, esa especie de hermana fea, de segundona, de Lady Edith, que no molesta a nadie, pero nadie se molesta tampoco demasiado en prestarle atención. Algo que, en mi opinión, siempre ha sido una verdadera pena, puesto que yo la encuentro mucho más divertida que la hermana famosa, y desde luego que mucho más recomendable. No porque sea perfecta, no porque sea el no va más (al fin y al cabo, no deja de ser una versión muy light y muy políticamente correcta de Malcolm in the Middle), sino porque sabe justamente cuál es su estilo, su humor, lo que se espera de ella. Y juega con toda comodidad en ese espacio, y resulta muchísimo más orgánica y natural. Y divertida, sobre todo divertida. Divertida sin resultar forzada o artificial, sin leerse tan de libro (aunque, paradójicamente, muchos de sus chistes sean bastante de manual, pero están hechos de tal manera, sin intentar quedar mejor que nadie, que no importa).

Es una serie que desde el principio tuvo unos cuantos personajes divertidísimos, tan exagerados en lo suyo que siempre eran capaces de sacarnos una carcajada. Desde las rarezas del pequeño Brick, a todos los... sueísmos de Sue y pasando por la genialidad general de Axl, que ha resultado ser la estrella de estas últimas temporadas, siempre había algún chiste muy divertido ya simplemente en los propios personajes. Pero, al final del día, no creo que fuera eso lo que sostenía completamente a The Middle, sino esa dinámica tan natural que se formaba entre todos ellos. Y con sus padres, que parece que me olvido de Frankie y de Mike, pero a su manera también tenían sus momentos.

Habréis notado, de todos modos, que de repente he empezado a hablar de ella en pasado. Y sí, soy perfectamente consciente de ello. Porque con todo lo grandiosa que empezó siendo, con todo lo que me divertía con ella, de repente esta última temporada me encontré viéndola con una cierta desgana. No porque no quisiera adorar cada episodio (porque nunca he dejado de tener un cierto cariño a los Heck, si hasta su falta de lógica a la hora de tomar decisiones que tienen que ver con la compra de electrodomésticos me resulta entrañable), sino simplemente porque volvieron un poco faltos de inspiración, un poco faltos de gracia. Ningún chiste parecía especialmente nuevo o divertido y, salvo alguno muy concreto (se me ocurre Bunny Therapy (4x04), también conocido como el episodio del conejo diabólico), ningún episodio conseguía resultar especialmente memorable. Algo a lo que tampoco creo que ayudara el hecho de que la ABC tenga como encargado de decidir su programación a un mono borracho, con lo que nunca se sabe cuándo hay un nuevo episodio de The Middle (de otras series también, pero lo de esta es de chiste. Bueno, lo de otras también, pero ahora estaba hablando de esta).

Sin embargo, cuando ya empezaba a perder la esperanza, los Heck decidieron recompensar mi paciencia y parece ser que todo eso era un simple bache. Porque igual es solo cosa mía (aunque no creo), pero esta última tanda de episodios ha sido verdaderamente maravillosa. The Middle ha demostrado que sabe ser la que era, que no ha perdido esa capacidad tan suya para ser muy divertida y a la vez muy entrañable. Lo hemos vuelto a ver con una Sue que, después de pasar a segundo plano (al fin y al cabo, no es raro que ocurra en personajes de este tipo), ha vuelto al centro del escenario para ser más Sue que nunca, empezando con el cheer-off de las wrestlerettes contra las animadoras, que es capaz de sacarle una sonrisa a cualquiera, y que probablemente sea de los momentos más buenrollistas que hemos visto últimamente en televisión. Y con un Brick en torno al cual los chistes vuelven a funcionar (estuvieron especialmente acertados en el episodio de la semana pasada). Y no me hace falta decir lo maravilloso que está Axl porque para mí fue justamente lo que siguió funcionando incluso cuando el resto no acababa de cuajar del todo.
Pero es que además The Middle ha conseguido volver a ser muy entrañable además de muy divertida, y en estos últimos episodios supongo que todos hemos muerto de amor con Darrin y Sue.

Por todo esto vuelvo a sentirme con ganas de reivindicar la serie después de mucho tiempo. Porque me estoy reenamorando de The Middle. Y vosotros también deberíais.

¡Saludos!

PD: Que, por cierto, el momento del cheer-off me recordó tantísimo al espíritu de Freaks and Geeks que me han entrado ganas de volver a verla.

20 de feb. de 2013

White Bear

Después de la imagen, hablo del episodio 2x02 de Black Mirror, con bastantes spoilers. Y, como soy buena, recomiendo no seguir leyendo si no lo habéis visto.


Los episodios de Black Mirror siempre dan lugar no sé si a interpretaciones distintas (aunque algunos sí, a veces para mi propia sorpresa), pero sí a valoraciones completamente distintas, a veces directamente opuestas. Probablemente porque el objetivo de la serie es hacernos reflexionar (utilizando los medios que sea, ahí no voy a entrar porque no es lo que más me interesa en este momento) sobre ciertos temas, temas sobre los que cada cual tenemos nuestra propia opinión (y, de nuevo, no siempre coincidente, por cierto), con nuestros propios matices. A menudo partiendo desde una base, desde unas prioridades, simplemente diferentes. Y, claro, así nos encontramos con que cada persona valora más o menos ciertos episodios, los ordena de forma completamente distinta y, sobre todo, acaba teniendo opiniones completamente contrarias sobre elementos en cada episodio que de entrada nos puede parecer que tienen una única lectura.

