28 mar. 2013

No apologies needed

Habitualmente soy una persona con bastante paciencia. En todos los ámbitos y aplicado a casi todas las situaciones. Pero últimamente hay comentarios y actitudes que, de tanto repetirlo, de tanto insistir, no es que hagan que empiece a pensar que tienen razón (todo lo contrario, my friends), sino que son como una mosca que está ahí siempre molestando y hace que me apetezca arrearle a más de uno un par de guantazos para que dejen de decir tonterías. Porque eso es lo que son, sin más. Y mira que yo soy muy de aceptar las opiniones de todo el mundo (porque, al fin y al cabo, me gusta que respeten las mías, que a veces son... pues eso, muy mías), pero es que hay cosas que simplemente... no.

Una de esas cosas, quizá la que más, es esa actitud que supongo que siempre ha estado ahí, pero que últimamente parece que se ha convertido en la norma. Y es eso de que si algo no viene con el sello HBO (o similares. Y a veces ni con eso vale) y con intenciones de ser un producto serio y de, según dicen y atendiendo a ciertas normas, una calidad alucinante, no vale nada. Y no solo eso, es que probablemente si ves (y admites que ves) algo que no reúne esas características, eres un ser unineuronal sin ningún tipo de criterio.

No voy a decir que esté harta de pedir disculpas por ver series "inferiores", porque no las pido ni pienso hacerlo. Pero sí que voy a decir que estoy harta de que parezca que es mi obligación disculparme. Que debo pedir perdón por ofender a ciertas personas con mis gustos.

Claro que lo peor no es eso de despreciar todo lo que no sea A, B o C, sino que lo peor es eso de despreciarlo sin darle una sola oportunidad. Por ejemplo, como viene de la CW y es una serie teen, las miradas de desprecio cuando dices que The Carrie Diaries es una serie decente (y, voy a ir más lejos, que de hecho le podría dar varias lecciones a Aaron Sorkin sobre cómo desarrollar personajes femeninos con una cierta dignidad. Ahí lo dejo caer) están a la orden del día. Y lo mismo con otras mil. Personalmente, no tengo ningún problema en admitir que me lo paso genial con Glee, o con la locura y el absurdo (absolutamente genial y perfecto a su manera) de Scandal o The Following. Y no tengo ningún problema en decirlo, ni siento que tenga que avergonzarme de nada. Faltaría más.

Y es que a veces me llama la atención, cuando hablamos de series y televisión, que parece que hay quienes se olvidan de que la función de las series, la principal, independientemente de que luego hagan más, es la de entretener. Punto. Y, si lo consiguen, nadie puede negarles que sean algo digno.

¡Saludos!

PD: Ya comenté que ando bastante descontenta con la segunda temporada de Smash (precisamente porque no está cumpliendo eso tan importante que digo, que es entretener), pero hay que reconocerle que de vez en cuando aún hace algunas cosas bien. Sin ir más lejos, la córeo de uno de los números de esta semana (el de Jimmy y Karen Sue con cada uno a un lado del escenario) me pareció absolutamente perfecta.

20 mar. 2013

LA is breaking my heart

Hay series que pasan mucho más desapercibidas de lo que deberían, y eso es un hecho. Series que son maravillosas y a las que nadie les hace ni puñetero caso. Hace unas semanas ya os hablé de la que, in my opinion, es una de ellas, Switched At Birth, con su estupendo episodio prácticamente entero en lengua de signos. Y hoy os voy a hablar de otra de mis niñas, Southland. Y es que ahora que ya hemos llegado a la mitad de la que con probabilidad va a ser la última temporada de la serie (me gustaría que no fuera así, pero ver a los actores buscándose otros proyectos nuevos no me provoca mucha confianza. Y lo que comentó Regina King en una entrevista, diciendo que ellos mismos no tienen muy claras las cosas porque a estas alturas tampoco están viendo tanto apoyo de la cadena, no ayuda. Que, ojo, cinco temporadas es una vida muy digna para una serie, y el recorrido que ha ido haciendo y que han ido teniendo todos sus personajes también me lo parece, con lo que de acabar ahora no me dedicaría a gritar lo injusto que es todo mientras me llevo las manos en la cabeza. Pero al mismo tiempo me encantaría poder seguir viéndola por los siglos de los siglos. En fin, que creo que he explicado medianamente bien mis sentimientos ante el futuro de la serie en el paréntesis más largo del universo), me parece un momento tan bueno como cualquiera para hacer una especie de balance (sin grandes spoilers) sobre las desgracias de sus protagonistas.

