23 abr. 2013

All men must die, but we are not men

Últimamente, desde que comenzaron sus respectivas temporadas hace unas semanas, más bien, me estoy dando cuenta de que no hago más que poner a Mad Men y a Game of Thrones en el mismo grupo de series. Es cierto que se trata de dos series que en principio no comparten nada de nada. No comparten ambientación, no comparten temática, no comparten estilo. Y, sin embargo, ya digo que no puedo evitar ver similitudes entre ambas, y que de vez en cuando me encuentro haciendo comentarios sobre una de ellas que son perfectamente aplicables también a la otra.
Y la razón de que esto ocurra se encuentra, probablemente para sorpresa de unos cuantos, en sus personajes femeninos. Y digo que para sorpresa de algunos porque es probable que si preguntas por ahí, muchos te digan que se trata de dos series tradicionalmente "masculinas" (si eso existe), aunque la verdad es que nunca lo he visto necesariamente así. Pero claro, en esta temporada en la que andamos metidos resulta especialmente obvio porque cada vez que aparece un personaje femenino en cualquiera de las dos series se come la pantalla. Y eso es totalmente incuestionable.

El caso de Mad Men llama especialmente la atención por dos motivos (y más esta temporada, aunque ya digo que siempre han estado ahí). Por un lado, nos presenta a unos personajes femeninos fuertes en una época esencialmente muy machista. Y, por otro, nos presenta a unos personajes femeninos cada vez más fuertes que resaltan especialmente en contraposición con unos personajes masculinos cada vez más hundidos, perdidos y, en definitiva, debilitados por todo y todos.
Las mujeres de Mad Men son muy conscientes de sus circunstancias, y se las apañan para crecer, fortalecerse y hacerse oír a pesar de ellas. O precisamente a través de ellas. Y así, en una serie donde hay muchas cosas que me gustan (ya digo que, por ejemplo, todo lo que tenga que ver con Pete me encanta), son sus escenas las que más espero cada semana.
Desde el interesantísimo crecimiento de Peggy (a cualquiera que lleve la serie al día le invito a echar la vista atrás y recordar a la Peggy del principio) a la lucha de Joan por hacerse respetar, pasando por la dignidad y el control de Trudy (especialmente en contraposición con el abismo en el que se encuentra su marido). Hablo de una fuerza, un desarrollo y una profundidad que se ven en todas, también en Megan, ahora en Dawn o incluso en Sally Draper. Y, por mucho que a algunos les extrañe, no puedo dejar de incluir en esta lista a ese fascinante personaje llamado Betty Draper, que es mucho más que lo que ese inicial letargo parecía indicar.

Entonces llegamos a Game of Thrones, una serie donde de nuevo los propios personajes fremeninos han resaltado en alguna escena lo injusto de la situación de la que parten, pero también las ventajas que se les presentan gracias a ella, y los modos propios a los que tienen la posibilidad de recurrir. Y ahí tenemos a Daenerys merendándose a todos en cualquier episodio en general y en el final del episodio de esta semana en particular. Porque me juego lo que sea a que a prácticamente todas (a todos supongo que también) nos dieron ganas de ponernos a conquistar ciudades por lo menos.
Y hablo de Daenerys porque es de los personajes más llamativos, pero tan grandes como ella me parecen las dos mujeres Tyrell. La Reina de las Espinas y su nieta Margaery se están comiendo Desembarco a base de usar su cerebro, su encanto y su capacidad para manipular, controlar y volver la situación a su favor.
Claro que, como ya ocurría en Mad Men, no son ellas solas. Por pesada que a algunos les parezca, la fortaleza de madre en Cat es digna de admirar. Igual que lo es, a pesar de sus tropiezos e incluso viendo que sus mejores momentos están quedando atrás, el personaje de Cersei. Y creo que a estas alturas no hace falta que diga lo muchísimo que me gusta el personaje de Sansa, y cómo pasito a pasito la vamos viendo despertar y espabilar.

Por supuesto, no es que sean las únicas series con personajes femeninos fuertes y bien construidos, ni mucho menos. Igual que no son las únicas capaces de enviar unos mensajes tan positivos de un modo que resulta absolutamente fundamental para la historia. Para nada. De hecho, últimamente me da la sensación de que estamos en una buena época en este sentido, y encontramos mensajes similares en series tan distintas como The Good Wife o The Carrie Diaries, o en personajes como Skyler White de Breaking Bad (hala, ya lo he dicho).
E igual a algunos os parece una tontería, pero a mí es algo que me inspira mucho. Y es una de esas cosas que hacen que disfrute tantísimo de esto de las series.

¡Saludos!

PD: Ya he terminado la primera temporada de Spartacus y, a pesar de que de verdad que no me llamaba absolutamente nada, tengo que decir que me ha encantado. Me ha enganchado muchísimo (hasta el punto de que me he ventilado la temporada en una semana, teniendo otras series de las que llevo al día entre medio), y el final me ha parecido absolutamente grandioso. Muy recomendable.

19 abr. 2013

Arranques tardíos (y necesarios)

Después de la imagen, hablo sobre lo que llevamos de temporada de Survivor y, más concretamente, de lo ocurrido en el episodio emitido esta semana. A partir de ahí, leed bajo vuestra responsabilidad.
La última vez que escribí sobre Survivor, comenté lo decepcionante que me estaba resultando esta temporada. Después de una temporada que a mí al menos me pareció maravillosa en casi todos los sentidos, Survivor había vuelto con todos los peores elementos que jamás tuvo el reality concentrados en una sola edición y elevados al máximo en un cierto número de personajes. Sin olvidarnos, por supuesto, de que en esa primera mitad de temporada tuvo uno de los momentos más despreciables y vergonzosos que recuerdo en todas las temporadas. Desde entonces, sin embargo, mucho tiempo ha pasado. Y, una vez superado ese punto crítico que es siempre la merge, por fin podemos decir que la temporada ha arrancado. Y, de paso, por fin nos está dando ese tipo de momentos por los que merece la pena seguir el programa cada semana.

