16 nov. 2007

Letras cruzadas VIII: Adam

Siguiente relato, y me quedo sin ninguno de repuesto xD.

Quería luchar otra vez. Necesitaba recuperar el sentimiento que perdiera años atrás, cuando el mundo aún era diferente. Era curioso ver cómo ahora esa necesidad volvía a él, cuando todo parecía un lejano y confuso sueño de juventud. Entonces todo era distinto. Él era diferente, y su mundo, por tanto, también lo era. Se había preguntado dónde había quedado todo aquello, no de forma obsesiva, sino más bien como quien recuerda una anécdota curiosa pero sin demasiada importancia, durante el tiempo que duró su nueva existencia. Ahora, sin embargo, cuando sus días se iban acercando a su fin, ese pensamiento se había ido adueñando de él poco a poco, ocupándole sin avisar, instalándose en cada pequeño recodo de su mente cansada.

Cada instante que pasaba en aquella habitación de hospital era una letra en el conjunto de su memoria. Cada día, un momento se volvía a escribir junto a su almohada, adornado esta vez por el poder del tiempo, que hace hermosos los malos recuerdos. A veces se sentía culpable por haber sido capaz de dejar de lado todo aquello, por olvidar, sin querer olvidar del todo, aquello que una vez fue su vida. Pero, como decía un viejo poema de su perdida juventud, no olvida aquel que sin querer pierde el recuerdo. No era momento para sentirse culpable. No tenía por qué sentirse culpable, si era sincero. Había tenido sus razones para cambiar de lugar, para retirarse del juego. Y, si no mentía, agradecía el tener tantas manos a las que agarrarse ahora, cuando veía el final tan cerca.

De todos modos, su memoria era hábil jugadora del juego del engaño, del volver atrás. Quería obligarse a recordar, y preguntarse qué había sido de todo aquello. Habían sido buenos momentos. Muy buenos, de hecho. Mejores de los que cualquiera hubiera imaginado. Y tenía un estupendo público al que contarle sus pequeñas historias. Un público que asentía en silencio, que se creía invisible en las sombras. Un público que no era capaz de ver su propio brillo.

Él mismo había sido incapaz de verse brillar. Había admirado sin esperar ser mirado mientras se escondía detrás de la sombra del gigante. Entonces, el gigante se había dado la vuelta para subirlo a sus hombros, para que viera mejor, había dicho. Para ser visto, había pensado. Echaba de menos a aquel gigante. Bueno o malo, le había enseñado a brillar por sí mismo, y eso era bastante más que lo que otros habían hecho.

Una vez juró que lo seguiría a donde hiciese falta… En cierto modo lo hizo, a decir verdad. Lucho. Ganó. Perdió. Vio sangre y escuchó gritos. Sonrío. Creó memorias. Entonces fue cuando todo acabó, cuando vio el final acercarse y mantenerlo siempre a dos pasos, impotente. Aquella vez se acercó en forma de locura disfrazada de llama. Aquella vez consumió al gigante, siempre seguro, mientras él alargaba la mano en un gesto de asentimiento que contrastaba con su vista vuelta hacia atrás, lejos del brillo, ocultando unos ojos que lloraban. No había dicho adiós. Para él, el gigante solo se había escondido, y estaba seguro de que algún día volvería.

Lo cierto era que no había vuelto, y que jamás lo haría. Él se había marchado. Había empezado de cero, dejando un pequeño rincón en las sombras a sus recuerdos pasados, esperando volver a ellos más adelante. Pero su vida había continuado. Durante días. Durante meses. Durante años que se transformaron en décadas.

Y ahora, cuando por fin el final se le acercaba, alargándole una mano silenciosa y pálida, se paraba a pensar en lo que fue. ¿Y si el gigante nunca se había marchado? ¿Y si solo fue él el que prefirió dejarlo atrás al darse la vuelta?


PD: Ando releyendo a Larra. ¡Qué grande era este hombre!

¡Saludos!

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