Precisamente esta es la razón por la que necesito escribir sobre el episodio de esta semana. Un episodio que a mí me pareció magnífico (y durísimo) y sobre el que he leído muchos comentarios negativos. Unos comentarios en los que me ha sorprendido, sobre todo, que mucha gente haya tomado como tema principal algo que yo creo que es secundario en este caso. Que ojo, quizá es así, quizá soy yo la que está equivocada y estoy haciendo la lectura que no era. Y entonces es posible que sí pueda ver el episodio como algo fallido. Pero tal como lo he visto yo me ha parecido un episodio más que aceptable. De hecho, probablemente sea mi favorito de los cinco que llevan emitidos.

Me explico. He leído a bastante gente (vamos, que no es cosa de uno o de dos) que lo importante, la base del episodio, el tema central, es esa deshumanización, esa insensibilización hacia el sufrimiento ajeno, la facilidad para convertirlo en un espectáculo, para disfrutar con ello. E igual estoy muy equivocada, pero yo no lo he visto así. Es decir, es algo que está ahí, y algo de ello de hecho está en la base del que yo creo que es el tema principal, pero no es por sí mismo lo importante del episodio. Para mí, lo principal va más allá, y es algo tan cercano, crudo y, francamente, escalofriante, que el mensaje resulta mucho más impactante que si lo vemos desde ese enfoque.

Esa insensibilización que decíamos, esa incapacidad para ponernos en la piel de los demás, nos ha llevado a exigir más que nunca la aplicación de la ley del talión, pero ni siquiera tal cual, sino muchas veces llevada al extremo. Se lleva al extremo más radical algo que ya de por sí es peligrosamente extremista. La sociedad, en parte alimentada por el exceso de información aséptica, se vuelca en su lado más visceral, y así nos encontramos en un momento en que a nadie le suena a ciencia-ficción la idea de miles de personas pidiendo la muerte de un criminal, alegrándose por ella. No solo tonteando con la idea de la justificación del sufrimiento ajeno, sino disfrutando de él. Ojo, no estoy diciendo que esto sea algo nuevo, ni mucho menos, porque es una mentalidad y una actitud que ha existido siempre. Pero lo que también creo que es verdad es que es algo que cada vez se ve más y más como algo normal, algo perfectamente aceptado.

Los episodios de Black Mirror se valoran más o menos dependiendo de cómo conectemos con ellos, de qué temas nos preocupen más o menos. Y supongo que ahí está parte de la clave. Personalmente, este es un tema que siempre me pone los pelos de punta, y probablemente por ello me pareció especialmente descorazonador. ¿Es más moral causar sufrimiento a alguien que lo ha causado antes que a alguien que no lo ha hecho? Cuando decimos que sí, ¿no se cruza también una línea que nos coloca precisamente en el lugar de lo que condenamos? Porque, al fin y al cabo, no deja de ser más que la forma socialmente aceptada, la forma correcta y ordenada de replicar el comportamiento que nos produce rechazo, que condenamos. Y ese precisamente es, creo yo, el mensaje más importante, el elemento central, de este episodio.
Un mensaje que, por cierto, no depende de la revelación final (de hecho, yo até cabos a mi manera y vi venir por dónde iban los tiros desde muy pronto), sino que se apoya en ella para hacer precisamente la crítica sobre el tema que expone (la situación es la que es, el sufrimiento de un tercero es el que es, está ahí, es innegable y produce rechazo universalmente, y la justificación que se le da no deja de ser una excusa). De hecho, propongo ver el episodio sabiendo ya el giro, igual se ve de forma diferente, igual no estoy tan sola en mi opinión.

Black Mirror no es una serie perfecta, ni mucho menos. Nada más que hay que ver la irregularidad que hay dentro de cada episodio. Pero lo cierto es que al final lo que importa, lo que realmente importa, en esta serie es el mensaje. Y en este caso nos encontramos ante uno de los más crudos e impactantes que nos ha mostrado, al menos desde mi punto de vista. Por eso me da pena que la idea de las intenciones del episodio no haya quedado tan clara como debería. Aunque para mí sí lo estuviera.

¡Saludos!

PD: Que, por cierto, Lenora Crichlow (que para mí siempre va a ser Sugar de Sugar Rush) está enorme en el episodio.
PD2: Tengo muchas ganas de escribir sobre Switched At Birth, pero creo que voy a esperar a marzo, que van a emitir un episodio entero en lenguaje de signos, y ya lo comento todo del tirón.

18 de feb. de 2013

Idol, stereo-type-casting and some other things

Después de una temporada del X Factor británico que fue capaz de aburrir a las piedras, este año tenía más ganas que nunca de ver la vuelta de Idol. Porque, a pesar de todo, a pesar de posibles bajones, de excesos de country y de todas esas cosas, por lo general Idol es el reality musical que más me suele enganchar, el que más me suele ganar. Pues eso, que por esas cosas este año empecé Idol con más ganas que nunca. Y ahora, varias semanas después (y, por supuesto, antes de empezar las galas, que estas cosas llevan su tiempo), me encuentro con un montón de sensaciones y opiniones encontradas. No me provoca indiferencia, ni mucho menos, lo que es bueno. Pero quizá más que ningún otro año (por razones en las que ya entraré ahora en un momento) le he notado unos fallos que, aunque deberían ser perfectamente corregibles, no les veo la más mínima intención de cambiar. Así que, con eso en mente, he pensado que iba siendo hora de hacer una especie de balance de lo que llevamos visto hasta ahora, que siempre me ayuda bastante a organizar mis ideas, con lo que igual hasta lo puedo explicar para que se me entienda.

