27 mar. 2008

Reflexiones sobre animalitos enjaulados :P

A veces, la niña va al zoo. La niña mira a los animales encerrados en sus jaulas. Y los animales la hacen sonreír. Los animales son divertidos y extraños y la niña se lo pasa bien viéndolos saltar de un lado para otro.

Algunos van corriendo hacia ella, buscando llamar su atención. Y lo consiguen, vaya si lo consiguen. La niña quiere jugar con ellos. Y ellos quieren jugar con ella y que ella ría tan alto que ahogue el ruido de la ciudad.

Enormes leones pasean delante de ella. Ella quiere tocarlos, peinarlos como si fuesen una de sus muñecas. Quiere bañarse con esos pingüinos tan graciosos. Quiere jugar con ellos. Y ellos están encantados y son felices cuando la niña ríe con sus pasitos torpes. La serpiente disfruta mostrando una sonrisa amenazadora. Es peligrosa. La niña la mira embelesada y la sonrisa del reptil se vuelve más brillante. Una tigrilla se esconde detrás de las rocas. La niña la ve y sonríe fascinada. ¡Es tan fascinante que estos pequeños animales se escondan de sus ojitos vivaces!

Pero su favorito es un mono de pelo dorado. El mono la sigue a lo largo de las rejas que lo separan de ella. Y juega con ella, la sigue, baila en círculos. Y es feliz cuando ella lo mira con agrado y deja que una sonrisa, mezcla de inocencia y mala idea, ilumine su pequeño rostro.

Pero, un día, otra niña aparece. Es una niña saltarina cuya sonrisa y grititos de alegría superan con creces a los de la primera. Y todos los animales, fascinados, corren hacia ella. Bueno, no todos. La tigrilla se esconde de nuevo y lanza miradas de advertencia a aquellos ojitos que no la dejan en paz. Y el monito sigue a la primera niña, ahora triste, una y otra vez, intentando animarla. Y juega y baila y hace monerías. Pero la niña no sonríe. La niña quiere que los otros animales vuelvan. Quiere que la gente se vuelva y la mire cuando juega con los animalitos. Y ya nadie la mira. Los otros miran a la segunda niña, la de los grititos alegres.

El monito hace mil monerías intentando consolarla. Grita y salta. Juega y baila. Pero a la niña no le importa y lo mira con desdén desde fuera de la jaula. La tigrilla observa desde lejos, escondida en su pequeño rincón. Le apena el pobre monito. A punto está varias veces de echarle un jarro de agua fría por encima, de decirle que espabile. Pero sabe que al monito le daría igual. Y, de todos modos, es muy libre de seguir saltando y bailando para la primera niña.

Un día, la segunda niña se marcha. De nuevo, la primera niña se convierte en la reina del zoo. Todos los animales, excepto la tigrilla, que, después de un cordial saludo, sigue escondiéndose en su rincón, vuelven a seguirla por todo el zoo. Y ella es feliz.

Pero el monito ya no le interesa. De todos modos, él siempre la seguirá, allá donde vaya. No tiene que preocuparse por él.

Sin embargo, el monito se ha cansado. Y aunque a veces quiere seguirla, se queda a un lado y juega con otros niños. Sabe que tal vez vuelva a seguir a la niña de las sonrisas. Pero qué se le va a hacer. Ahora prefiere observar cómo se olvida de él.


Y es que, a veces, no somos más que animalitos enjaulados. Unos son unos presumidos leones. Otros, un monito cariñoso. O una tigrilla, o una serpiente.
Algunos, en vez de simples animales enjaulados, son una niña sonriente (y no estaría bien decir que una niñita sonriente, llena del deseo de que otros observen desde fuera (desde el exterior de su jaula) sus alegres movimientos, es exactamente otro animalito enjaulado).

Quien quiera darse por aludido, es muy libre de hacerlo :P.

¡Saludos!

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