4 mar. 2013

De vuelta en Chatsworth

De un tiempo a esta parte, todo el mundo anda enamorado perdido de la Shameless que nos llega desde USA a través de Showtime. Y con razón, todo hay que decirlo. Porque es cierto que los Gallagher de Chicago consiguen que entremos en todos sus dramas, que suframos con ellos y que al mismo tiempo nos lo pasemos estupendamente. De hecho, y precisamente más en esta temporada que en las anteriores (y eso que adoré profundamente las temporadas anteriores), me estoy implicando más que nunca, y estoy viviendo la serie más que nunca.

Lo que, curiosamente, hace que me acuerde ahora más que nunca de la original, de la Shameless británica que ya existía muchos años antes de que apareciera esta. De los Gallagher de Manchester y toda la fauna que los rodeaba en Chatsworth. Porque fueron ellos los que me enamoraron primero de esa dinámica familiar y, si no me equivoco, me hicieron descubrir a ese genio llamado Paul Abbott (creo que hasta que no vi Shameless no había visto nada más suyo). Me los han recordado porque esa sensación de implicarme en todo lo que les ocurre de una forma muy específica es algo que esos otros Gallagher me habían provocado antes. Y si al hecho de que de repente los de Chicago me hicieran recordar lo mejor de los de Manchester, le unimos el anuncio de que la temporada que comenzó a emitirse la semana pasada iba a ser la última (y que iba a venir cargada de regresos, porque a estas alturas puedo contar los miembros del reparto original que quedan en la serie con los dedos de una mano. Y de hecho me sobrarían más de la mitad de los dedos), pues la verdad es que conseguimos lo único que se podía conseguir, que me entraran unas ganas tremendas de reconciliarme con la serie, de darle una segunda oportunidad. De verme las temporadas que me quedaban y acabarla al día, porque a pesar de todos los altibajos, la gente de Chatsworth me había dado tantos momentos buenos que se habían ganado esa segunda oportunidad. Y todas las que hicieran falta.

Antes de que a más de uno le dé por salir corriendo y decida no darle jamás una oportunidad a la serie británica, dejadme que me explique, y que explique el cariño que siempre le voy a tener, incluso después de admitir que sí, que acabó consiguiendo que la medio-abandonara. Y es que siempre le voy a tener muchísimo cariño porque las cuatro primeras temporadas son una verdadera maravilla. Pero de verdad. No es que se dejen ver y sirvan para echar el rato, no, es que son simplemente estupendas, llenas de todos los elementos que le ganan un puesto a la serie entre lo mejor de lo mejor. Están repletas de grandes personajes, de grandes tramas, y tiene ese toque tan gamberro y al mismo completamente entrañable que no se puede comparar a nada más (no, ni siquiera a la versión americana. Es algo muy específico y muy especial, una marca de identidad completamente suya). Por las cuatro primeras temporadas, la serie tiene el cielo ganado, no hay otra. Después vinieron otras dos temporadas que tienen de todo. Tienen momentos mejores y tienen momentos peores, aunque en general aprueban de sobra. Y, de hecho, el final de la sexta temporada tiene uno de los mejores momentos de la serie, y uno de mis favoritos de todas las series que he visto (si ya la habéis visto y, por tanto, sois inmunes a los spoilers, lo podéis ver aquí. Si no, mejor esperad a llegar a ese episodio en la serie, porque es un spoiler tamaño camión). El problema realmente vino después, con la 7ª y la 8ª temporada. En estas dos temporadas, la progresiva salida de personajes que hasta el momento habían sido fundamentales, unida a la entrada de otros que no acababan de aportar mucho hizo que la serie perdiera ese espíritu que la hacía tan especial. Y no ayudó que además la 8ª temporada sea la más larga de la serie, doblando en número de episodios a las primeras. Fue precisamente en esta temporada donde perdí la paciencia, donde pensé que igual era mejor bajarme del carro y ya está.

Sin embargo, como digo, me atreví a volver. Y esperando nada de la 9ª temporada, tengo que decir que no me ha disgustado. A ver, no es la Shameless del principio, pero desde luego que es mil veces mejor que las dos temporadas anteriores. Y sigue teniendo un algo, recupera un poco ese espíritu que decía antes, y finalmente consigue que vuelva a interesarme mínimamente por ella. Y, por supuesto, sigue teniendo a Karen, que junto a Frank sigue siendo, in my opinion, el eje central de la serie, pero de formas totalmente opuestas. Y es que Karen es el corazón de esta y, si alguien me pregunta, probablemente el mejor personaje que nos ha dado la serie, algo que se ve especialmente en esta temporada, y más aún si somos capaces de recordar los orígenes del personaje.

Dicho todo esto y, por tanto, reconociendo todas las meteduras de pata que ha ido teniendo la serie, si alguien me pregunta si la recomendaría, probablemente diría que sí, a pesar de todo. De hecho, probablemente hasta insistiría. Como digo, las primeras cuatro temporadas deberían ser de esas imprescindibles para todo aquel que se considere seriéfilo, y las dos siguientes continúan teniendo unos cuantos momentos bastante especiales. Merece la pena incluso viendo la cantidad de temporadas que tiene (al fin y al cabo, unas cuantas son bastante cortitas, de unos diez episodios. Otras llegan a los dieciséis. Pero la única verdaderamente larga es la octava). Y merece la pena incluso para aquellos que vean la versión USA. Es cierto que las tramas de la primera temporada son prácticamente calcadas, aunque el tono de ambas series ya se diferencia un poco incluso ahí (diría que la versión USA es algo más dramática, más seria. Gamberra, sí, pero de otra manera). Pero después se separan completamente, al igual que aparecen personajes distintos. O simplemente aparecen personajes con un papel similar pero en realidad completamente diferentes (cualquier parecido entre los Maguire y los Milkovich es pura coincidencia). Por eso, y porque a pesar de todo Shameless es una serie que me ha regalado muchos buenos momentos y aún mejores personajes, no puedo dejar de recomendarla. Simplemente no puedo.

¡Saludos!

PD: En cuanto a la versión americana de la serie, a ver si algún día de estos hablo de ella, porque ya digo que está teniendo una temporada estupenda, y que cada día me gusta más.

2 comentarios:

Warren Keffer dijo...

Es una de mis eternas pendientes, a ver si en la próxima década cae xDDDD

BabyCatFace dijo...

@Warren, yo me ventilé las ¿seis? ¿siete? primeras temporadas en un verano, después de haberlas tenido durante meses (o años) acumulando telarañas.