No todo es oro, claro, y por eso voy a hacer una cosa y quitarme de en medio lo que para mí ha sido lo peor desde la última vez que comenté, para irnos rápidamente a lo que me está encantando. Por supuesto, hasta esta semana (gracias, Malcolm) hemos tenido que aguantar a Phillip, y a eso me refería con "lo peor". Hemos tenido que aguantar a Phillip poniéndoles motes estúpidos a todos, dándose importancia y nombrando a Boston Rob al menos veinte veces por episodio. Evidentemente, a mí me agotaba verlo durante más de tres segundos en mi pantalla, así que os podéis imaginar lo contenta que he acabado con los encargados del montaje, y su amor por ese tipo de entretenimiento. Porque, in my opinion, en estos últimos episodios no ha habido absolutamente nada peor que Phillip, y ellos seguían empeñados en sacarlo continuamente. No es que sea tampoco muy fan del cuarto de neurona que consiguen juntar entre Reynold y Eddie, conste, pero con ellos ocurre no solo que son un mal necesario, sino que al menos tienen cierta utilidad cuando los empleamos para reírnos de ellos y de su estupidez general (cada vez que abren la boca demuestran que sí, podían ser aún más estúpidos y batir su propio récord anterior. Por no decir que el diálogo de besugos entre Eddie y Andrea de la semana pasada es oro puro).

Luego están aquellos a los que no presto mucha atención porque muchas veces ni siquiera recuerdo que existen (sí, Brenda, te miro a ti. Y a ti también, Erik. Y a ti también, Sherri). Y están aquellas en las que al menos aprecio el esfuerzo por intentar jugar (aunque no siempre de la forma acertada) y aun así me molestan especialmente por algún motivo, como Andrea, su media neurona y su sutileza nivel apisonadora. O como Dawn y su ser Dawn. Pero aparte de los molestos, los invisibles y las "quiero y no puedo", hay dos personas que sí que me están gustando bastante.

La primera de ellas, para mi propia sorpresa, es Cochran. Y digo para mi sorpresa porque no solo su falta de juego me pareció ridícula en SP, sino que además el muchacho directamente me cayó especialmente mal entonces. Aquí, en cambio, ocurre todo lo contrario. Puede que sea todo cosa del montaje, pero el muchacho me está cayendo bastante simpático. Y, sobre todo, puedo apreciar y valorar su juego. Está siendo lo suficientemente discreto como para aprovechar al máximo su cualidad más útil: que puede pasar desapercibido sin resultar completamente invisible. Y, aunque igual a algunos les parece que se limita a jugar el juego de otros, creo que es muy consciente de lo que hace y por qué en cada momento, y que ha aprovechado de forma bastante inteligente las oportunidades que se le han ido presentado para colocarse en una posición bastante buena.

Y la segunda persona que me está encantando es Malcolm, por supuesto. Mi Malcolm. Ya la temporada pasada no tuve más que palabras positivas para hablar de él, y esta temporada lo adoro aún más. Y no solo por hacernos a todos un favor y librarnos de Phillip, sino porque además, viendo cuál es la situación desde la que parte y por extraño que a algunos les parezca, su juego, sobre todo en este último episodio, me está pareciendo brillante. A estas alturas, todos (incluido el propio Malcolm) sabemos que la probabilidad de que gane es bastante cercana a cero. Y por eso su mejor opción es jugar a lo kamikaze. No tiene nada que perder realmente, y lo mejor que puede hacer (en vez de tirar la toalla, o aislarse del todo o intentar negociar a la desesperada, que son opciones que hemos visto en otras ediciones) es intentar elevar esa probabilidad arrasando con todo y arriesgando todo en cada momento. Y por eso su jugada en el TC de esta semana, aunque le supusiera quedarse sin ídolos, me pareció genial. Por un lado protegió a su alianza para aguantar un día más (por ahora no puede planificar a más largo plazo) y, por otro, creó un caos relativo en la otra. No creo que haber explicado la jugada de los ídolos a su alianza antes del TC hubiera sido algo positivo (recordemos que Eddie es el bocazas que salvó a Andrea indirectamente la semana pasada) y negociar con los que creían que estaban los últimos en la otra alianza ya ha quedado claro que no era una opción. 
Vayamos ahora entonces a la segunda cuestión. ¿Por qué apuntar a Phillip? ¿Por qué no mantener la boca cerrada y dejar que los otros acabaran en el caos más absoluto? Pues porque Phillip era una buena opción, así de simple. Y de este modo se aseguraban de que, de cambiar los del otro lado su voto, no decidieran ponerse de acuerdo y votar a alguien que no les habría supuesto ningún beneficio, como es Sherri. ¿Y por qué es Phillip una buena opción? Pues por varios motivos. Primero, porque Malcolm es buena persona y piensa en los que sufrimos a Phillip desde casa. Segundo, porque puestos a seguir ahí un día más, que sea sin la persona más molesta del universo. Y tercero (y este es el que yo más valoraría de no estar ahí el primero), porque a pesar de que por sí mismo Phillip tiene el pensamiento estratégico de una piedra, sí que tiene valor estratégico en los planes de otros. Phillip es una cabra de manual, la persona perfecta con la que ir al F3. Y, por eso, su salida significa que muchos de ellos se tienen que replantear sus planes a largo plazo, y que además se desequilibra una alianza cuya base estaba precisamente ahí. Phillip no tenía poder real, pero el concepto de Phillip sí que lo tenía, y ahí está la clave. El resultado: caos general, que es lo que mejor le viene a Malcolm.

¿Significa eso que Malcolm deje de estar en peligro? Pues no, para qué engañarnos. Ni mucho menos. Aunque sus posibilidades han mejorado un poco (quizá de una probabilidad del 1% de llegar al F3, ahora hemos pasado a un 5%. Algo es algo). Y, sobre todo, se ha ganado un puesto en una hipotética tercera temporada, ya sea por el valor estratégico de la jugada que comento o simplemente porque todos deberíamos estarle eternamente agradecidos.

