6 de mar. de 2013

In silence

Los que me sigáis por twitter sabréis lo pesadísima que me puedo poner cuando algo me gusta. Y cuando algo me parece bueno y nadie le hace ni puñetero caso, ni os cuento. Es por eso mismo que suelo ser especialmente insistente con Switched at Birth. Porque viendo su punto de partida, que es una serie teen y que, por si fuera poco, nos llega desde ABC Family, a muchos no les cuesta lo más mínimo descartarla ya de entrada. Que no seré precisamente yo la que rechace una serie por reunir esas características, pero mucha gente sí que lo hace, y lo sabemos todos.

El caso es que, cuando se rechaza a Switched at Birth sin darle siquiera una oportunidad, nos estamos perdiendo otras de sus muchas cualidades, y es una pena. Ahora mismo podría hablar de muchas cosas. Podría hablar de cómo saben desarrollar tramas y personajes de tal manera que no solo les acabas cogiendo cariño, sino que además eres capaz de comprender el punto de vista de cada uno de ellos (y son muchos y muy distintos, aviso). O podría hablar de cómo hay pocas series que sepan coger un argumento aparentemente sobreexplotado (o anticuado, o digno de hacer un rolleyes) y desarrollarlo de un modo tan coherente que hace que merezca la pena, que tenga sentido. Podría hablar de todo esto, pero ahora mismo no lo voy a hacer, sino que voy a hablar de cómo una pequeña serie de la ABC Family se ha atrevido a hacer algo que nadie más ha hecho. Y cómo ha conseguido que ese paso más allá, esa novedad televisiva, ese riesgo, sea perfectamente coherente y esté perfectamente integrado en el conjunto de la serie.
Ya desde un principio, y aprovechando que una de las chicas protagonistas es sorda, la serie ha ido teniendo bastantes escenas completamente en lenguaje de signos, en absoluto silencio. Además, conforme han ido avanzando los episodios, la serie ha ido haciendo también un esfuerzo por dar a conocer un poco más la cultura sorda a su público, mostrándonos una realidad y una perspectiva que muchos probablemente ni nos habíamos planteado, no realmente. Hasta que finalmente llegamos al episodio de esta semana, grabado casi enteramente en lenguaje de signos (todo el episodio menos la escena inicial y un par de frases al final). Algo que, como digo, queda perfectamente integrado en el conjunto de la serie. Y lo que es más importante, queda bien integrado en la serie a través de un episodio muy bueno y muy recomendable, no solo por esa manera de arriesgarse, sino sobre todo porque reúne las mejores cualidades que la serie siempre ha tenido.
Continuando con las tramas que habían ido escalando en los episodios anteriores, los alumnos de la Escuela para Sordos Carlton deciden encerrarse en ella para evitar de este modo su cierre. Así, nos encontramos ante un episodio repleto de idealismo y lucha (y donde, por cierto, Switched at Birth nos da una pequeña lección de historia y nos habla sobre las protestas de Gallaudet, donde como dato curioso estuvo Marlee Matlin, que por supuesto también sale en la serie), pero, sobre todo, nos encontramos ante un episodio que nos muestra el lado más humano y complejo de todos sus personajes. La razón por la que luchan, dónde están y por qué son como son. Detrás de una misma causa nos encontramos a una Daphne que por fin ha encontrado su identidad. Nos encontramos a un Travis al que el continuo rechazo sufrido lo empuja a rechazar a los demás. Una Bay que cede enseguida lo que le pidan y se lanza de cabeza sin preguntar a la espera de ser aceptada en algún lugar (esto, por cierto, es algo que hemos ido viendo poquito a poco con ella, de forma relativamente sutil, hasta que llegó un punto en que resulta la forma más obvia de definir lo que mueve al personaje). Un Noah que está en medio del proceso de adaptación más grande y complicado de su vida, y que al igual que Bay, pero por razones completamente distintas, no acaba de encajar en ninguna parte.

Detrás de Switched at Birth siempre ha habido dos temas especialmente importantes, dos temas que han sido recalcados una vez más en este episodio. Por un lado tenemos la comunicación, o la falta de ella. Los diferentes puntos de vista y la información que a veces perdemos por el camino (seamos sordos o no). Y por otro lado está esa necesidad de pertenencia, esa sensación de comunidad. Dónde encajo, cómo, por qué. Cuál es mi lugar. Un tema que el propio intercambio del que parte la serie resalta de forma clara, lo que va muy bien para entender que esta serie puede usar elementos culebronescos o de película de domingo por la tarde, pero siempre con ideas como esta en mente.

Switched at Birth será solo una serie de la ABC Family, pero es capaz de ir introduciendo estos temas (y otros, aunque estos sean los fundamentales) de una forma tan sutil y a la vez tan clara que no es raro que nos haga pensar. Sin olvidarse de darles a los personajes una complejidad que seguro que muchos no esperan. Switched at Birth es una serie que se arriesga (y no solo en lo que digo del episodio de esta semana, sino siempre y en muchas más cosas de las que parece. El propio personaje de Noah, por ejemplo, no es precisamente un tipo de personaje o un tipo de trama con el que se suelan atrever en muchas series), y es una serie que, casi sin que nos demos cuenta, nos pone en el lugar de los demás (que yo a veces sea capaz de entender a John dice mucho), que nos enseña, que nos hace replantearnos, aunque sea por un segundo, nuestro punto de vista. Será una pequeña serie de la ABC Family, pero hay razones por las que gusta entre los críticos. Razones por las que yo la adoro y por las que no me cansaré de recomendarla. Razones por las que todos deberíais darle una oportunidad.

¡Saludos!

PD: Otra serie que también es de la ABC Family y a la que también deberíais dar una oportunidad es Bunheads, por cierto. Y no solo porque en esta segunda tanda de episodios de la primera temporada haya salido mi adorada Jeanine Mason.