Porque otra cosa no, pero en esta serie los personajes sufren. Y mucho. Y nosotros con ellos, claro, porque al fin y al cabo de eso se trata. De todos modos, para todo hay grados y grados, y creo que todos podemos estar de acuerdo a estas alturas de la película (bueno, de la serie), en que el que se lleva la palma es el pobre Sammy. Episodio a episodio igual no somos tan conscientes, al menos no inicialmente (una vez te das cuenta ya es imposible dejar de pensarlo), pero a estas alturas soy incapaz de recordar un solo momento en el que el pobre fuera feliz. O que al menos tuviera razones para serlo. Y es por eso que no podéis ni imaginaros lo mucho que sufrí con el episodio de la semana pasada (estupendamente dirigido por Regina King y maravillosamente contando casi más a través del subtexto que de cualquier otro modo, que es algo que yo siempre valoro mucho. Ay, el subtexto, qué sería de mí y de mi análisis de todo sin él) temiéndome lo peor en cierto momento. Porque no, Southland, no me puedes poner a ciertos personajes en superficies elevadas y esperar que no ate cabos, haga mentalmente un balance de todas sus desgracias y muera de miedo pensando que en cualquier momento van a saltar. Es decir, razones no les faltan, eso está claro.

Claro que, como digo, Sammy no es el único que lo pasa mal en esta serie, porque aquí nadie se libra. Y si no, que se lo pregunten a Lydia y a Cooper, ahora mismo con problemas distintos pero de base similar. Problemas tan sencillos, entendibles y cercanos (a la par que completamente específicos de sus personajes) que hacen que su vida sea un auténtico drama y que sea imposible que el espectador no lo pase mal con ellos. Y lo digo como algo totalmente positivo, no me entendáis mal. Que esa capacidad para hacerte conectar con los personajes y, por tanto, sufrir con sus dramas, no se consigue tan fácilmente.

Pero vamos, a pesar de que probablemente eso que comento sea lo que más aprecio de la serie, no es lo único que valoro, ni mucho menos. Sin ir más lejos, no puedo hablar de esta temporada sin comentar lo mucho que me gusta lo que están haciendo con Ben. Me explico. Quizá sea porque estamos acostumbrados a que nos presenten a unos personajes con comportamientos o características relativamente negativos y que poco a poco nos vayan contando cosas de ellos y de su pasado que nos hacen entenderlos mejor. Probablemente sea eso, de hecho. El caso es que cuando directamente lo que vemos es su evolución de forma totalmente lineal, resulta refrescante. Y, ojo, sé que no es la única serie que lo hace (al fin y al cabo, hay series cuyo planteamiento en teoría es exactamente ese, véase Breaking Bad), pero sigue siendo distinto. Porque en esos casos habitualmente hay un objetivo final, un estado final que ya intuimos o conocemos desde el principio, y con Ben no es así. Con Ben, como con el resto de personajes de la serie, no hay un objetivo final. Igual que la serie no se centra en un caso que resolver, los importante de sus personajes no es el lugar al que lleguen, sino quiénes son en cada momento del camino que es su día a día. Es por ello que una de las mejores cosas que han salido de la a veces improbable renovación de Southland en el pasado y que le han permitido llegar a las cinco temporadas es que han podido tomarse su tiempo y mostrarnos con claridad todo ese camino. Y, si bien cada paso puede ser interesante, cuando pasa el tiempo y miramos hacia atrás, hacia las temporadas anteriores, vemos realmente el trecho que han recorrido, lo mucho que han cambiado. A veces poco a poco, a veces de forma brusca, pero siempre mucho más de lo que esperamos. En las historias que nos está contando Southland tiene todo el sentido del mundo que Ben, el novatillo con todas las buenas intenciones del mundo (y también la arrogancia y esos aires que llevaba al principio) que conocimos en la primera temporada, se haya convertido en el personaje que es hoy. Un personaje perdido en su propia espiral autodestructiva, dirigido por sí mismo y por otros hacia un camino que a varios kilómetros podemos ver que no es bueno. Un mal camino cuyo resultado más positivo va a ser convertirse en alguien con una visión muy cínica del mundo, y mejor no hablar de los resultados más negativos (el juego de "mejor resultado posible, peor resultado posible" es especialmente deprimente en el caso de Sammy, por cierto). Alguien que resulta muy desagradable, pero también alguien a quien hemos ido viendo avanzar sin remedio hasta ese punto, elección a elección.