La primera razón (que no la única, ni probablemente la más importante) de esa combinación de sensaciones contrarias que me ha dejado fueron justamente las audiciones. Porque las audiciones propiamente dichas (no entro ya en Hollywood y en Vegas, que son fases distintas y con una dinámica completamente diferente, creo yo) tienen un algo que yo creo que engancha bastante cuando aún no estás muy hecho al programa. Los dos primeros años que vi Idol tengo que reconocer que me encantaron los programas de audiciones, que me lo pasaba estupendamente con ellos. Y sin embargo ahora cada vez me dan más pereza. Supongo que llega un punto en que el ser humano alcanza el límite de dramas e historias sobredimensionadas que es capaz de soportar. Y, como a pesar de que Idol siempre busca historias lacrimógenas nuevas con las que atrapar al público, llega un punto en el que ya lo hemos visto y oído todo, el impacto que puedan tener en nosotros es más bien limitado. Y, claro, una vez que pierdes ese interés en esa parte de las audiciones, poco más puedes sacar de los episodios, porque está claro que sacar a gente cantando es algo que queda en segundo plano, y no es raro que al final del día no recuerdes a más de una o dos de las personas que han salido en el episodio. Y probablemente ni siquiera recordarás especialmente bien cómo cantan. Con lo que ahí llegó el primer golpe, al pasar de la ilusión que tenía por la vuelta del programa a las tres semanas de total sopor e indiferencia que me provocaron las audiciones.

Y entonces llegó la Hollywood Week y volví a ilusionarme. El cambio de formato de este año, además, al separar chicos y chicas y, por tanto, al condensar el drama de todas las etapas de la HW, le sentó bastante bien, y la primera semana me resultó entretenidísima. Pero muchísimo, tanto como para olvidarme completamente de la decepción que habían sido las audiciones. Que igual era porque recordaba perfectamente el HORROR de HW del año pasado, de la que no recuerdo otra cosa que gente desmayándose, puede ser, pero el caso es que me encantó. En cambio, con la segunda semana, la dedicada a las chicas, mi opinión volvió a empeorar un poco, pero más que por el formato (que me pareció que siguió estando bien), por el que creo que es uno de los mayores problemas del programa, y uno de los que menos parece que quieran solucionar. Y es que hay un desequilibrio enorme en potencial e interés entre el grupo de los chicos y el de las chicas, y esto se debe principalmente a un typecasting muy mal orientado. Ojo, typecasting hacen en los dos grupos, y de hecho como concepto me parece algo relativamente necesario no solo aquí, sino en cualquier reality. Pero en el caso de las chicas ese typecasting que hacen se ve anticuado, limitado y, sobre todo, hace que nos encontremos ante un grupo totalmente falto de variedad. Pueden decirse muchas cosas del grupo de los chicos, pero lo cierto es que, gusten más o menos (personalmente, de momento me gustaron Charlie, Burnell y Gurpreet, y sería más feliz si no hubiera visto ni a Lázaro ni a Johnny Keyser), no puede decirse que no hubiera una relativa variedad. Pero claro, partimos de que ya simplemente dentro del arquetipo que lleva dominando todos estos últimos años en Idol nos encontramos con estilos que no tienen tanto que ver como podría parecer. Y es que dentro del famoso grupo de los WGWG, es decir, "white guys with guitars" (que, por cierto, si os fijáis este año están intentando evitar, porque la mayoría de los GWG que hemos visto, o les falta la primera W, o no les falta pero son el bicho raro de Charlie, al que juraría que vi en algún momento con una guitarra, con lo que no cumplen todas las características en ningún caso que hayamos visto), no creo que pueda decirse que David Cook, Kris Allen, Lee DeWyze, Scotty McCreery y Phillip Phillips tengan estilos realmente tan parecidos, ¿no? Y todos ellos son WGWG de libro. Por tanto, ya de entrada permiten algo de variedad, una variedad que no vamos a tener jamás en el grupo de las chicas si el casting se sigue haciendo como se está haciendo ahora.

Porque entre las chicas se buscan dos arquetipos básicos, dos arquetipos que a la vez son muy limitados. Por un lado tenemos a las chicas que cantan country (preferiblemente rubias, preferiblemente tirando a robóticas), y por otro lado tenemos a las chicas que añaden unos setecientos gorgoritos y acrobacias vocales a todas las canciones que cantan (preferiblemente negras). Podríamos añadir otro grupo, el de las bots canta-baladas (véase Pia hace un par de años, véase Hollie el año pasado), que en realidad comparte unas cuantas características con los dos grupos anteriores (concursantes robóticas que sienten la necesidad de mostrarnos todas las acrobacias vocales que pueden hacer en minuto y medio), pero poco más. Por supuesto, siempre hay alguna que se escapa un poco de estos parámetros (por ejemplo, de este año me sorprendió muy gratamente Angela, y me gustó la última actuación de Melinda en HW, claro que en esta última creo que lo que más me gustó fue Keith cantando y bailando, que probablemente sea una de las cosas más adorables que he visto jamás en Idol), y nos encontramos con concursantes que merecen la pena (de estos últimos años, Siobhan y Crystal, Haley y Elise, si me preguntan), pero siguen siendo una minoría. Idol ganaría mucho si se potenciara esa variedad, si los casos que comento no fueran la excepción cada temporada. Y me parece tan obvio que, cuando luego hacen cosas como sacrificar a Stephanie por la enésima chica random cantando country, me da mucha rabia, porque no me da la sensación de que tengan intención de cambiar. Igual que me da mucha rabia que ni se molesten en decirnos qué fue de Taisha (la chica que más recuerdo de las audiciones, y que justamente no se ajustaba a esos parámetros tan limitativos que da el programa) en la HW.


