21 mar. 2010

Punto y aparte

Esta semana tocaba despedirse de los chicos de Skins. Pensaba dedicarle una entrada a esta cuarta temporada. Al final del capítulo de Effy, que nos dejó a unos cuantos sin saber muy bien cómo tomárnoslo (a mí acabó gustándome. Al fin y al cabo, Skins lo que tiene es que es una serie que mezcla estupendamente el esperpento y las exageraciones con unos personajes bastante humanos. Y eso fue nada más que una muestra de ello. Por eso me quedo conforme). A mis otras (muchas) impresiones generales después de haber visto este último capítulo.

Pero no lo voy a hacer. Porque la verdad es que no sabría muy bien qué decir. A mí me ha gustado, sí, pero tampoco sabría decir muy bien por qué. Porque es Skins. Y porque esa es su forma de hacer las cosas. Y a mí, ya lo digo, me encanta.


Por eso haré nada más que una entrada cortita, despidiéndome de esta segunda generación. Porque fueron unos personajes a los que en principio cogí con un poco de miedo. Tenían que ponerse a la altura de los de la primera generación. Y no es fácil ponerse en el mismo escalón que Tony, Cassie o Chris.

Pero a su manera lo hicieron. Se pusieron en su propio escalón y fueron un conjunto de personajes totalmente distintos a los de la primera generación. Quizá por eso puedo decir que, una vez me hice a ellos, he disfrutado un montón con sus idas y venidas. No son Tony y compañía, pero tampoco intentan serlo. Bastante tienen siendo quienes son.

Así, estas tercera y cuarta temporadas, a pesar de sus fallos (el centrarse demasiado en el triángulo Cook-Effy-Freddie en la tercera, y la desestructuración de la cuarta), han tenido algo muy bueno: me han hecho cogerles (de nuevo) cariño a sus personajes. Y ahora los voy a echar de menos, igual que eché de menos a los de la primera generación.


Porque si bien los hay que tampoco me dicen demasiado (Naomi, aunque en este último capítulo ha subido varios peldaños. O Freddie, al que le tenía una manía tremenda hasta hace tan solo dos capítulos), también hay otros muy grandes. Cook ha pasado de ser una sombra desfasada de Chris a ser grande por sus propios méritos, convirtiéndose en mi favorito con diferencia de estas dos temporadas. Effy, a la que ya conocíamos de antes, ha sido quizá la que más ha cambiado. A algunos les gustará más y a otros menos. A mí, el resultado final, después de pasar por varias etapas, me ha gustado mucho. Y está Katie, un personaje adorable pero al que a veces resulta un poco difícil ver. Y Pandora y Thomas, que están hechos el uno para el otro porque los dos son un cacho de pan con patas (por cierto, la canción que le canta Pandora a Effy en este último capitulo se ha quedado como uno de mis momentos favoritos de toda la serie). Y Emily y JJ, a los que me hubiera gustado que sacaran algo más

Ahora se van y nos dejan con un final abierto y algo agridulce, un poco como ya pasó con la primera generación. Y aun así, bastante positivo. De nuevo, algo que ya pasó con la primera generación.


Y sé que cuando empiece la quinta los echaré de menos a todos ellos. Y sé que me costará quizá al principio acostumbrarme a los nuevos personajes. Pero confio en que me pasará con la tercera igual que me pasó con la segunda generación. Porque si los guionistas se las han apañado para hacer dos grupos de personajes totalmente diferentes pero igualmente grandes, eso no es casualidad. Pueden apañárselas para volverlo a hacer.

¡Saludos!

PD: Últimamente me ha dado por las series inglesas. Y es que desde que dejé a un lado mi manía por el acento, estoy descubriendo un mundo.