Por todo esto que comento, por todas las veces que me han demostrado que episodio a episodio saben ser coherentes y no equivocarse, Southland es una serie en la que he aprendido a confiar. Es una serie en la que me dicen que van a hacer que me crea a Lucy Liu y de hecho lo consiguen. Me dicen que es una buena idea que Dewey salga en todos los episodios y funciona, precisamente porque se han tomado su tiempo para conseguir que acabe viendo al personaje a través de los ojos de Cooper. Por eso, porque confío en ella plenamente, tengo que decir que tengo muchas ganas de ver los cinco episodios que nos quedan de esta temporada. Porque sé que no me van a decepcionar. No tengo el miedo que puedo tener con otras series, porque temporada a temporada me han demostrado que puedo fiarme. Así que ahora solo me queda esperar, ver cómo van a conseguir que me enamore aún más de la serie (porque lo van a hacer, ya lo sé) y seguir gritando a los cuatro vientos lo maravillosa que es. Y lo injusto que es el poco caso que se le hace.

¡Saludos!

PD: Otra serie que me parte el corazón, pero por razones completamente distintas y sin ser ni medianamente aceptable compararlas en lo que a calidad se refiere, es The Following. A ver cómo me recupero yo del episodio de esta semana.
PD2: Creo que no voy a escribir de la SF de Girls porque mi opinión de la serie y mi manera de verla no ha cambiado prácticamente nada desde que escribí esto. De todos modos, aprovecho esto para decir que, aunque probablemente sea el episodio que menos me ha convencido de la temporada (simplemente porque esos momentos finales no acabaron de encajarme del todo en el conjunto de la serie, no tanto por temática sino por la manera en que está hecho, ya sé que no me explico, pero yo me entiendo), en conjunto me ha gustado mucho esta temporada. De hecho, me ha gustado más que la primera.

18 mar. 2013

Crazy Town

Cuando la estrenaron, no tenía muchas esperanzas puestas en Banshee. La serie, que muchos tomaron equivocadamente como lo nuevo de Alan Ball (que es productor, nada más) tenía todos los ingredientes que habitualmente hacen que algo no me convenza. Golpes, golpes, más golpes y gente bruta haciendo el burro. Lo que está muy bien y es muy respetable, conste, simplemente digo que normalmente no es lo mío, y cualquiera que me conozca un poco lo sabrá.

Pero bueno, el caso es que, sin llamarme excesivamente, le di una oportunidad al piloto. Y, para mi propia sorpresa, no lo odié. De hecho, hasta me entretuvo bastante. Así que decidí seguir con ella, y episodio a episodio nos fue dando una locura y unos excesos cada vez mayores que en el episodio anterior. Y lo digo como algo totalmente positivo. Porque la gracia de Banshee está precisamente en sus excesos, en su manera de pasar olímpicamente de la línea de la lógica y vivir a base de saltar de WTF en WTF.
En mi caso, normalmente las escenas en las que la gente se dedica a pegarse golpes me interesan tan poco que me producen hasta sueño. Pero en cambio, no tengo ningún problema con las peleas imposibles de Banshee, que son tan excesivamente excesivas que me encantan y hacen de todo menos aburrirme. Simplemente hay algo genialmente divertido en ver cuántos muebles (o habitaciones, o edificios, que la cosa va escalando al ir avanzando la temporada) pueden destrozarse en una sola pelea.

