14 mar. 2013

Smashed

La temporada pasada, fui de esas que se emocionaron con el piloto de Smash. Más aún, fui una de las pocas personas que siguieron disfrutando de la serie incluso cuando quedó claro que el piloto había sido la excepción, que los tiros no iban a ir por ahí. Smash era esa serie objetivamente mala, como quedaba claro en sus guiones absurdos, sus personajes mal construidos y su total incapacidad para ser consciente de lo mala que era. Smash era esa serie tan mala que pensaba que era buena. Era esa serie que nos hacía pasar por todo tipo de dramas estúpidos, culebronescos y sobredimensionados y pensaba que nos encontrábamos ante una obra maestra. Y por todo eso era muy lo peor, sí. Pero al mismo tiempo resultaba tan ridícula, con Ellis como malo de culebrón incluido, que también era entretenidísima. Y, sinceramente, a mí con eso me valía. No me importaba no encontrarme ante una obra de arte, siempre que consiguiera que esos cuarenta minutos a la semana se me pasaran volando, y por lo general eso lo conseguía casi siempre.

Pero entonces llegó la segunda temporada, y con ella los problemas gordos (porque, evidentemente, antes tenía problemas, pero aquí es cuando se multiplicaron por mil). La NBC, consciente de que tenía un desastre en sus manos, fichó a Josh Safran con la idea de reconducir la serie y convertirla en algo medianamente decente en algún sentido. Viendo de dónde venía este hombre (que había estado metido en Gossip Girl), y por extraño que parezca, yo tenía esperanzas. Esperanzas de que la serie viera lo que verdaderamente era y abrazara su lado mamarracho. Pero no ha sido así, y el resultado han sido seis episodios absolutamente infumables. Es cierto que vieron las críticas e intentaron corregirlas (algunas de forma un tanto demasiado... on the nose), pero en el proceso se quisieron tomar demasiado en serio a sí mismos, transformar Smash en algo serio, y por ello nos han dado una versión descafeinada de la serie, y sobre todo profundamente aburrida, que al fin y al cabo es lo que más se nota.

Por ello, Smash se convierte en algo mucho peor de lo que fue jamás. Vieron sus problemas y, al intentar corregirlos, tomaron la dirección equivocada. O, simplemente, eligieron a la persona equivocada para la dirección en la que quisieron corregirlos. Ahora la serie sigue dedicando mucho tiempo a tramas que no interesan, a tramas profundamente mamarrachas y de serie adolescente... pero que nos venden como tramas serias. Y por el camino rebaja aún más a sus personajes. El caso de los personajes femeninos directamente es de traca, con Karen Sue arriesgándolo todo por un pavo al que acaba de conocer, Eileen desviviéndose y descuidando todo por visitar a su novio en una trama que ya resultaba surrealista la temporada pasada, Julia siendo una histérica de la vida y Ivy siendo humillada (de una forma perfectamente aceptada por el resto de personajes) sin ninguna razón en concreto. Que tampoco es que los personajes masculinos, con Niñato 1 (Derek) y Niñato 2 (el nuevo, cuyo nombre no recuerdo), sean como para tirar cohetes, pero cuando unos personajes así no son lo peor de la serie, es que algo están haciendo muy mal.

Y lo peor es que en su intento de convertirse en algo serio, algo coherente, lo que consiguen es justamente lo contrario. Aunque parezca mentira, ahora mismo le piden al espectador una capacidad de suspensión de la incredulidad no solo mayor que la que le pedían la temporada pasada, sino probablemente mayor que la que pide cualquier otra serie ahora mismo (y hablo con conocimiento de causa, que veo PLL y prácticamente todo lo que haga Shonda, así que tengo para comparar). Entre otras cosas, no contentos con intentar vendernos que alguien en su sano juicio viera a Karen Sue como una Marilyn mejor que la de Ivy, ahora además quieren convencernos de que el mundo de Broadway se volvería loco por Hit List, una especie de Rent de mercadillo.

Lo que más pena me da es que las intenciones de Smash eran buenas y aplaudibles, y eso no se lo puede quitar nadie. Pero las buenas intenciones por sí solas no sirven para nada. Y cuando la serie no solo resulta mortalmente aburrida, sino que además nos vende un Broadway que desde la distancia parece anticuado y nada fresco, es hora de echar el cierre. Los espectadores lo saben mejor que nadie, y de ahí sus horrorosas audiencias. Incluso la NBC por fin lo ha entendido y la ha mandado a morir a los sábados (que debe de ser la mayor humillación posible. Ya no te mandan al viernes, no, te mandan al sábado, que es como darte varias puñaladas mortales y además entretenerse insultándote mientras te ven morir lentamente). Y, por triste que me resulte decirlo, tengo que admitir que muy merecidamente.

¡Saludos!

PD: Entre Smash y Up All Night, la NBC debería plantearse hacer varias series y realities sobre los tejemanejes, culebrones e historias raras que ocurren detrás de las cámaras.
PD2: Cuando cancelen del todo Smash, lo que espero es que Megan Hilty acabe recolocada en alguna otra serie. La McPhee, por su parte, se puede ir a ese almacén de malos actores llamado OUAT.
PD3: Saliéndome un poco del tema, no os hacéis una idea de lo feliz que me hace lo de la película de Veronica Mars.