Ahora nos queda ver cómo se sigue desarrollando la temporada, y si son capaces de mantener el movimiento que ha habido en estos dos últimos episodios. Yo espero que así sea y, de hecho, creo que sí que va a ser así al menos en cierto modo, y que las cosas no van a quedarse quietas e iremos viendo cómo va desarmándose esa tranquilidad que ha habido hasta ahora. Empezando con ese inminente enfrentamiento entre Dawn y Andrea (me juego lo que sea a que Dawn o Brenda van a suponer la caída de Andrea. Mark my words).

¡Saludos!

PD: Por si alguno no se ha enterado, ha vuelto Awkward. Y el primer episodio de la temporada no es que haya sido gran cosa (tampoco espantoso ni nada), pero el segundo ha estado bastante bien, in my opinion.

16 abr. 2013

Arreglando Idol

Cualquiera que me haya tenido que aguantar durante al menos algunos meses, sabrá que habitualmente lo vivo mucho con Idol. Es decir, no llego ni de lejos a los niveles de adoración y obsesión que tengo con sytycd, pero aun así me gusta bastante. Habrá temporadas que me gusten más y temporadas que me gusten menos, gente que me guste más y gente que me guste menos, sí, pero normalmente es un programa que espero más o menos con ganas cada semana. Esto es, hasta que llegó esta temporada que está emitiéndose ahora, claro, porque creo que no estoy ni mucho menos sola cuando digo que probablemente nos encontramos ante la peor temporada del programa. Y la cosa es que ellos mismos se lo han buscado.

Después de años sin conseguir que una chica gane el reality musical, este año parece que lo han forzado de tal manera y han manipulado tanto las cosas, que al final lo van a conseguir. De un modo muy triste y muy ridículo, pero lo van a conseguir. Lo que me hace gracia es que aún hay gente encantada de la vida por eso, aunque esté aburriéndose hasta morir con cada gala. Y, ojo, que yo no tendría ningún problema con que ganara una chica... siempre que se lo merezca (y eso me guste o no, que los gustos van aparte). Pero apoyar que gane una de estas chicas por el simple hecho de ser una chica me parece absurdamente estúpido.

De todos modos, a pesar de todo, le sigo teniendo un cierto cariño al programa. Y, aunque está más que claro que viéndolo como el producto que es, se encuentra en fase de madurez o incluso declive, creo que aún le queda un tiempecillo entre nosotros. Es por eso que, con toda la buena intención del mundo, pongo mi granito de arena y aporto algunas sencillísimas ideas con las que, si tito Nigel aplicara sus neuronas de forma medianamente correcta, podría evitarse que nos encontrásemos ante otra temporada tan espantosa como esta.

  1. Replanteémonos el programa desde la fase de casting: Hay una razón muy clara por la que hacía años que no ganaba una chica, y no me refiero precisamente a madres y abuelas votando como si les fuera la vida en ello (las crías adolescentes hace mucho tiempo que dejaron de ser el factor más relevante). El problema está en que por cada chica medianamente original que se colaba en el programa, había otras veinte cortadas todas por el mismo patrón: apariencia mona pero inofensiva, adoración por Mariah, Whitney, Celine Dion y las acrobacias vocales, y un amor incondicional por las baladas. El resultado era que nos encontramos con un montón de chicas que suenan absolutamente anticuadas y mortalmente aburridas. Por tanto, la solución no estaría en rebajar el nivel de los chicos (como han hecho esta temporada), sino en elegirlos bien a todos, chicas incluidas, desde un punto de partida que no parezca sacado de los años 90. Además, convendría dotar a todas las temporadas de cierta variedad en lo que a concursantes se refiere; no es necesario que haya diez clones cantando cosas similares cada semana.
  2. Actualizar los temas: Ni sé la de veces que habremos escuchado las diez mismas canciones a lo largo de las temporadas. Ojo, que ni siquiera estoy pidiendo que se les obligue a cantar canciones más actuales (para qué voy a mentir, muchas veces casi que prefiero canciones que tienen ya sus añitos), pero sí que creo que hace falta que se les dé la posibilidad de elegirlas. Para ello, en vez de dedicar galas a artistas concretos, estaría bien que eligieran temas más abiertos (en relación a la temática que traten los temas que tienen que elegir, etc). En ese sentido, en otros sitios no sé, pero al menos el X Factor británico, que es el que veo yo, le da mil vueltas a Idol, independientemente de que el formato también tenga sus fallos en otras cosas.
  3. Reduzcamos la inutilidad de los jueces: Entiendo perfectamente que el jurado añade un punto de entretenimiento y que en ese sentido es relativamente necesario y el público lo espera. Pero cuando ocupan más de cuarenta minutos (sin exagerar) del programa sin decir absolutamente nada, es que algo no funciona. Para empezar, no hacen falta cuatro jueces, con tres íbamos más que sobrados. Y tampoco creo que se fuera a notar mucho si alguien le daba por fin la patada a Randy, que lleva toda la vida en el programa sin aportar absolutamente nada. Por lo demás, el programa necesita críticos, no un equipo de animadoras. Y, sea lo que sea, hace falta cierto dinamismo, no a varias personas durmiendo a los muertos cada vez que abren la boca.
  4. Límite de baladas: Igual que en sytycd a cada uno le "toca" un estilo, aquí deberían repartir a suerte (o como a los señores productores les parezca, que a mí me da igual) si a alguien le toca cantar una balada o algo más rápido, asegurándose de que en una misma gala las baladas no puedan superar en número a la mitad de las canciones totales. Para cuando quede un número impar de concursantes, es tan sencillo como permitir una balada más de la mitad, o una canción rápida más de la mitad, al gusto de los organizadores. Y en cuanto empiecen a cantar dos canciones cada uno, se les obliga a cantar una de cada. No tiene más complicación.
  5. La cultura musical no muerde: Duele ver el desconocimiento musical básico (que no estoy hablando de nada excepcional, eh. Me refiero a haber escuchado alguna vez en tu vida Let It Be) que tienen muchos de los concursantes. Por eso, estaría bien que Idol les diera una serie de clases aceleradas a la semana. Lo que, por otro lado, pondría a unos cuantos en posición de elegir canciones fuera de la lista básica que les dan cada semana. Al fin y al cabo, muchos de los momentos memorables en Idol se consiguen así.
Evidentemente lo que comento son solo unos apuntes, y hay otras mil cosas que podrían hacerse. Pero son ideas sencillísimas, basadas totalmente en el sentido común y que además se le ocurren a cualquiera en un par de minutos y que, a pesar de todo ello, es obvio que solucionarían unos cuantos de los problemas que tiene ahora mismo el programa. Estaría bien que a alguno se le encendiera la bombilla y le diera por aplicar alguna de ellas. Si no, de todos modos, podemos mantener la esperanza, que la teoría de los tres años (según la cual, básicamente, las temporadas múltiplo de tres son siempre más flojas) nos dice que la temporada que viene será mejor.