Aparte, de todos modos y contra todo pronóstico, también los personajes de la serie me fueron ganando con el paso de los episodios. Sin alejarse demasiado de esa mezcla entre el estereotipo con patas y el exceso, episodio a episodio les he ido cogiendo cariño a todos en general. No solo a Hood y a Ana/Carrie, sino sobre todo a los distintos secundarios que hay por ahí dando vueltas por el pueblo. Empezando por ese dúo dinámico que son Sugar y Job (este último, y sus modelitos específicos para cada ocasión, incluida la de "vamos a organizarnos en una batalla a muerte contra los rusos chungos", es tan lo más que no tengo ni palabras) y acabando por Kai y ese tono tan incestuoso con el que presentan su relación con Rebecca. Y pasando por todos los que se os ocurran entre medio.

La season finale, además, creo que fue la mejor muestra de lo que es la serie. De sus excesos elevados al infinito. Y también de ese lado más "humano" (siempre todo muy matizado, que estamos hablando de esa fantasmada que es Banshee) de sus personajes grises casi negros. E incluso dejando hueco para llorar un poco por ellos (que igual es que yo soy muy sensiblona para estas cosas, pero la situación de Anastasia me dio algo de pena. Y tengo que decir que el pobre alcalde me dio pena infinita, pobre pardillo mío). Todo ello mientras de paso sentaban las bases de la segunda temporada, que por lo que parece va a girar en torno a todo el conflicto entre Kai y Longshadow.

Así, un poco haciendo balance, ¿es una serie imprescindible? Ni de coña. De hecho, ni siquiera diría que es objetivamente buena. Pero sí que hay que decir que al mismo tiempo es de las series más recomendables para pasar un rato entretenido. Porque es tan sumamente over the top que resulta imposible aburrirse con ella, y al fin y al cabo no intenta venderse como nada más que eso. Así que aquí me quedo, esperando con muchas ganas la segunda temporada. De una serie que en principio no esperaba absolutamente nada.

¡Saludos!

PD: Ayer por casualidades de la vida (o más bien como consecuencia de acabar enganchando a media familia a esto de las series) acabé volviéndome a ver Children of Earth, y ya van con esta tres veces. No solo me parece la mejor temporada de Torchwood (con diferencia, además), sino que de hecho la contaría entre las temporadas con las que más he disfrutado y más he sufrido y peor y mejor lo he pasado de todas las series que he visto, y son unas cuantas. Me encanta lo dura que es, lo oscura que es, y lo perturbadora que es. Sobre todo porque el verdadero enemigo que presenta no son ni mucho menos los bichos del cubo de cristal.
PD2: He decidido darle una oportunidad a Prisoners Wives y he de decir que el piloto me gustó mucho. Además de alguna cara conocida, me gustó mucho la manera de presentar a los personajes, y alguna de ellas tiene pinta de ir a gustarme mucho. Seguiré informando.

15 mar. 2013

The storm we all saw coming

Después de la imagen hablo de lo ocurrido en este último episodio de Survivor. No entro en temas de eliminaciones y demás, pero como para el común de los mortales todo el tema del que hablo es un spoiler como una casa, que cada cual lea bajo su propia responsabilidad.
A estas alturas no creo que tenga que convencer a nadie de lo mucho que adoro Survivor. Después de verme todas las temporadas en unos pocos meses y ahora, unos pocos meses después, por casualidades de la vida estar volviendo a ver muchas de ellas, creo que ya está todo dicho. Por eso me duele especialmente que algo que adoro tanto nos presente un espectáculo tan desagradable, triste e innecesario como el de esta semana. 

