28 ene. 2014

El frío del oro

Cualquiera que me conozca un poco sabrá que soy bastante alérgica a todo episodio que dure más de una hora. Sé que es problema mío y de nadie más, pero al pasar de los sesenta minutos (de hecho, habitualmente algo antes) tengo serios problemas para mantener cierto nivel de atención y no me entero de absolutamente nada, con lo que tengo que programar pausas cada vez que veo un episodio más largo. Por eso, que Discovery Channel decidiera emitir Klondike en tres episodios de hora y media larga en vez de los seis más cortos en los que se suponía que tenía que haberla emitido, me tiraba un poco para atrás. Si a eso le añadimos que el tema en sí tampoco me interesaba especialmente, la verdad es que pocas ganas tenía de echarle un vistazo, y ni de lejos me había planteado verla entera. Pero precisamente por eso para mí tiene aún más mérito que la miniserie consiguiera llamarme la atención lo suficiente como para dejar de lado todos esos inconvenientes y vérmela entera a lo largo de este pasado fin de semana.

La miniserie sigue a Bill Haskell (el guapérrimo Richard Madden), que decide al acabar sus estudios irse a la aventura a buscar suerte y fortuna con su mejor amigo, camino que los lleva al territorio canadiense de Yukón, una de las últimas zonas donde se vivió la fiebre del oro. Y así en general, pues me pareció muy clásica en su planteamiento, pero dicho en el mejor sentido de la palabra. Porque esa forma tan clásica de contar esa historia hace que resulte bastante entretenida, incluso a pesar de los episodios tan condenadamente largos.

Ayuda también, claro, que los personajes estén lo suficientemente conseguidos como para que nos importe lo que les pasa y, aunque a veces Bill se pase de bueno buenísimo, y el personaje de Tim Roth se pase de malo malísimo, no es algo que chirríe. Y ni siquiera está tan llevado al extremo todo el rato. De hecho, Klondike hace un esfuerzo por mostrarnos cómo, a pesar de que el lugar, la avaricia y todo lo que va asociado a ello, sacan a menudo lo peor del ser humano, también quedan otros matices y otros aspectos que muestran que no todo está perdido. A pesar de todo, la miniserie se las apaña para mostrarnos ambos aspectos al mismo tiempo, a menudo en los mismos personajes. Es por eso mismo que la escena de un funeral un tanto curioso que ocurre en el último de los tres episodios me pareció tan maravillosa, porque resume especialmente bien esa mezcla de lo peor y lo mejor del ser humano que refleja la historia en sí.

Claro que personajes aparte, si hay algo que de verdad merezca la pena de Klondike es esa ambientación tan estupenda que tiene, con unos paisajes que son una verdadera gozada. Y lo digo yo, que habitualmente no les suelo dar prioridad a estas cosas, pero de verdad que son una auténtica maravilla.

Con todo, lo cierto es que no, probablemente no estemos ante la mejor miniserie de la historia de la televisión, pero tampoco intenta serlo. Lo que intenta ser es algo correcto y muy entretenido, que además se nota bien hecho. Y lo que intenta lo consigue de sobra, que no es poco.

¡Saludos!

PD: Ayer descubrí la existencia de Uncle, una comedia británica que empezó hace poquito (llevan tres episodios emitidos ahora mismo) y que va, literalmente, sobre un tío y su sobrino. Dicho así no parece gran cosa, pero la verdad es que los dos episodios que llevo vistos me han gustado mucho, y tiene un humor un poco suyo, pero a su manera resulta hasta entrañable. Y el niño es lo mejor de la vida, he dicho.