17 may. 2007

¿Ética? (y eso que llaman decadencia...)

En realidad no sé por qué he juntado los dos temas (el segundo ni siquiera es el tema en sí, ya lo veréis xD) en el título, cuando voy a hablar de dos cosas por separado (y brevemente, todo sea dicho).

En primer lugar, tenía que hacer el comentario sobre esa gran desconocida, la "ética" que consigue que unos se queden por debajo del lugar al que podrían llegar (yo ya estaba resignada, así que a mí no me importa demasiado, todo sea dicho xD), porque si no reviento. No voy a especificar más, porque no es plan, y quienes están metidos saben perfectamente de qué estoy hablando. Solo diré que a mí eso de la ética me parece muy bien, pero siempre utilizada en un mundo ideal donde existe esa igualdad de condiciones en la que a muchos les gustaría poder creer. Soy la primera que apoyaría el hacer nuestras apuestas en igualdad, el jugar en igualdad, el enfrentarse en igualdad. Soy la primera que apoyaría eso si la vida consistiese simplemente en ver pasar el tiempo sin hacer nada... pero soy ambiciosa, y eso me lleva a ser competitiva. Y es precisamente mi pobre espíritu competitivo lo que está sufriendo ahora mismo. Porque claro, una cosa es cumplir las normas del juego (que no hay por qué dejar de cumplirlas), y otra muy distinta es decidir que las opciones no escritas, aquellas que con un poco (y solo un poco) de malicia se nos ocurren, son moralmente inaceptables, aun sabiendo que el no recurrir a ellas nos hará jugar en inferioridad de condiciones. En fin, siempre digo que soy idealista (y lo soy, creedme, soy bastante Sansa, para bien o para mal), pero, como dirían en mi casa, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa xD. *Kerita recuerda que todo esto va dicho con buena intención... y no, no está enfadada xDDD*

Y cambiando de tercio, en pocas líneas (que no tengo mucho tiempo), diré que acabo de terminar (literalmente, hace apenas una hora) una maravilla llamada "Muero por dentro", de Robert Silverberg.
Es una novela (de ciencia ficción suave, la llaman) sobre un hombre, telépata de toda la vida, que ve como su don va desapareciendo. Es uno de esos libros que me llamaron la atención en el momento en que los compré, pero que dejé abandonados en una estantería a la espera de encontrar el tiempo necesario para leerlos, y ahora sólo puedo decir que ojalá lo hubiese leído antes... o tal vez no, tal vez cada cosa debe hacerse justo en el momento que se hace, por la razón que sea.
Ha conseguido hacerme reir (sí, por qué no) mientras en mi cabeza daba vueltas el inquietante tema de la decadencia (que aparece de forma bastante intensa a lo largo de toda la novela). Y al terminarlo, me he quedado pensando, algo que acostumbro a hacer cuando un libro me ha transmitido algo. Y sí, este me ha transmitido mucho.
Es demoledor, porque sabes que en cierto sentido es totalmente real; te sientes identificado con David. Y al mismo tiempo es agradable, dulce y simpático, te hace ilusionarte (lo cual no deja de ser extraño, dado el tema (o dureza) de la historia que cuenta).
En fin, aquí os dejo una frase (no la mejor, porque las hay a patadas y no me da tiempo a buscar demasiado): "Sigue adelante, Schoenberg; al menos cuando eras joven tú comprendiste, captaste la verdad y la escribiste en un papel. Te estoy oyendo, viejo. No hagas preguntas, me dices. Acepta. Solo acepta, ese es el lema. Acepta. Acepta. No importa lo que te ocurra, acepta."

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