¡Saludos!

PD: Cada vez estoy más y más enamorada de las mujeres de Mad Men. Sin que esto diga nada malo del resto de personajes (sin ir más lejos, mi personaje favorito de la serie es Pete), como personajes me parecen de lo mejorcito de la serie.
PD2: Ya sé que probablemente a nadie le interese, pero necesito decir que ha vuelto Veep y que me he dado cuenta de que la echaba bastante de menos. Es mucho más divertida de lo que parece.

12 abr. 2013

How far would you go?

A lo largo de estos últimos días he estado viendo The Booth at the End, una serie que por un motivo o por otro tenía desde hacía bastante tiempo acumulando polvo esperando que encontrara el momento adecuado para verla. Bueno, no, por un motivo o por otro no, es que siempre había alguien que me insistía (mucho) en alguna otra serie de veinte minutos y acababa ocupando su lugar por pesados. Y, como nadie me insistía excesivamente en esta, se iba quedando abandonada. El caso es que recuerdo que hace bastante tiempo alguien la recomendó, y luego no recuerdo apenas haberle oído a nadie hablar de ella, así que la pobre siguió esperando su turno. Y la cosa es que encima es una serie que ya desde la primera vez que me hablaron de ella me llamó la atención y supe que probablemente me iba a gustar. Y así ha sido.

Para que os hagáis una idea sobre el argumento de la serie, en cada episodio (que dura veinte minutos, de ahí que otras series de veinte minutos fueran malvadas y le fueran quitando el puesto en mi lista de series que voy viendo a mi ritmo) asistimos a las conversaciones de un puñado de personajes con un extraño misterioso que se sienta al fondo en el típico "diner" americano (de ahí el título de la serie, obviamente). ¿Que de qué van esas conversaciones? Pues básicamente cada uno de los personajes le va explicando los avances que va realizando respecto a una tarea que el extraño les ha encargado. Una tarea que, si deciden cumplirla, les asegura que obtendrán el deseo que ellos previamente han hecho.

En realidad la serie entera se desarrolla en torno a estas conversaciones, en un solo escenario. Y a través de ellas vamos descubriendo, por supuesto, los miedos de cada personaje, ligados casi siempre (o siempre) irremediablemente a aquello que quieren conseguir. Pero también vamos conociendo más de sus motivaciones y, sobre todo, vamos viendo hasta dónde son capaces de llegar para conseguir aquello que más quieren.

Porque lo que piden es algo que necesitan tanto que no pueden dejarlo a merced de la casualidad. Y es que nadie les dice que el cumplir ellos esa tarea que les encarga (y que nadie les obliga a cumplir, sino que deben cumplir ellos por voluntad propia) sea la única manera de conseguir lo que quieren. Al contrario, todo puede ocurrir por muchos motivos. Pero este método es el único que les proporciona una seguridad que en su desesperación necesitan casi más que respirar.

Por eso es la mejor manera de descubrir sus límites, esos límites que en una situación normal ellos probablemente nunca habrían cruzado, pero que tienen que replantearse una vez se enfrentan a la posibilidad de no poder conseguir lo que más desean, lo que creen con todas sus fuerzas que necesitan. Claro que replantearse esos límites nunca es fácil, y por eso vemos a todos estos personajes luchar consigo mismos para aceptar esos límites hasta los que, para su propia sorpresa, muchas veces son capaces de llegar.

Pero también puede ocurrir que en muchas ocasiones los personajes vayan cambiando ante nuestros ojos. Lo que hacen, lo que se plantean, la gente que se va cruzando en su camino, todo puede hacer que sus prioridades cambien, que ellos cambien. Y puede ocurrir que aquello que tanto deseaban deje de ser aquello por lo que cruzarían tantas líneas. O puede que siga siéndolo, pero sean conscientes de ello de otra manera. O puede que lo consigan y, sin trucos ni engaños, no les haga sentirse como ellos esperaban.

En conjunto, The Booth at the End me ofrece básicamente algunas de las cosas que más valoro cuando veo una serie. Me ofrece personajes, me ofrece sus motivaciones y sus miedos. Y por eso la verdad es que ambas temporadas me han gustado bastante. Lo que no quiere decir que me parezca que ambas están al mismo nivel. De hecho, creo que se produce un salto de calidad bastante importante entre la primera y la segunda temporada. Los personajes de la segunda temporada (uno de ellos, por cierto, interpretado por mi querido Noel Fisher, al que ya alabé bastante en la entrada que escribí el otro día sobre Shameless, pero que nunca está de más mencionarlo) están mejor construidos, y sus tramas y problemas son más interesantes y, sobre todo, están mejor relacionados. Pero además la serie sabe añadir un punto de misterio (a través del personaje de Doris) que aporta a la serie un toque bastante interesante. Y hace que una serie que ya de entrada merecía la pena, la merezca aún más.

¡Saludos!