Conste que de verdad creo que quieren cambiar la tendencia de los últimos años, que quieren que una chica gane. Pero no estoy segura de que mantener estas normas tan restrictivas a la hora de elegir a las concursantes sea precisamente la respuesta. Y mira que, con todo lo maquiavélico y creepy que me parece, admiro a Nigel a la hora de hacer televisión, pero me parece que aquí se equivoca. Es decir, puede sonar la flauta, pueden encontrar a una chica que de verdad llame la atención y que consiga ganar por fin (aunque con cada año que pasa, y con la manera en que con cada año que se le añade al programa, las madres y abuelas son cada vez más quienes eligen de verdad al ganador, cada vez es un poquito más complicado). Pero lo harán sacrificando variedad, y sacrificando por tanto buena parte del interés que pueda causar el programa.

Pero bueno, aún es pronto, así que puede darse el caso de que me sorprendan esta temporada. Para empezar, según tengo entendido Vegas este año también va a tener un formato distinto, y vamos a escuchar cantar a todo el mundo, a todo el Top 40. Si no me equivoco, esta semana y la siguiente cantarán diez chicas el miércoles y diez chicos el jueves, y de cada grupo de diez el jurado elegirá a cinco. Con lo que vamos a tener la oportunidad, en teoría, de ver a mucha gente que otros años ni nos habríamos enterado de que estaban ahí. Y teniendo en cuenta que de las 40 personas que pasaron a Vegas no me suena ni la mitad, hay margen para sorpresas. Pero además, a pesar de todo lo que pueda parecer por lo que he escrito más arriba, en general haciendo balance le veo potencial a esta temporada. Sin ir más lejos, ya hay cuatro personas que me gustan (Charlie, Burnell, Gurpreet y Angela) y estoy dispuesta a añadir a Melinda si hace que Keith cante y baile en todas sus actuaciones. Que puede no parecer mucho, pero me conozco, y a estas alturas del programa para mí ese es un ratio más que aceptable. Y ya digo que aún está ahí la posibilidad de añadir a más gente a mi lista de elegidos.
A todo esto tengo que añadir que de momento estoy encantada con el jurado. Que ya, que ya sé que luego llegamos a los live shows y la cosa cambia, pero por ahora estoy muy contenta con Nicki, que me parece un soplo de aire fresco que buena falta le hacía al programa, y con Keith, que por si no había quedado claro aún, me parece amor. Y como Mariah se confunde con el decorado y con Randy utilizo la misma técnica que con Jeff durante buena parte de los episodios de Survivor y simplemente lo ignoro de tal manera que literalmente me olvido de su existencia, con los puntos positivos que son Nicki y Keith me vale de momento. Así que ahora nos toca simplemente esperar y ver cómo evoluciona. Y, sobre todo, ver si se notan más los aspectos positivos que los negativos.

¡Saludos!

PD: Ya que hablo de Idol, tengo que decir que me hizo mucha gracia ver que Matheus ha decidido borrar de su memoria su paso por TGP. Es decir, podríamos decir que simplemente mintió descaradamente cuando prácticamente dijo que antes solo había cantado en la ducha, pero estamos hablando de TGP, con lo que la opción de que la experiencia fuera tan traumática que tiene algún tipo de amnesia selectiva me parece probable. Y, como me gusta pensar siempre lo mejor de las personas, me gusta más esa opción.
PD2: Creo que no lo dije por aquí, pero la semana pasada me ventilé la primera temporada de Damages (maravillosa, simplemente maravillosa) y ya estoy con la segunda. Seguiré informando.
PD3: No deja de sorprenderme lo mucho que estoy disfrutando con Banshee, cuando en teoría la serie no tiene NADA que normalmente me haga responder positivamente.

15 de feb. de 2013

Vean Survivor, bitches!

Esta semana arrancó la nueva temporada de Survivor (y con esta van 26, ahí es nada. Que, por cierto, es físicamente posible verlas todas en un periodo de tiempo inferior a cuatro meses, doy fe de ello. Por si a alguien le apetece intentarlo, pues eso, it can be done) y he pensado que es un momento tan bueno como cualquier otro para ponerme más pesada que una vaca en brazos y así ver si consigo convencer a alguien para que le eche un vistazo. No en vano hay mucha gente que lo considera el mejor reality ever (personalmente, mi corazón sigue perteneciendo a So You Think You Can Dance, por muchas razones, pero siendo perfectamente objetiva, hay que reconocer la grandeza y la capacidad de enganche de Survivor). Por otro lado, entiendo que a primera vista se puedan tener recelos e incluso que pueda dar un poco de pereza empezarlo, y sin ir más lejos a mí me costó años animarme a verlo. Pero como después de verme 24 temporadas del tirón este verano me tiene más que convencida, me siento como si tuviera algún tipo de obligación moral y necesitara hacerle la publicidad que se merece. Ni más ni menos.

