26 nov. 2007

Letras cruzadas IX: Russel

Ale, siguiente. Tengo otros dos escritos, a ver si algún año de estos los paso a ordenador, que se me van acumulando...

Empezaba a oscurecer, como siempre a aquella hora, más o menos. La gente se movía como grupos de hormiguitas atareadas entre el humo de los coches. Era un buen día. El frío se le quedaba pegado a los huesos, pero daba igual; nadie podría quitarle esa sonrisa de satisfacción anticipada de los labios. No, nadie lo haría. Llevaba meses preparándolo; años esperándolo. Ahora todo se desvanecería para dejar paso a la culminación de todo aquello; al único fin posible; al único válido, después de todo. Sería un paso. Después le seguiría otro. Y finalmente, una explosión. Luz. Oscuridad. Silencio. Y el mundo habría cambiado. Él no estaría allí para verlo, pero estaba seguro de que quienes abriesen los ojos al día siguiente, lo harían a un mundo nuevo.

Era él el que finalmente se había atrevido a conseguir el cambio que todos pedían entre gritos de desesperación. Él. El que había dado un paso al frente, seguro, sin dudarlo un instante, mientras los demás lo miraban con una mezcla de admiración y envidia. Lo sentía. Lo sabía. Él, que en su vida había reunido tan pocas miradas de respeto que podía contarlas con los dedos de una sola mano. Ahora todos sabrían que el chico del gueto se había convertido en alguien. Lo sabrían y se morderían los labios en un gesto de vergüenza, de remordimientos contenidos. Sabrían que en su comprensión, se había transformado en el salvador de aquellos que lo habían repudiado.

Porque él creía en la posibilidad de un mañana distinto. Aunque no fuese su mañana.

Había llegado el momento. Ya estaba a las puertas de aquel maldito edificio en el que unos incompetentes tiraban a la basura los segundos de aquellas hormiguitas atareadas. Había llegado el momento. Había llegado la hora.

Miró al frente, sin parpadear. Ahora empezaba a estar nervioso. Sentía el peso de un acontecimiento futuro presionándole el pecho. Sentía la fuerza de una mano que tiraba de él hacia el pasado. El suelo se abría, tratando de atarlo al presente. Querían que se echase atrás. Trataban de asustarlo. No lo conseguirían. No, no serían unos simples nervios los que le hiciesen fracasar.

Fue entonces, justo cuando trataba de ascender, de superar el miedo, cuando lo vio a lo lejos. Sus ojos se cruzaron en una mirada de comprensión, como tantas veces antes. Finalmente, fue Russel el que por una vez bajó la mirada, contestando con una negativa a aquella petición silenciosa. Aquellos ojos lo habían seguido hasta el final, confiando a ciegas en él. Aquellos ojos lo habían convertido en alguien; le habían dado fuerzas. Y ahora se despedían de él con una mezcla de admiración y respeto.

Asintió. Gracias, decía. Gracias por todo. Gracias por estar. Gracias por venir a despedirte. Gracias por darme fuerzas una vez más. Una última mirada. Un último asentimiento. Un último signo de respeto mutuo. Y la mirada se fue también, aceptando una decisión conocida desde antes. Hasta siempre.

Un segundo. Otro. El reloj marcaba el paso de los segundos, lentamente, pesando delicadamente cada instante. Muchos bajaban con prisas los escalones grises. Los menos, los subían, rápidamente, pensando o sin pensar. Un paso. Luego otro. También él tenía que dar su paso. Era la hora. La hora.

Una explosión. Luz. Oscuridad. Silencio.


PD: ¿Por qué nadie sabe quién es Seth Green? Al final voy a tener que hacer una entrada con algún vídeo del muchacho... porque nadie... nadie sabe quién es T___T.

¡Saludos!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

ibaspmiuo http://crush-the-castle.com Crush The Castle