PD: Ya sé que hablo mucho sobre Southland, y que algunos estaréis ya hartos de escucharme (o leerme) decir maravillas sobre ella, pero es que todo lo que diga es poco. Semana a semana nos ofrece episodios estupendos y personajes aún mejores. Y luego encima nos llega con episodios como el de esta semana y directamente no puedo hacer otra cosa que ponerme a sus pies. Duro, impactante y, sobre todo, capaz de dejarte sin palabras y con ciertas escenas grabadas a fuego en tu mente durante muchísimo tiempo. Poquísimas series han conseguido a través de ciertos episodios tener un efecto tan fuerte en mí como el que ha tenido este episodio de Southland. Y entre esas poquísimas series entrarían grandes como The Wire o In Treatment. Series grandes entre las que no tengo ninguna duda de que Southland se ha ganado ya su lugar.
PD2: Y ayer fue día de capitulazos, porque el de The Americans (sobre la que debería hablar un día de estos) también fue especialmente maravilloso. Estoy encantada con el camino que ha tomado la serie. Y, sobre todo, estoy encantada con lo que están haciendo con el desarrollo de sus personajes y con las relaciones y la dinámica entre ellos.

9 abr. 2013

Emmy for Emmy

Después de la imagen, hablo sobre la tercera temporada de Shameless (versión USA). Posibles spoilers incluidos, que de todo hay que avisar.
Este domingo acabó la tercera temporada de Shameless y, una vez más, me he sorprendido a mí misma al darme cuenta de que, con lo mucho que he disfrutado con los dramas de los Gallagher, aún no he hablado de ella por aquí últimamente. Y, lo dicho, lo merece. Vaya que si lo merece. 
No es ningún secreto, principalmente porque siempre siento la imperiosa necesidad de contarle a todo el mundo lo que opino de todo (y esto no es la excepción), que Shameless (la versión de Showtime, aunque la original británica también) me encanta. Y que me gustó la primera temporada, pero fue en la segunda cuando consiguieron ganarme del todo. Y que no tengo muy claro en qué posición quedaría la tercera para mí, porque no sé si me ha gustado tanto como la segunda o incluso más. El caso es que estoy encantadísima con la temporada, y que dentro de lo buena que me ha parecido en conjunto, ha habido varias tramas que me han gustado especialmente.

La primera de ellas ha sido la que tiene que ver con la relación de Jimmy y Fiona (momento que aprovecho para reivindicar lo que digo en el título de la entrada, y para gritar a los cuatro vientos lo injusto que es que se ignore a Emmy Rossum como se la ignora en las entregas de premios). Sé que hubo mucha gente a la que no le gustó nada ese "cambio de personalidad" de Jimmy esta temporada, pero yo no lo vi así. Todo lo contrario, de hecho. Aunque, a pesar de todas las cosas buenas que tiene, Shameless no es siempre perfectamente constante en muchos aspectos, lo que hace Jimmy esta temporada no es uno de esos fallos, sino que yo lo vi perfectamente coherente con lo que sabemos de él y de cómo es (y de cómo ha llegado a la situación donde se encuentra, buscando qué). Es decir, tuve mis problemas al principio con él y su no contarle nada a Fiona sobre el culebrón que tenía montado con los brasileños, pero del mismo modo que he tenido problemas con Fiona tomando decisiones que los afectaban a ambos sin tenerlo a él realmente en cuenta. O ignorando y despreciando los problemas de Jimmy porque en comparación no le parecían para tanto (cuando al fin y al cabo no se trata de eso. Los problemas de Jimmy para él son tan problemas como los de cualquiera, pero encaja muy bien en la personalidad de Fiona no darse cuenta de esas cosas). Con ellos dos, Shameless ha conseguido ese pequeño milagro de hacerme entender ambos lados de la discusión, y apoyarlos a los dos. Porque a su manera los dos tienen razón. Y si esto es lo último que vemos de Jimmy, me parecerá además un cierre adecuado para el personaje. Triste, sí, pero adecuado. Y acabando en una nota alta.

Otra trama que me ha gustado mucho, y con la que de paso también he sufrido mucho, es la de Ian y Mickey. Y tengo que decir que buena parte de la culpa de que me haya implicado tantísimo en esta trama la tiene Noel Fisher, que no me voy a cansar de decir que, in my opinion, es de lo mejorcito de un reparto que como conjunto está ya por encima de la media, y que a pesar de salir bastante menos de lo que debería (no, en serio, me mata profundamente que de los hermanos Milkovich sea Mandy la que chupa cámara como si le fuera la vida en ello, cuando sin disgustarme el personaje, Emma Greenwell me parece bastante más limitada como actriz), sabe aprovechar a la perfección cada segundo que aparece en pantalla. Pero bueno, habilidades interpretativas de Noel Fisher aparte, estos dos siempre me parten el corazón, y ya sabéis que para mí eso en una serie es algo positivo. Y es por lo complicado de su relación (que, ojo, no siempre soy shipper de estos dos, que los aprecio a ambos y hay muchos asuntos que resolver entre medio para que uno de los dos no acabe muerto), lo perfectamente mal que está Mickey y todo el drama que traen con ellos, que agradezco que se separaran de la versión británica (cualquier parecido entre ambas ahora es pura coincidencia. Lo que, por otra parte, no está mal y me permite adorar ambas siendo series bastante diferentes) y nos den algo completamente distinto. Algo más dramático y complejo y que, para qué engañarnos, es de mis mayores alicientes para seguir la serie semana a semana.

Y por último tengo que hablar de Lip, que me ha encantado. No tanto por toda la locura de Mandy y Karen (aunque la verdad es que me dan algo de pena ambas), sino por lo bien que han retratado ese paralelismo entre Lip y Frank, que siempre ha estado ahí, pero sobre el que tiene sentido que hagan hincapié ahora que Lip se encuentra en ese punto en el que tiene que decidir el camino que quiere seguir. Y es que, de todos los Gallagher, es Lip el que más se parece a su padre, por curioso que pudiera parecer en temporadas anteriores (ahora menos, que para algo han insistido en ello). Ambos son más listos que el hambre, y ambos ven el mundo de un modo similarmente cínico. Dale a Lip un par de empujones en la dirección equivocada (y tampoco es que hagan falta empujones demasiado fuertes) y tienes a Frank. Lo que no deja de ser curioso, porque muchas veces llama la atención lo extremo de lo peor de Frank y nos preguntamos cómo es que alguien llega a ser así. Y la respuesta ha estado delante de nuestras narices desde la primera temporada en la forma de Lip; él es un Frank en potencia.