Para los que no lo sepan, la mecánica del reality no es excesivamente complicada. Así de forma resumida, sueltan a un montón de gente en algún sitio perdido y los dividen en dos (o tres) tribus. Van haciendo pruebas de inmunidad y la tribu que pierde tiene que mandar a uno a su casita (todo eso sin que el público tenga nada que ver en las decisiones, lo que evidentemente hace el juego muchísimo más interesante). Y al cabo de un tiempo juntan a todos los que quedan en una sola tribu, donde el juego pasa a ser totalmente individual en vez de por equipos (aunque técnicamente hasta ese punto era una combinación de ambos), donde siguen eliminando de uno en uno a los demás hasta que solo quedan dos o tres, dependiendo de la temporada. Y llegados a este punto, los dos (o tres) que llegan a la final deben convencer a un jurado compuesto por la última tanda de concursantes eliminados, que es quien decide el ganador (que se lleva el premio de un millón de dólares). Lo que digo, relativamente complejo pero muy simple de entender (incluso si lo explico yo).

Sin entrar en términos de calidad (que la tiene, y mucha, pero como todo el mundo lo dice, pues casi que ese punto ya está sobreexplicado y no me apetece volver a entrar ahí), creo que el mayor punto fuerte de Survivor es uno que he visto destacado muchas menos veces de las que debería. Y es que, al contrario de lo que pueda parecer, Survivor es ese tipo de programa que tiene características que hacen que guste a todo tipo de personas, personas que buscan cosas completamente distintas a la hora de ver un programa de televisión. Personas que le piden cosas completamente distintas al mismo programa y que, al final del día, probablemente acaben contentas con el resultado. Por razones completamente distintas. En lo que a mí respecta, lo que más me interesa del programa es todo lo que tiene que ver con la estrategia. Vivo y valoro los episodios, a los concursantes y el programa en sí siempre en función de esto. Con otros elementos que siempre ayudan, claro, pero teniendo prioridad esto. Vamos, que una temporada en la que pasen pocas cosas, pero que se desarrolle de forma lógica y racional en ese sentido, la puedo disfrutar muchísimo (y sí, estoy hablando de RI (22), que veo que gusta más bien poquito, con lo que a mí me gustó. A pesar de tener el twist más cutre e innecesario del mundo). Pero al mismo tiempo se puede disfrutar perfectamente del programa por las dosis de locura, giros y gente irracional haciendo estupideces (razón por la que, supongo, a mucha gente le encanta Gabon (17) cuando para mí es de las ediciones más espantosas). Con lo que al final, si bien hay temporadas en las que predomina más un aspecto que el otro, en general Survivor tiene un poco de todo, lo que hace que resulte entretenidísimo para prácticamente todo el mundo. Y esas que he comentado son algunas de las razones completamente opuestas, pero no es que sean las únicas. Vamos, teniendo en cuenta quiénes son muchas veces los favoritos del público, me da la sensación de que yo misma tengo poco (o más bien nada) en común con muchas de las personas que ven el programa y que valoran a los participantes por unas razones que a menudo yo no comparto en absoluto. Pero volvemos a lo mismo, como el público no tiene ningún papel en el desarrollo de la temporada, el resultado es que personas con unos intereses completamente diferentes pueden disfrutar del mismo programa.
Y eso de que tiene características para todos los gustos no lo digo solo pensando en personas que ya de entrada no rechazan los realities como concepto. No, ni mucho menos. Porque sin ir más lejos, hace unas semanas le convencí a mi padre, que prácticamente sale corriendo cada vez que oye la palabra "reality", para que le echara un vistazo, y ya lleva tres temporadas y media vistas, y encantado de la vida. 

Por eso creo que Survivor es un reality que ahora (en serio, si queréis darle publicidad a una serie/reality, convencedme para que lo vea. Como me guste, NADIE va a dedicarse con tanta intensidad como yo a recomendarlo y a hacerle publicidad. De hecho, estoy pensando que deberían empezar a pagarme por ello) recomendaría a absolutamente todo el mundo. Le diría a todo el mundo que le diera una oportunidad. Que sí, que ya sé que son muchas temporadas, pero no hace falta verlas todas (aunque luego puede que os enganchéis tanto que las veáis todas. Es mucho menos improbable de lo que parece), ni en un orden concreto. Vamos, igual si sois muy quisquillosos con los spoilers no recomendaría empezar por las ediciones con all-stars (la 8, la 11, la 16 (grandiosa, simplemente grandiosa), la 20, la 22, la 23, la 25 y la 26, si no me dejo ninguna, que las estoy diciendo de memoria), pero si no os importan excesivamente, incluso podría recomendar alguna de esas. De todos modos, al final la forma de recomendar el orden en el que verlas es muy personal, aunque sin all-stars yo recomendaría China (15), Cook Islands (13), Tocantins (18), Pearl Islands (7) o incluso Panama (12), aunque a esta última le cuesta arrancar (y Pearl Islands no está ni de lejos entre mis favoritas, pero puedo entender que guste), para luego ir ajustando a partir de ahí en función de las preferencias de cada cual. 

En cualquier caso, se empiece en el orden en que se quiera empezar, siempre está bien darle una oportunidad a Survivor. Que a más de uno seguramente le sorprenda lo mucho que puede llegar a enganchar.

¡Saludos!

PD: Y ya que ando en modo fan reivindicativa, esta semana otra que ha vuelto es Southland. Y como, a pesar de que es una auténtica maravilla de serie, pasa bastante desapercibida, pienso seguir insistiendo para que le echéis un vistazo.
PD2: Y, puestos a seguir reivindicando, qué menos que recomendar también Switched at Birth. Que ya, que ya sé que la combinación de ABC Family, más serie teen en general, más punto de partida que parece sacado de una peli de A3 no hace que resulte especialmente atractiva para muchos, pero de verdad que merece la pena. Se les coge mucho cariño a los personajes y, sobre todo en esta nueva temporada, se están atreviendo a hacer unas cuantas cosas que no se ven mucho en televisión, y a mí no me queda más remedio que aplaudirles.

