12 nov. 2007

Harta

Hoy me toca a mí quejarme. No os preocupéis, no va a ir más allá de estas líneas, pero necesito quejarme de esas pequeñas (o no tan pequeñas) chorradas del día a día. Necesito gritar, o algo parecido. Porque si no de verdad que me va a dar algo. Tengo tantas cosas que decir, a todo el mundo, que ya me estoy imaginando cierta escenita peliculera... pero nada, lo que tenga que decir, lo diré cuando tenga que ser. Hasta entonces, aprovecho unas pocas líneas mal utilizadas para gritarle al vacío lo que me molesta un poquito cada día.

Y es que estoy harta de ver cómo el tiempo desaparece como arena entre los dedos. Solo quiero unos minutos, tan solo unos pocos, para mantener una conversación completa. Tengo tantas cosas que decir, todas juntas, que los cinco minutos sumados a otros diez no son suficientes para no dejar la conversación a medias. Así, las cosas se acumulan, y poco a poco, sin casi darme cuenta, van cayendo en el olvido. Tal vez así desaparezca lo que no era importante... pero es que a veces apetece hablar de tonterías. Pues son las pequeñas tonterías lo que hacen un día diferente al anterior y al siguiente.

Estoy harta de tener siempre (SIEMPRE, cada día de la semana) deberes de latín y/o filosofía. Mis tardes tienen poco tiempo, menos que las de los demás, aún no me explico por qué. Si a eso le unimos que todos y cada uno de los días de la semana encontramos alguna traducción, o en las menos de las ocasiones, algún pequeño comentario, apaga y vámonos. Luego no puedo acabar conversaciones, claro.

Estoy harta de gente que se queja por quejarse, una y otra vez sobre lo mismo, y no trata de buscar la solución en su propia persona, sino en los demás. ¿Es que acaso es tan difícil ver que si siempre falla lo mismo, con quien sea, es posible que el problema sea tuyo y no de un mundo que está casualmente en tu contra? Hay veces que me callo estas cosas porque no merece la pena seguir hablando, porque realmente no soy quién para decir nada. Pero si me tocase más de cerca este pequeño caso concreto, tengo claro que no me lo habría callado. Soluciones hay, y muchas, pero si no quiere encontrarlas quien debería, su problema es, no el mío. Por eso, no quiero seguir escuchando quejas inútiles a las que ninguna solución se plantea. Que se aplique el cuento quien crea oportuno.

Estoy harta de ser tan escéptica. Estoy harta de ser tan condenadamente crédula. ¿Es que se olvidaron de incluirme esa pequeña pieza llamada término medio cuando me mandaron de fábrica? A veces me da esa sensación, la verdad.

Estoy harta de preocuparme por una apariencia que yo nunca juzgo. Estoy harta de tener que medir mis actuaciones más medidas, de tener que obligarme a mantenerme dentro de lo que se espera de mí, aunque a veces también esté harta de mantenerme bien apartada de esa maldita línea de tiza.

Estoy harta de tener mil relatos a medias, de ser incapaz de continuar uno hasta el final. Estoy harta de tener un millón de ideas aparcadas en dos millones de baúles escondidos, esperando a ser abiertos uno de estos días que no llegan ahora y nunca llegarán. Quiero escribir por escribir, cerrar los ojos y dejarme llevar, solo eso. Cuando me apetezca, no cuando el reloj me lo permita.

Estoy harta de ser pero no estar, de no querer estar, cuando yo misma lo pido a gritos. Estoy harta de mis ojos. Estoy harta de estar harta de todo, aunque sea solo de vez en cuando. Estoy harta de ver siempre las dos caras a la moneda, de no ser capaz de dejarme llevar por una sola idea al menos de vez en cuando. Quiero hacerlo, quiero no tener que ser siempre tan relativista. A veces me gustaría no serlo, por extraño que le parezca a quien me conozca.

Pero, al menos, yo sé que intentaré cambiar alguna de las cosas de mi pequeña lista de estupideces. ¿De qué sirve si no quejarse? Tal vez lo consiga; tal vez sean esas malditas estupideces las que se rían a causa de mis intentos fallidos de dejarlas atrás. Pero me da igual, porque ya no estaré harta de quedarme quieta, mirando cómo pasa el tiempo jugando conmigo como un niño travieso.

¡Saludos!

1 comentarios:

Manuel dijo...

Me siento identificado en muchas cosas.Pero hay una diferencia pequeña entre tu y yo, tu trabajas más porque yo sacrifico,lo que tengo que hacer,en cierta manera mi futuro,para disfrutar de un poco de libertad,y eso tampoco es sano,pues no tienes nada hecho y avanzas a duras penas.
Y el Tiempo, el tiempo es demasiado fuerte para el ser humano, de hecho es el centro de la existencia y nada de el somos y de el dependemos.