Pero conste que no he adorado esta temporada únicamente por estas tres cosas, porque hay más, y son muchas y como me pare a comentarlas una a una necesitaría varias semanas. Debbie, por ejemplo, ha tenido momentos estupendos. Y el propio Frank ha tenido momentos muy brillantes. Y, de hecho, en este último episodio ha quedado muy clara su importancia para la serie y para los propios Gallagher (y de paso nos ha dado escenas tremendas con Lip, Fiona y Carl). Así, esta temporada se despide con buena nota y un engañoso sabor a series finale (por si alguno se asusta, está renovada, que quede claro). Y al menos a mí me deja con muchas ganas de saber qué nos traerá la cuarta temporada.

¡Saludos!

PD: Este último episodio de Doctor Who es todo lo que es bueno de esta serie. Emocionada perdida acabé, y eso que hacía un tiempecillo que no me pasaba.
PD2: Me ha gustado el regreso de Mad Men, aunque personalmente me habría valido con un episodio normal en vez de dos. Lo mejor, eso sí, Peggy y Betty. Con diferencia, además.

7 abr. 2013

El drama de los Miller

He decidido que voy a empezar otra de mis cruzadas particulares. Porque no hay más que convencerme para ver alguna serie que no vea apenas nadie, que como me guste y me implique, no voy a parar de recomendarla hasta que la gente empiece a hacerme caso por pesada. Y esta vez la serie que necesito recomendar una y otra vez hasta que os hartéis de mí es Prisoners Wives. Conste que hasta hace unas tres semanas más o menos a mí ni se me había ocurrido tampoco ponerme aún con ella. Pero me animé, le eché un vistazo y me sorprendió muchísimo. Hasta el punto de que he acabado tan enamorada de esta serie que siento la necesidad de hacerle comprender al mundo lo maravillosa que es. De convencer a todo el mundo de que no se limite a leer el título de la serie y pensar que nada bueno puede salir de ahí, porque se estarían perdiendo mucho más de lo que parece a simple vista.

Y eso que en la primera temporada nunca acabé de conectar con el personaje de Gemma, que en teoría es esa especie de inocente heroína con la que el público debe conectar (eso sí, no os penséis que llegó a caerme mal tampoco. Ninguna de las mujeres de esta serie ha llegado a caerme mal. Son todas demasiado complejas, demasiado fuertes y demasiado interesantes como para merecer mi odio), con lo que un cuarto de la temporada no acabó de interesarme del todo (cada temporada gira en torno a cuatro mujeres relacionadas de algún modo con un preso. Dos de ellas repiten en la segunda temporada, mientras que las otras cambian de una temporada a otra). Claro que Lou, con todas sus mejores y peores cualidades, me pareció un personaje mucho más accesible. Y Harriet es alguien a quien merece muchísimo la pena ver cambiar, evolucionar, salir de ese escondite en el que lleva años encerrada y en general seguir un camino que se completa en la segunda temporada. Aunque, por supuesto LA familia de esta serie, los que siempre brillan y se convierten en el corazón de todo, son los Miller, con Francesca a la cabeza.

Es quizá por eso que los cuatro episodios de los que se compone la segunda temporada han sabido brillar mejor. No solo porque la fuerza dramática y las posibilidades de lo que nos cuenta a través de ellos son mayores que con todos los demás, sino también literalmente porque han acabado fusionando historias y ocupando la mitad de la temporada ellos solitos, de una forma que resulta perfectamente coherente y natural.
Lo que no quiere decir que el resto quede para nada, ni mucho menos. Ya he dicho que la evolución de Harriet es una verdadera pasada, y que el hecho de que la serie sepa transmitir esa sensación de camino recorrido es algo que merece muchísimos aplausos. Pero además la historia de Kim (interpretada por Sally Carman, a la que yo le tengo bastante cariño porque es Kelly en la Shameless británica, y que además me provocó un shock tremendo el verla sin los veinte kilos de maquillaje multicolor con el que estoy acostumbrada a verla) nos parte el corazón, nos empuja al suelo, nos levanta y, sobre todo, nos hace vivir cada segundo de lo que nos cuenta, luchando y sufriendo con ella.

Pero, aun así, es indudable que los Miller son el elemento central. A ellos los hemos visto ir cayendo desde esa tranquilidad y comodidad relativa con que los conocimos hasta acabar tocando fondo. Hemos visto a Franny ensuciarse las manos, literal y figuradamente. Hemos visto la inocencia y el desencanto de Lauren, y las ganas de querer perdonar, con los inevitables batacazos que van atados a esto, de ella y de Frank. Y hemos visto a Matt juguetear con la idea de seguir los pasos de su padre, y acabar en un agujero donde no esperaba encontrarse. Y enredando en su caída a Aisling (mi adorada Karla Crome), una chica que sabe mejor que nadie que nada es simplemente blanco o negro, que todo es mucho más complicado que eso. Y que conoce mejor que nadie lo que es vivir a la sombra de los errores de otros, y aun viendo la parte más humana, cercana y bienintencionada de todo, sabe que tiene que decir basta.
Y todo ello ocurre ante los ojos de un cada vez más impotente Paul, que ve cómo sus buenas intenciones y malos métodos afectan y dañan a los que más quiere.

Es por esta historia y este desarrollo que la segunda temporada acaba resultando más impactante que la primera, y que sus cuatro episodios son simplemente perfectos. Una perfección que se mantiene hasta un final de temporada con el que cuesta contener las lágrimas y que expresa un mundo a través de una mirada (lo que es capaz de transmitir esta serie utilizando las miradas de sus protagonistas es impresionante. Y es algo que se repite muchísimo a lo largo de los episodios. Sin ir más lejos, en este último hay tres especialmente destacables: la de Franny al final, la de Aisling y la detective, y la de Kim y su vecina). Aún no se sabe si la BBC le dará una tercera temporada (aunque los números que hace, sin ser espectaculares, son bastante aceptables, con lo que estoy relativamente tranquila), pero yo necesito seguir sufriendo con los Miller.