12 de feb. de 2013

Todos somos Hannah

Hay algo en mí que piensa que siempre que una serie esté en ese punto de que todo el mundo o bien la ama o bien la odia, sin ningún punto intermedio, es que algo está haciendo bien. Está provocando todo lo contrario a la indiferencia, y como pasa tantas veces, lo mismo en un sentido que en el otro. Por eso me tomo como algo bastante positivo que esta sea la actitud de la gente en general hacia Girls, una serie que si ya adoraba antes, especialmente después de los dos últimos episodios (que me parecieron maravillosos) la adoro aún más. Esto de odiar o amar Girls, pero nunca posicionarse en un punto intermedio, es algo que ya era así la temporada pasada, o al menos esa sensación me dio a mí. Pero esta temporada se ha multiplicado por mil. Probablemente tenga mucho que ver que la serie de Lena Dunham sea la serie de moda, de la que todo el mundo habla y, claro, con ello se encienden los haters, y los haters hacen que los que vemos ese algo que tiene de especial nos pongamos también más pesados que una vaca en brazos. Y así es como el universo (entendiendo "universo" como twitter, que con poca gente hablo yo de Girls en otros sitios) se divide en dos grupos. Por un lado estamos los que cada semana decimos maravillas de la serie, y de esas cuatro chicas que, con sus virtudes y sobre todo con sus defectos, nos tienen ganadísimos. Y luego están los que la odian, los que critican su falta de cualidades para ser calificada como comedia, los que no soportan a sus personajes o los que directamente no pueden con Lena. Como digo, yo me siento muy orgullosa de pertenecer al primer grupo, y por eso creo que va siendo hora de defenderla e intentar hacer ver al universo lo que yo veo en ella.

Lo primero de todo, y empezando por el principio, creo que va siendo hora de dejar de esperar que todo lo que dure entre veinte minutos y media hora sea una comedia clásica. De hecho, borremos eso. Creo que va siendo hora de dejar de esperar comedias y dramas clásicos. Los géneros evolucionan, y esa línea que separa a uno de otro está cada día más difuminada. Con lo que no ganamos nada centrándonos en algo tan tonto como empeñarnos en intentar por todos los medios que una serie, sea la que sea, encaje en un molde o en otro. Girls es lo que es, y no hay que intentar verla de otra manera. Tiene momentos divertidísimos (sí, en serio, los tiene) y también momentos más tristes, o incluso no tristes, sino simplemente de esos que nos hacen querer darles un abrazo a sus protagonistas. Querer verlo de otra manera es intentar limitar la serie, algo que creo que no deberíamos hacer nunca. Pero, sobre todo, es centrarse en criticar la forma, cuando esa crítica es algo que no tiene ningún sentido si esa forma sirve al propósito de la serie. Y en este caso lo hace bastante bien.

Lo que nos lleva al contenido, a sus protagonistas, a lo que les ocurre o no les ocurre. Y llegamos a los comentarios que nos dicen que es una serie protagonizada por unos personajes odiosos, insoportables, collejeables a más no poder. Y yo digo que sí, que por supuesto que son odiosos, e insoportables, y collejeables a más no poder. Pero no nos podemos olvidar de que también son entrañables, y vulnerables, y en la mayoría de las ocasiones, dolorosamente cercanos. Personalmente, siempre (sí, incluso en la 1ª temporada) he sentido debilidad por Marnie, en la que en muchos momentos me he visto muy reflejada. Pero en realidad todos los personajes de la serie tienen un algo, unos momentos, unas situaciones o unas características en las que es muy fácil verse reflejado, o al menos ver reflejadas a personas y situaciones que todos conocemos muy bien. No sé, igual es la edad, igual es que la estoy viendo en el momento perfecto, pero no hay un solo episodio en el que la serie no me haya hecho pensar, sentir que conocía muy bien lo que me estaban contando. Y en todos sus personajes, desde Shoshanna a Jessa (que supongo que crecería mucho a ojos de todos en el episodio de la semana pasada) veo algo de mí, o algo de alguien a quien conozco. Y no, no me dejo a Hannah, porque en mayor o menor medida, al menos en algún momento, todos somos Hannah. Y quien no lo crea, igual debería mirarse en el espejo.

Girls es una serie que nos habla de unos personajes que están completamente perdidos, que andan completamente faltos de rumbo (algo que, por cierto, la serie refleja especialmente bien). Personajes a los que no les falta de nada, pero a los que al mismo tiempo les falta de todo. Nos habla de personajes que aún están en proceso de madurar, que están en ese punto intermedio en el que aún no tienen ni idea de quiénes son ni de qué quieren, que están descubriéndolo poco a poco y a base de tropiezos (y tengo que decir que el episodio de esta semana, aparte de absolutamente redondo, ha sido especialmente maravilloso en ese sentido, con la revelación de Hannah (por la que supongo que muchos hemos pasado) de que, al fin y al cabo, lo que de verdad quiere es ser feliz).

Por todo esto, no entiendo el odio que muchos le tienen a la serie. Puedo entender que no guste, pero no puedo entender que se la critique como se la critica, porque lo que intenta lo consigue mejor que nadie. Y no puedo entender el odio semi-generalizado a Lena Dunham. Yo la admiro. Y, ojo, no solo porque es tan lista que ha hecho una serie para así poder dedicarse durante un episodio entero a enrollarse con Patrick Wilson, que anda que no es lista ni nada. No, no la admiro (solo) por eso. Sino sobre todo porque capturar esa realidad y transmitir semejante cantidad de sensaciones no es nada fácil. A sus pies, señorita Dunham.

