5 abr. 2013

A cute little show

Cuando sigues series made in USA, no es difícil ir enterándose de las novedades y estrenos que van llegando. Quieras que no, entre los críticos, las propias cadenas y simplemente los comentarios de la gente en sitios como twitter (para qué engañarnos, yo me entero del 90% de las cosas a través de mi TL, y lo agradezco mucho), al final nos enteramos perfectamente de cuándo empieza qué, qué actores están en qué proyectos y hasta los números que se espera que haga cada cosa.
Si ya hablamos de series canadienses o británicas (sobre todo las segundas), entonces ya la cosa empieza a complicarse un poco, aunque aun así sigue siendo posible enterarse de qué viene cuando. Porque, aunque por ejemplo los británicos igual deciden no avisar de que vuelve una serie hasta el día anterior a su regreso, sigue siendo físicamente posible estar más o menos enterado de la existencia de bastantes series (y de la vida que llevan, y esas cosas).
Pero, claro, luego ya está el caso de las series australianas y ahí ya sí que estamos todos completamente perdidos. Principalmente porque, aunque algunos hayamos seguido alguna, no estamos acostumbrados a seguirlas del modo en que seguimos series made in USA, y claro, no nos enteramos de nada.

Por eso, ni me había enterado de la existencia de Please Like Me hasta que leí un comentario de @saulcastillo que hizo que me picara un poco la curiosidad y le echara un vistazo. Y me alegro un montón de haberlo hecho, porque he disfrutado muchísimo de los seis episodios que tiene su primera (y por ahora única) temporada. La serie, que es un tanto autobiográfica, está creada por Josh Thomas (que os digo desde ya que, con obvias diferencias y salvando las distancias, es un poquito Lena Dunham a su manera) y, como digo, tiene seis episodios de veintitantos minutos, que la verdad es que se pasan volando.

El punto de arranque de Please Like Me es en realidad una acumulación de acontecimientos en un mismo día en la vida de Josh, que está a punto de cumplir veintiún años. Primero su novia de varios años lo deja (con la intención de seguir siendo amigos, eso sí), después se lía con Geoffrey, un buenorro más raro que un perro verde al que conoce en el trabajo de Tom, su mejor (y único) amigo y compañero de piso. Y, por último, a la mañana siguiente se despierta para encontrarse con un montón de llamadas avisándole de que su madre había intentado suicidarse combinando pastillas y media botella de Baileys.

Dicho así, uno igual piensa que se encuentra ante un dramón, o algo parecido, pero no, ni mucho menos. La serie junta muy bien los dos mundos de Josh (su familia y sus amigos), de manera que conseguimos echarnos unas risas prácticamente con todos ellos. Además, hace que acabemos cogiendo cariño a todos los personajes (o casi, porque Niamh está ahí para ser una perra del infierno, aunque a veces dé un poco de penilla. O igual es que soy muy blanda, qué sé yo). Empezando por Josh, que aunque tenga sus momentos collejeables (again, salvando las distancias, su personaje, siendo completamente distinto, es un poco Hannah, aunque probablemente caiga bien a más gente que ella), también tiene su encanto y resulta bastante entrañable. Pero, como digo, en realidad todos los personajes tienen su aquel. La familia de Josh, con ese entrañable desastre que son sus padres y la grandeza general de Mae (la novia de su padre) y de Aunty Peg, da lugar a momentos divertidísimos. Y lo mismo ocurre con sus amigos. La amistad de Josh y Tom es adorable, igual que lo es Claire (que además es guapísima). Y, por supuesto, está Geoffrey, que, aparte de servirnos de eye candy, es tan amor con patas que tiene que ser de los personajes más adorables en televisión últimamente, en el sentido de que muchas veces recuerda a un cachorrillo (aunque admito que con alguien así a mí me pasaría exactamente lo mismo que a Josh. Soy una mala persona, lo sé).

Con todo esto, Please Like Me resulta ser una especie de mezcla perfecta entre entrañable (en serio, esta es la palabra clave para definir la serie. Es lo primero que se me viene a la cabeza cuando la veo) y divertida. Tiene un tono, un enfoque y un punto de vista que, de nuevo salvando las distancias y aun siendo bastante diferente en prácticamente todo, recuerda un poco a Girls. Y es además de esas dramedias en las que el género está clarísimo, puesto que mezcla momentos y situaciones más dramáticas con momentos indudablemente divertidos y muy buenrollistas. Pero, sobre todo, lo que decía antes, la serie es muy entrañable. Todo en ella, desde sus personajes a las distintas tramas, es amor. Y lo mejor de todo es que a pesar de ello en ningún momento resulta empalagosa.

La verdad es que de series aussies no controlo prácticamente nada, así que no tengo ni la más mínima idea de cómo le ha ido en audiencias, ni de qué posibilidades tiene de renovación. Así que, mientras cruzo los dedos para que le den una segunda temporada, lo único que puedo hacer es seguir animándoos a que le deis una oportunidad. Ya veréis que merece la pena.

¡Saludos!

PD: ¿Quién se apunta conmigo a quemar cosas en la puerta de las oficinas de la CW si no renuevan The Carrie Diaries (o son buenas personas y se la regalan a la ABC Family, que encajaría muy bien ahí)? Le he cogido tanto cariño a la Carrie adolescente y a todos los personajes que la rodean que necesito que renueve.
PD2: Me llama la atención que en la Shameless británica se estén marcando una última temporada que al menos hasta ahora está girando en torno a personajes relativamente secundarios. Más que nada porque pensaba que ahora de cara al final se irían centrando más en los Maguire, a falta de Gallaghers. Que no quiere decir que me esté pareciendo mala temporada, eh. De hecho, está teniendo algunos episodios bastante aceptables. Como el de esta semana, que les quedó bastante bien.