¡Saludos!

PD: Ha acabado la temporada de Comic Book Men y ahora siento como que me falta algo. A ver si escribo sobre ellos algún día de estos, que siempre quiero y luego lo voy dejando y no puede ser, que lo merecen y mucho.

5 abr. 2013

A cute little show

Cuando sigues series made in USA, no es difícil ir enterándose de las novedades y estrenos que van llegando. Quieras que no, entre los críticos, las propias cadenas y simplemente los comentarios de la gente en sitios como twitter (para qué engañarnos, yo me entero del 90% de las cosas a través de mi TL, y lo agradezco mucho), al final nos enteramos perfectamente de cuándo empieza qué, qué actores están en qué proyectos y hasta los números que se espera que haga cada cosa.
Si ya hablamos de series canadienses o británicas (sobre todo las segundas), entonces ya la cosa empieza a complicarse un poco, aunque aun así sigue siendo posible enterarse de qué viene cuando. Porque, aunque por ejemplo los británicos igual deciden no avisar de que vuelve una serie hasta el día anterior a su regreso, sigue siendo físicamente posible estar más o menos enterado de la existencia de bastantes series (y de la vida que llevan, y esas cosas).
Pero, claro, luego ya está el caso de las series australianas y ahí ya sí que estamos todos completamente perdidos. Principalmente porque, aunque algunos hayamos seguido alguna, no estamos acostumbrados a seguirlas del modo en que seguimos series made in USA, y claro, no nos enteramos de nada.

Por eso, ni me había enterado de la existencia de Please Like Me hasta que leí un comentario de @saulcastillo que hizo que me picara un poco la curiosidad y le echara un vistazo. Y me alegro un montón de haberlo hecho, porque he disfrutado muchísimo de los seis episodios que tiene su primera (y por ahora única) temporada. La serie, que es un tanto autobiográfica, está creada por Josh Thomas (que os digo desde ya que, con obvias diferencias y salvando las distancias, es un poquito Lena Dunham a su manera) y, como digo, tiene seis episodios de veintitantos minutos, que la verdad es que se pasan volando.

El punto de arranque de Please Like Me es en realidad una acumulación de acontecimientos en un mismo día en la vida de Josh, que está a punto de cumplir veintiún años. Primero su novia de varios años lo deja (con la intención de seguir siendo amigos, eso sí), después se lía con Geoffrey, un buenorro más raro que un perro verde al que conoce en el trabajo de Tom, su mejor (y único) amigo y compañero de piso. Y, por último, a la mañana siguiente se despierta para encontrarse con un montón de llamadas avisándole de que su madre había intentado suicidarse combinando pastillas y media botella de Baileys.

Dicho así, uno igual piensa que se encuentra ante un dramón, o algo parecido, pero no, ni mucho menos. La serie junta muy bien los dos mundos de Josh (su familia y sus amigos), de manera que conseguimos echarnos unas risas prácticamente con todos ellos. Además, hace que acabemos cogiendo cariño a todos los personajes (o casi, porque Niamh está ahí para ser una perra del infierno, aunque a veces dé un poco de penilla. O igual es que soy muy blanda, qué sé yo). Empezando por Josh, que aunque tenga sus momentos collejeables (again, salvando las distancias, su personaje, siendo completamente distinto, es un poco Hannah, aunque probablemente caiga bien a más gente que ella), también tiene su encanto y resulta bastante entrañable. Pero, como digo, en realidad todos los personajes tienen su aquel. La familia de Josh, con ese entrañable desastre que son sus padres y la grandeza general de Mae (la novia de su padre) y de Aunty Peg, da lugar a momentos divertidísimos. Y lo mismo ocurre con sus amigos. La amistad de Josh y Tom es adorable, igual que lo es Claire (que además es guapísima). Y, por supuesto, está Geoffrey, que, aparte de servirnos de eye candy, es tan amor con patas que tiene que ser de los personajes más adorables en televisión últimamente, en el sentido de que muchas veces recuerda a un cachorrillo (aunque admito que con alguien así a mí me pasaría exactamente lo mismo que a Josh. Soy una mala persona, lo sé).

Con todo esto, Please Like Me resulta ser una especie de mezcla perfecta entre entrañable (en serio, esta es la palabra clave para definir la serie. Es lo primero que se me viene a la cabeza cuando la veo) y divertida. Tiene un tono, un enfoque y un punto de vista que, de nuevo salvando las distancias y aun siendo bastante diferente en prácticamente todo, recuerda un poco a Girls. Y es además de esas dramedias en las que el género está clarísimo, puesto que mezcla momentos y situaciones más dramáticas con momentos indudablemente divertidos y muy buenrollistas. Pero, sobre todo, lo que decía antes, la serie es muy entrañable. Todo en ella, desde sus personajes a las distintas tramas, es amor. Y lo mejor de todo es que a pesar de ello en ningún momento resulta empalagosa.

La verdad es que de series aussies no controlo prácticamente nada, así que no tengo ni la más mínima idea de cómo le ha ido en audiencias, ni de qué posibilidades tiene de renovación. Así que, mientras cruzo los dedos para que le den una segunda temporada, lo único que puedo hacer es seguir animándoos a que le deis una oportunidad. Ya veréis que merece la pena.

¡Saludos!

PD: ¿Quién se apunta conmigo a quemar cosas en la puerta de las oficinas de la CW si no renuevan The Carrie Diaries (o son buenas personas y se la regalan a la ABC Family, que encajaría muy bien ahí)? Le he cogido tanto cariño a la Carrie adolescente y a todos los personajes que la rodean que necesito que renueve.
PD2: Me llama la atención que en la Shameless británica se estén marcando una última temporada que al menos hasta ahora está girando en torno a personajes relativamente secundarios. Más que nada porque pensaba que ahora de cara al final se irían centrando más en los Maguire, a falta de Gallaghers. Que no quiere decir que me esté pareciendo mala temporada, eh. De hecho, está teniendo algunos episodios bastante aceptables. Como el de esta semana, que les quedó bastante bien.