¡Saludos!

PD: Y no podría ser más fan de que básicamente haya decidido que va a enseñar las tetas en todos los episodios (me apuesto lo que sea a que por tocar las narices y reírse de todos después de tanta crítica).
PD2: Que, por cierto, yo entiendo perfectamente que Hannah prefiera pasarse la vida desnuda a tener que ser vista con semejantes modelitos. Es decir, adoro Girls, pero el vestuario de Hannah a veces es como para arrancarse los ojos.
PD3: Y cambiando completamente de tema, tengo que decir que ando sufriendo un poco con la cancelación de The Hour. No porque sea inesperada, porque no lo es, sino porque, por un lado, acabé adorando la serie y a todos sus personajes. Y, por otro, porque ahora que es oficial, estoy procesando del todo ese final tan perfecto y tan triste que tiene.

7 de feb. de 2013

Three Crazies and a Coyote

Hace unas semanas, cuando se estrenó The Following, todo el mundo se puso como loco a hablar de ella. Que si era el mejor estreno de la temporada, que si era absolutamente genial, que si tal, que si cual. Por supuesto, después de todos esos comentarios vinieron las inevitables críticas y protestas (que si va a ser un procedimental más (a eso volveremos otro día), que si nada tiene sentido, etc, etc), pero a eso no le voy a dedicar mucho tiempo hoy. Porque lo que quería decir es que como yo vi el piloto no sé si el mismo día o al día siguiente de que estuviera disponible por ahí, pero aun así más tarde que la mayoría de la gente, para cuando me puse con él el hype estaba ya por las nubes. De todos modos, intento no hacerle mucho caso a estas cosas, y en este caso creo que de hecho no tuvo ningún efecto en mí. Porque si bien no me pareció que fuera la mayor maravilla jamás vista en televisión (ni mucho menos), me pareció lo suficientemente entretenido como para quedármelo. Lo que no sabía entonces, después de ver el piloto, era que la principal razón por la que he disfrutado como una enana con los dos episodios siguientes sería justamente algo que no tenía especial peso en el piloto.

En realidad The Following ahora mismo y al menos en mi cabeza se puede dividir en dos partes perfectamente diferenciadas. Probablemente más adelante acaben uniéndose de alguna manera, pero por ahora se nota perfectamente esa separación, y prácticamente puede verse como dos series en una. En un lado, el lado que justamente acapara más atención en el piloto, nos encontramos con todo el tema de la investigación, con el Ryan de Roger, que diga, Kevin Bacon, intentando pararle los pies a Joe Carroll, un personaje de lo más curioso. Y digo que es de lo más curioso porque, más allá de que puedo entender que si James Purefoy nos pide que hagamos algo, a ver quién va a ser el guapo que le va a decir que no, el personaje en sí tampoco es precisamente el no va más en lo que a carisma se refiere, y sin embargo consigue organizar perfectamente a un grupo de tarados para que se dediquen a matar gente por él, completando su obra. Esta parte de la serie, que en teoría es la principal, es la que me proporciona entretenimiento sin más. Y digo sin más porque no solo es algo que ya hemos visto antes, sino sobre todo porque a mí me recuerda mucho a eso del pobre Coyote y el cruel Correcaminos, con el FBI siendo en este caso el Coyote (con la diferencia de que el FBI no me da lastimica ni tengo ningún interés en que se salgan con la suya), intentando acabar con el Correcaminos (que en este caso sería, evidentemente, todo ese grupo de seguidores que tiene Carroll) y saltando de una muestra de ineptitud extrema a la siguiente. Porque el FBI mete mucho la pata, de una manera prácticamente incomprensible muchas veces... pero no importa lo más mínimo. O al menos a mí no me importa, porque aun así la persecución me resulta medianamente entretenida. Aunque, eso sí, espero que recurran a lo fácil y el agente joven que resulta tan sospechoso (y/o la experta tan experta en sectas que luego no se entera de la misa la mitad) sea otro de los seguidores, aunque sea simplemente porque, por curioso que parezca, al caer en el recurso fácil en una serie que está llena de ellos, no insultarían a nuestra inteligencia. Pero bueno, lo dicho, que esta parte cumple su papel para mí, que es el de servirme simplemente como entretenimiento, y eso lo hace bastante bien.

Y entonces llegamos a la otra parte, que es la que me interesa a mí y lo que hace que The Following pase de ser una serie que me entretiene a una serie a la que le doy prioridad. Y es que me siento total y absolutamente fascinada por el trío de Psychos. Los tres Psychos (también conocidos como el guapo, la loca y el clon de Matty de Awkward) me parecen no solo lo más interesante de la serie, sino también uno de los pocos triángulos que han provocado mi interés en los últimos años. Por muchísimos motivos. Primero de todo, porque ya simplemente como personajes individuales tienen muchísimo que podría ser explorado. Evidentemente, y más teniendo en cuenta la dirección que ha ido tomando la serie en estos capítulos, los tres tienen sus motivos para que Carroll haya conseguido tener una influencia tan grande sobre ellos, y a mí eso es algo que me interesa mucho. Pero también como grupo, por esa dinámica que se crea entre los tres. Porque al encerrar en una misma casa a tres personajes que en principio están todos como una regadera nos proporciona mucho más que un simple triángulo amoroso. Para empezar, crea una lucha de poder muy interesante, que ya estamos viendo entre Paul y Emma, y que supongo que irá haciéndose cada vez más incontrolable. Yo al menos tengo claro que lo que hace que le preste especial atención a la serie es precisamente este grupo, lo que vayan haciendo, cómo vaya desarrollándose su relación y su locura general. Y quiero saber más sobre ellos. Quiero saber más sobre cada uno individualmente (porque, por ejemplo, aunque a pinceladas y ya simplemente a través de sus interacciones, puedo entender qué ha llevado a Emma o a Paul a esa situación, pero de momento poco sabemos sobre Jacob), quiero saber más sobre la relación de Emma y Jacob, y quiero saber más sobre la relación de Jacob y Paul. Y quiero ver hasta dónde va a llevar la lucha constante entre Emma y Paul, entre la necesidad de control de ambos, y ver cómo evoluciona algo que es tan sumamente inestable. Sin olvidarnos, por cierto, de que la vuelta de tuerca que le han dado a la presencia del niño con ellos es, si bien no especialmente imprevisible, sí bastante interesante.