Cuando anunciaron el cast de esta segundo fans vs. favorites, supongo que todos pensamos lo mismo al ver en nombre de Brandon entre los favoritos. Aquello era un desastre en potencia. Y cuando hablo de desastre no me refiero a "pequeño desastre", no. Porque en mi cabeza la idea de Brandon perdiendo completamente el control y liándose a machetazos no me ha parecido nunca especialmente improbable. Dicho esto, entiendo perfectamente la función de los productores, ojo, entiendo perfectamente la idea detrás de esto, el razonamiento. Entiendo la idea de explotar el drama para crear interés, pero para todo debe haber límites, y volver a meter a alguien como Brandon en el juego directamente es jugar con fuego. Más aún cuando lo colocas con gente como Phillip, con otros tantos problemas, pero relativamente más inofensivo que Brandon, principalmente porque es más controlable por personas con un par de neuronas útiles, pero que desde luego no es quien para meter en ningún tipo de situación con Brandon, porque lo único que va a hacer es alimentar el fuego. O incluso ponerlo a jugar con una medio-cerebro como Andrea (que estaba mucho más mona cuando simplemente era una zombie a las órdenes de Rob y no tenía que demostrar su falta de neuronas), que supongo que de forma totalmente inocente acaba alimentando el fuego también.

El caso es que los que vimos South Pacific ya fuimos testigos de los obvios problemas que tenía en ese momento (y no voy a entrar ahora a diagnosticar nada, porque ni es el lugar, ni estoy ni remotamente cualificada para ello, lo único que quiero decir es que estaba claro que había algo que no estaba bien), y a ello hay que sumarle los efectos que pudiera tener esa retransmisión pública de sus diversas crisis. Cualquier persona con dos dedos de frente es capaz de ver eso. E incluso pasado el tiempo, cualquiera que lea las entrevistas que hizo antes de empezar esta temporada estará de acuerdo conmigo en que Brandon no estaba ni de lejos en condiciones de volver al juego. Y que no me vendan eso de que pasó los test psicológicos, porque es más que obvio que deberían haber saltado todas las alarmas, así que no cuela. No, probablemente saltaron y les dio igual. Si conseguían que explotara, tenían un espectáculo asegurado. Y por supuesto que en un ambiente con unas condiciones como las de Survivor, que resultan especialmente tóxicas para alguien tan inestable, era una cuestión de tiempo que explotara. Y de ahí mi enfado hacia el programa. Porque me enfada y me preocupa que puedan ser tan sumamente irresponsables.

Ojo, no digo que pusieran conscientemente a Brandon en el programa con la idea de que se le fuera tantísimo. Supongo que querían algo de drama. Inocente, inofensivo. Un drama que proporcione el espectáculo de la semana, pero que no vaya más allá. El problema es que eso, en estos casos, nunca es así, ni se puede esperar que lo sea. Porque del mismo modo que coger el coche a 220 km\h, sin intención de estamparse contra nada, es una irresponsabilidad tremenda, esto también lo es. Y es que la crisis de Brandon tiene consecuencias, y muchas. Y muchas de ellas totalmente fuera del control del programa. Al fin y al cabo, el juego en sí es un ambiente controlado. A pesar de lo difícil de la situación, de la mala posición en que pone a los otros y el mal rato que les hace pasar, ninguno de los otros concursantes corría realmente peligro físico, no realmente, no llegados al extremo. Pero las repercusiones de algo así van mucho más allá del juego. Tiene repercusiones en el propio Brandon, y leyendo alguna entrevista ya se puede ver que son bastante preocupantes. Y tiene repercusiones en las personas de su alrededor. E incluso no deberíamos olvidarnos de que también tiene repercusiones en la visión y la sensibilización (o desensibilización, más bien) del público ante situaciones generadas o relacionadas con problemas psicológicos y/o emocionales. Tiene, por tanto, repercusiones indirectas en las que por lo visto no pensaron, o que no valoraron de forma adecuada.

Este no es el Survivor que me gusta, ni el Survivor que quiero ver (y de verdad me preocupa que haya gente encantada con el episodio, que la hay). Y me da pena, porque de hecho en ambas tribus hay algunas personas que me gustan. Pero espectáculos como este solo pueden despertar mi rechazo, y hacer que pida por favor que los productores se lleven una lección aprendida de todo esto. Y que, por lo que más quieran, esta lección sea la correcta.

¡Saludos!

