12 jul. 2013

Fire

Últimamente parece que es la época de los regresos. En unos meses hemos pasado a saber que la película de Veronica Mars será una realidad, hemos visto el regreso de Arrested Development con una cuarta temporada por la que muchos no habríamos apostado y, por último, nos hemos reencontrado, o vamos a hacerlo, con (algunos de) los personajes más memorables de Skins. La serie británica comenzó la semana pasada esa especie de séptima temporada, o esa especie de epílogo, que en seis episodios nos pondrá al día de lo que ha ocurrido en las vidas de Effy, Cassie y Cook. Y, de hecho, la primera de estas "continuaciones" de la historia ya está terminada, porque Skins Fire, los dos episodios correspondientes a Effy, terminó esta semana. Y, como ocurre casi siempre cuando traemos de vuelta a personajes a los que la mayoría recordamos con cariño, no ha dejado a todos contentos, sino más bien todo lo contrario, con mucha gente subiéndose por las paredes por razones que son, al menos, entendibles.

Personalmente, estos dos primeros episodios del regreso de Skins no me han resultado tan ofensivos como a otros. Entiendo por qué pueden resultarlo, ojo, lo entiendo perfectamente. Pero al mismo tiempo, e igual porque iba sobre aviso, no me ha molestado tantísimo. De hecho, el primero de los dos episodios me gustó bastante incluso con sus más que obvios fallos. Llámalo factor nostalgia, llámalo lo que quieras, pero durante esa primera hora fui capaz de ver algunos de esos elementos que tanto me habían gustado en los mejores momentos de Skins. A pesar de mil cambios que en ningún momento se hace el más mínimo esfuerzo por justificar, Effy seguía teniendo ese aire un tanto hipnótico que nos había enamorado de ella en la segunda generación. Ese aire hipnótico que arrastraba a otros hacia su propia espiral autodestructiva. Y que, de hecho, sigue existiendo y sigue funcionando bien en estos dos episodios, lo que hace que justamente el personaje de Dom y su relación con Effy y con Naomi sea una de las pocas cosas a las que no soy capaz de ponerles ninguna pega real.

Porque lo cierto es que, a pesar de que ya digo que no tengo ningún problema en admitir que he visto cosas buenas en esta primera entrega del regreso de Skins, también tengo que decir que no le faltan fallos. Quizá el más importante de ellos sea que parece ser que de cara a traernos a estos personajes de vuelta se han olvidado de lo que era Skins, de cuáles eran sus fuertes, qué era lo que se le daba tan bien. Skins ha sido siempre una serie que funciona muy bien aprovechando el drama de las distancias cortas, el drama conocido, sencillo, cercano. Con esos momentos de locura y exageración (cualquiera que haya visto las temporadas anteriores sabrá perfectamente que también estos son algo fundamental en cada generación) empleados siempre de forma puntual y más como consecuencia o como desencadenante de elementos mucho más corrientes y humanos. Aquí, sin embargo, no es así. A través de Effy nos encontramos metidos de lleno en una trama desarrollada en el mundo de las finanzas que parece más digna de una película de sobremesa. Nos introduce en un mundo que, a diferencia de los dramas adolescentes que nos contaron hace unos años, resulta artificial, como de cartón piedra. No podemos conectar con la historia, no podemos conectar con los personajes. No podemos conectar con esta Effy, que se comporta en este mundo (que no necesariamente en el resto) de un modo que no podemos comprender sabiendo lo que sabemos de ella, de su forma de ser, de sus problemas mágicamente eliminados.

Es por eso que probablemente habría sido buena idea haber construido estos episodios al revés. En vez de centrarnos en las aventuras de Effy en el mundo del fraude financiero y los líos con su jefe, quizá la historia habría ganado de habernos centrado en Effy, Naomi y Emily. Me lo habría creído más y probablemente el resultado habría sido bastante mejor. Incluso aunque no cambiaran nada del desenlace de la trama de Naomily, de la que voy a hablar ahora mismo, pero de la que empezaré diciendo que, como tal, como idea, como historia, no tengo ningún problema. Entiendo perfectamente que no todo el mundo esté de acuerdo conmigo, ojo. Entiendo perfectamente lo que significa Naomily, el peso que tiene no ya solo dentro del fandom y el universo Skins, sino dentro de esa colección de historias y tramas lésbicas en las que los finales felices son una leyenda urbana. Y entiendo perfectamente que la suya es justamente una de las historias más completas, complejas y cerradas que nos ha dado esta serie, si no la que más. Por esos dos motivos, entiendo que ese final para Naomily puede resultar insultante, no solo para sus fans, sino directamente hacia su propia historia. Pero al mismo tiempo, soy una de esas personas a las que no les molesta especialmente el drama por el drama, siempre que esté bien hecho. En este caso, lo de bien hecho es a veces cuestionable, pero tampoco me parece completamente horroroso, e incluso tiene algunos momentos bastante decentes. Durante la tercera y la cuarta temporada, tuve mis más y mis menos con Naomi, pero justamente porque a veces me costaba entenderla. Y me costaba entenderla porque no era capaz de ver el puzzle completo, un puzzle completo que, evidentemente, acabaron mostrándonos al final de la historia. Y fue a partir de ahí cuando algo hizo clic en mi cabeza y fui capaz de entender muchas de las cosas que había hecho en el pasado, pero también muchas de las cosas que la convertían en el personaje que era. Y justamente eso mismo sigue siendo aplicable aquí. Si bien no soy capaz de entender algunas de las cosas que nos muestran de Effy sabiendo lo que sabemos de ella, sí que soy capaz de ponerme en la piel de Naomi, porque la entiendo, porque puedo seguir su razonamiento. Porque, de algún modo, la sigo conociendo, incluso cuando hace cosas que parece que están fuera de lugar, que no son las que esperaríamos de ella, o quizá de esa versión idealizada de ella. Al final, ya digo, lo que ocurre con Naomily no es justamente lo que criticaría de este primer regreso.

En definitiva, el problema de Skins Fire para mí no ha sido tanto el drama, sino la artificialidad que envuelve lo que nos cuenta. Algo que quizá no habría ocurrido si se hubieran decidido por centrarse en cualquier otro mundo que probablemente conocieran mejor y más de cerca.

¡Saludos!

PD: Ya que decía de Arrested Development, no creo que llegue a escribir una entrada sobre su cuarta temporada a estas alturas, pero también en ella soy capaz de ver muchos defectos y unas cuantas virtudes. Entre sus virtudes, los geniales episodios de GOB. Entre sus defectos, que en cada episodio me dio la sensación de estar viendo una primera versión, esa versión en la que hay que meter tijera y hay que pulir unas cuantas cosas para obtener el resultado final.