En fin, que The Following me la vendieron por la investigación, y yo me la quedo por esa dinámica del grupo de Psychos (que, por cierto, compro spin-off para ellos tres a la de ya, si es posible en una cadena de cable mejor), sin menospreciar en ningún momento el entretenimiento que supone ese Coyote vs. Correcaminos.

¡Saludos!

PD: Sé que solo la veíamos Meryl Streep y yo, y que realmente tampoco era gran cosa, pero me ha dado algo de pena tener que despedirme de Emily Owens MD. Es decir, peores cosas tiene la CW.
PD2: No sé si lo habré dicho ya, pero el episodio de esta semana de Girls me pareció maravilloso. El mejor de la serie hasta ahora, in my opinion.

5 de feb. de 2013

I will never forget you, rural juror


Después de un mes y pico sin pasarme por aquí (echadle la culpa a los bonitos temarios de Haciendas varias, que me distraen. A eso y a cualquier otra cosa que se os ocurra, que tampoco es que sea muy difícil distraerme), pensaba volver un poco a lo grande. Es decir, pensaba dedicarle una entrada bien hecha, como se merece, a 30 Rock. Y sin embargo me está costando la vida escribir sobre ella. Y no precisamente porque no tenga nada que decir, o porque no me gustara el final, o porque en conjunto la serie me haya dejado sumida en la más total indiferencia, sino justamente por todo lo contrario.

A pesar de que no es una serie que me atrapara a la primera, me ha ido ganando hasta convertirse en una de mis imprescindibles. Sí, tuve que verme los primeros episodios tres o cuatro veces hasta que finalmente le pillé el punto a la serie y me atreví a seguir, pero eso no significa ni mucho menos que no me parezca grandiosa. Porque a partir de ahí fui siendo cada día más fan de Liz Lemon, adoré cada vez más la dinámica que tenía con Jack y me lo pasé mejor y mejor con los chistes que iban haciendo en cada capítulo. 

Sabiendo que esta iba a ser la última temporada, la empecé con la idea de prepararme para despedirme de ella. Y, a pesar de que se veía claramente como una preparación del final, no fui capaz. Cada semana lo pensaba y no acababa de hacerme a la idea de que en no mucho tiempo nos íbamos a quedar sin más episodios. No sé si el mundo en general estaría de acuerdo conmigo (aunque sé que unos cuantos sí), pero esta última temporada me ha hecho reír un montón, y ha tenido todos esos elementos que tanto me encantan en la serie. Por no decir que la campaña de Jack para hundir la NBC, aparte de ser por sí misma divertidísima, nos ha regalado dos de las mejores ideas que he escuchado jamás y que necesito ver YA en mi pantalla: esa genialidad llamada God Cop y, por supuesto, el programa que todos veríamos y disfrutaríamos como unos enanos: Homonym

Por todas estas cosas, parte de mí no acababa de hacerse a la idea de que todo esto se acababa. Y por eso, ese episodio doble que puso final a la serie la semana pasada me pilló un poco por sorpresa. No realmente, no objetivamente, porque está claro que sabía que era el último, sino porque simplemente me costaba creérmelo y me costaba despedirme de Liz Lemon y todos los demás. Que sí, que igual soy un poco drama queen y no es para tanto, pero dejadme en paz con mis dramas. Porque si quiero llorar desconsoladamente en una esquina, estoy perfectamente en mi derecho. Y a ver quién me lo impide.

En fin, que con todo este dar vueltas y no llegar a ninguna parte (mío, no de la serie) sigo sin ser capaz de hacerle una despedida digna a 30 Rock, y eso no puede ser. Así que mejor dejo que se despida ella misma (genialérrima canción vía Jenna Maroney (cuyas frases de despedida a los guionistas me mataron todas y cada una de las veces que salía de la habitación) incluida):

Lemon out!

PD: A ver si estos días voy regresando poquito a poco, que tengo mucho que decir y que comentar. Por ejemplo, que ando mucho más entusiasmada con los estrenos de midseason que con los de septiembre. Y cuando digo esto, me refiero especialmente a que me ha encantado reencontrarme con Keri Russell y Matthew Rhys en The Americans, que ando enganchadísima a una parte de The Following (que hace que vaya a ver, por supuesto, el resto de la serie, aunque lo que me importe de cada episodio sea básicamente lo que haga el trío de Psychos) y que ando enamoradísima de The Carrie Diaries.
PD2: Y, por si fuera poco, ando revisionando Survivor. Porque ver 24 temporadas en un verano (más otra a ritmo de persona normal sin problemas mentales y/o psicológicos) no me parecía suficiente.