PD: Estoy encantada con The Americans, y cada vez más. Este último episodio me ha parecido maravilloso, y estoy muy contenta de que la serie haya decidido tomar este rumbo, más centrado en el drama familiar y en los personajes. Y, por supuesto, estoy encantada con los actores. Sobre todo con Matthew Rhys, aunque también con Keri Russell. Y con Noah Emmerich.
PD2: Y otra serie con la que estoy encantada, as always, es Southland. Pocas series me hacen sufrir tanto con sus personajes. Y, al mismo tiempo, pocas series tienen tanto cuidado al construir sus personajes. A lo largo de las próximas semanas ya escribiré algo en condiciones sobre ella, porque lo merece. Pero de momento me limito a seguir insistiendo en que le deis una oportunidad.

14 mar. 2013

Smashed

La temporada pasada, fui de esas que se emocionaron con el piloto de Smash. Más aún, fui una de las pocas personas que siguieron disfrutando de la serie incluso cuando quedó claro que el piloto había sido la excepción, que los tiros no iban a ir por ahí. Smash era esa serie objetivamente mala, como quedaba claro en sus guiones absurdos, sus personajes mal construidos y su total incapacidad para ser consciente de lo mala que era. Smash era esa serie tan mala que pensaba que era buena. Era esa serie que nos hacía pasar por todo tipo de dramas estúpidos, culebronescos y sobredimensionados y pensaba que nos encontrábamos ante una obra maestra. Y por todo eso era muy lo peor, sí. Pero al mismo tiempo resultaba tan ridícula, con Ellis como malo de culebrón incluido, que también era entretenidísima. Y, sinceramente, a mí con eso me valía. No me importaba no encontrarme ante una obra de arte, siempre que consiguiera que esos cuarenta minutos a la semana se me pasaran volando, y por lo general eso lo conseguía casi siempre.

Pero entonces llegó la segunda temporada, y con ella los problemas gordos (porque, evidentemente, antes tenía problemas, pero aquí es cuando se multiplicaron por mil). La NBC, consciente de que tenía un desastre en sus manos, fichó a Josh Safran con la idea de reconducir la serie y convertirla en algo medianamente decente en algún sentido. Viendo de dónde venía este hombre (que había estado metido en Gossip Girl), y por extraño que parezca, yo tenía esperanzas. Esperanzas de que la serie viera lo que verdaderamente era y abrazara su lado mamarracho. Pero no ha sido así, y el resultado han sido seis episodios absolutamente infumables. Es cierto que vieron las críticas e intentaron corregirlas (algunas de forma un tanto demasiado... on the nose), pero en el proceso se quisieron tomar demasiado en serio a sí mismos, transformar Smash en algo serio, y por ello nos han dado una versión descafeinada de la serie, y sobre todo profundamente aburrida, que al fin y al cabo es lo que más se nota.

Por ello, Smash se convierte en algo mucho peor de lo que fue jamás. Vieron sus problemas y, al intentar corregirlos, tomaron la dirección equivocada. O, simplemente, eligieron a la persona equivocada para la dirección en la que quisieron corregirlos. Ahora la serie sigue dedicando mucho tiempo a tramas que no interesan, a tramas profundamente mamarrachas y de serie adolescente... pero que nos venden como tramas serias. Y por el camino rebaja aún más a sus personajes. El caso de los personajes femeninos directamente es de traca, con Karen Sue arriesgándolo todo por un pavo al que acaba de conocer, Eileen desviviéndose y descuidando todo por visitar a su novio en una trama que ya resultaba surrealista la temporada pasada, Julia siendo una histérica de la vida y Ivy siendo humillada (de una forma perfectamente aceptada por el resto de personajes) sin ninguna razón en concreto. Que tampoco es que los personajes masculinos, con Niñato 1 (Derek) y Niñato 2 (el nuevo, cuyo nombre no recuerdo), sean como para tirar cohetes, pero cuando unos personajes así no son lo peor de la serie, es que algo están haciendo muy mal.