1 abr. 2013

Guerra de companions

No sé si os habréis enterado, pero este sábado volvió Doctor Who. Sí, sí, a mí también me ha pillado completamente por sorpresa (si ahora os digo que también ha vuelto GoT nos explota la cabeza a todos), pero la cosa es eso, que ha vuelto. Y, con él y como no podría ser de otra manera, han vuelto también los dos temas típicos de debate, de discusión y de creación de guerras y conflictos de carácter internacional. El primero de ellos es eso de si Moffat es el anticristo o una especie de dios que se ha tomado la molestia de bendecir a los simples mortales con su presencia. Y, por mucho que a algunos igual les extrañe, siendo yo como soy con mis opiniones, el caso es que aquí me sitúo en un bonito punto intermedio. Porque a pesar de que Moffat se ganó mi admiración durante el resto de mi existencia por esa maravilla llamada Coupling, también soy capaz de ver los errores que comete en Doctor Who. Y soy capaz de emocionarme como una cría cuando hace las cosas bien, que también ocurre y mucho. Vamos, que me pasa lo mismo que me pasaba con RTD. Y, siendo dos estilos diferentes, soy capaz de apreciar a ambos.

Así que, puesto que aquí no tengo nada que añadir, pasemos directamente al segundo tema. Un segundo tema que nunca falla en aparecer cada vez que hablamos de Doctor Who, y que siempre desemboca irremediablemente en discusiones circulares. Este segundo tema es obviamente la guerra de companions, en la que cada uno defiende a capa y espada a su favorita. Ay, cómo nos gustan las discusiones inútiles que no llegan a ninguna parte. Si es que dan un sentido a nuestra existencia, no se puede negar.

En general, creo que no me equivoco al decir que la opinión popular en este tema es la de que Rose es la mejor companion de todas. Opinión que, como algunos sabréis y otros todavía no, no comparto en absoluto. Es más, tengo bastante claro que, sin llegar al extremo de odiarla, Rose es la companion que menos me gusta de esta nueva etapa. No sé si por ser la primera o por lo llamativo de su historia con el Doctor, pero la gente por lo general ve en Rose algo que yo simplemente soy incapaz de ver. Nadie niega que haya un cierto encanto en el personaje de la entrañable poligonera, pero para mí nunca fue más allá de ello, mientras que todas las demás me aportaron algo más allá de esa entrañabilidad inicial.

Muy diferente es lo que me ocurre con Martha. Porque para mí, y como supongo que los que no lo supierais de antes ya habéis podido adivinar, Martha Jones es y siempre ha sido la mejor companion, mi favorita. Y esta es una opinión que, salvo notables excepciones, no suele compartir casi nadie. Es cierto que Martha sufre más que nadie la sombra de Rose, no solo en lo que a los fans se refiere (a algunos les costó superar la salida de la entrañable poligonera y aún se la guardan a la pobre Martha, estoy convencida), sino también por parte del propio Doctor, algo que evidentemente tiene su importancia en la serie y en el propio viaje del personaje. Y por eso, aunque su relación y su dinámica con el Doctor tenga casi siempre un aire algo triste, aprendí a valorarla detalle a detalle y momento a momento a lo largo de su paso por la serie. Y la independencia y la fuerza que tiene el personaje (recordemos, entre otras cosas, que es la única que sale ella sola y por su propia voluntad, evitando así enredarse indefinidamente en esa relación tan tóxica que inevitablemente tiene el Doctor con todas sus companions) hace que sea de lejos mi favorita. La companion a la que más admiro y a la que más cariño le tengo. Y todo eso sin necesidad de recordar siquiera lo grandiosa que fue en el final de la tercera temporada, y que resume tan bien lo enorme que es Martha.

En cuanto a Donna y Amy, las tengo continuamente peleando por el segundo puesto. De Donna admiro mucho y aprecio especialmente esa forma de ser suya, esa manera que tiene de poner al Doctor en su sitio y que es tan propia y específica de ella. Y en cuanto a Amy, casi siempre me pareció un personaje adorable, pero sin perder esa cierta frescura y fuerza que para mí nunca acabó de tener del todo Rose. Y, a pesar de que la presencia de Rory le hiciera perder un poco (y conste que adoro a Rory, y adoro la relación de Amy y Rory, pero está bastante claro que hace que pierda fuerza la dinámica entre el Doctor y su companion, que para mí es fundamental), nunca deja de estar ahí.

Pues eso, no hay nada más entretenido en el mundo que discutir sobre companions, entre otras cosas porque es una de esas discusiones en las que jamás nos vamos a poner de acuerdo, simple y llanamente porque cada uno tiene a su favorita. Y saber que ahora hay una más que añadir a la lista hace que saquemos otra vez el tema. Personalmente, aunque Clara me cae simpática, aún no sé dónde la pondría, y probablemente no lo sabré hasta que hayan pasado unos cuantos episodios. Aunque, eso sí, en este episodio le he visto unas cuantas salidas bastante propias de Donna, y eso siempre está bien.

¡Saludos!

PD: Creo que a estas alturas ya podemos darles las gracias a Nigel y sus amigos por haberle hecho caso al público protestón y haber creado la edición de Idol más aburrida en la historia del universo. ´
PD2: Le di una oportunidad al piloto de Orphan Black y, a pesar de que tiene cosas muy cutres y que todo en general es un WTF como una casa, me entretuvo bastante. De momento me la quedo.
PD3: Después de acabarme la primera temporada de Prisoners Wives, me he puesto al día con la segunda y tengo que decir que me está pareciendo verdaderamente maravillosa. El drama está mejor conseguido que en la primera, y que se hayan incorporado dos actrices a las que por distintos motivos les tengo bastante cariño (por si a alguien le interesa saber quiénes, son Karla Crome y Sally Carman) le da aún más puntos a todo.