Y lo peor es que en su intento de convertirse en algo serio, algo coherente, lo que consiguen es justamente lo contrario. Aunque parezca mentira, ahora mismo le piden al espectador una capacidad de suspensión de la incredulidad no solo mayor que la que le pedían la temporada pasada, sino probablemente mayor que la que pide cualquier otra serie ahora mismo (y hablo con conocimiento de causa, que veo PLL y prácticamente todo lo que haga Shonda, así que tengo para comparar). Entre otras cosas, no contentos con intentar vendernos que alguien en su sano juicio viera a Karen Sue como una Marilyn mejor que la de Ivy, ahora además quieren convencernos de que el mundo de Broadway se volvería loco por Hit List, una especie de Rent de mercadillo.

Lo que más pena me da es que las intenciones de Smash eran buenas y aplaudibles, y eso no se lo puede quitar nadie. Pero las buenas intenciones por sí solas no sirven para nada. Y cuando la serie no solo resulta mortalmente aburrida, sino que además nos vende un Broadway que desde la distancia parece anticuado y nada fresco, es hora de echar el cierre. Los espectadores lo saben mejor que nadie, y de ahí sus horrorosas audiencias. Incluso la NBC por fin lo ha entendido y la ha mandado a morir a los sábados (que debe de ser la mayor humillación posible. Ya no te mandan al viernes, no, te mandan al sábado, que es como darte varias puñaladas mortales y además entretenerse insultándote mientras te ven morir lentamente). Y, por triste que me resulte decirlo, tengo que admitir que muy merecidamente.

¡Saludos!

PD: Entre Smash y Up All Night, la NBC debería plantearse hacer varias series y realities sobre los tejemanejes, culebrones e historias raras que ocurren detrás de las cámaras.
PD2: Cuando cancelen del todo Smash, lo que espero es que Megan Hilty acabe recolocada en alguna otra serie. La McPhee, por su parte, se puede ir a ese almacén de malos actores llamado OUAT.
PD3: Saliéndome un poco del tema, no os hacéis una idea de lo feliz que me hace lo de la película de Veronica Mars.

11 mar. 2013

Haciendo memoria

Los domingos últimamente son un día peligroso para mí. Me explico. Son un día peligroso seriéfilamente hablando. Porque, acostumbrada como estoy a tener miles de episodios por ver cada día, al ver los domingos tan vacíos, siempre me da por querer darle una oportunidad a algo. O, en el caso de ayer, volver atrás en el tiempo y echar un vistazo a cosas a las que les dediqué muchas horas, a mis orígenes seriéfilos, por decirlo de algún modo.
Hablando a lo largo de estas últimas semanas con unos cuantos locos como yo, que seguimos casi más series que horas tiene la semana, me he dado cuenta de que muchos empezamos de forma parecida, y desde pequeñitos ya apuntábamos maneras. Evidentemente, muchos hemos seguido más o menos regularmente series (nos hayamos vuelto después tan locos o no), pero hay formas y formas, y ahí está la diferencia.

En mi caso, mi primera etapa seriéfila empezó en algún momento entre los siete y los nueve años. Entonces (y parece que tenga yo aquí cientos de años y esté hablando de la prehistoria, aunque no sea así), y hasta que estuve yo bastante entrada en esos bonitos años de mi adolescencia, la tele estaba muy restringida en mi casa. Cualquiera lo diría, viéndome ahora, pero entonces tenía permiso para ver la televisión (de forma limitada) los fines de semana, y prácticamente no podía verla entre semana. La única excepción, y mi primer signo de cierta obsesión seriéfila, eran los episodios de Carmen Sandiego. No me saltaba ni un solo episodio, ni uno. Pero lo que es más importante, al día siguiente mis amigos y yo nos dedicábamos a comentar cada episodio en el recreo. De una forma que, por cierto, me recuerda bastante a lo que hago ahora. Sé que también había otra serie que echaban los fines de semana tempranito, y me levantaba todos los sábados y todos los domingos para estar bien puntual antes de las ocho de la mañana en el salón pendiente de la televisión, pero la verdad es que no tengo ni idea de cuál era, ni de qué iba.

Luego vino cuando nos mudamos, y así dejé a mil y pico kilómetros a mis amigos los comentaristas de Carmen Sandiego. Y llegamos a la que supongo que es mi 2ª etapa, que creo que se corresponde ya más bien con la preadolescencia y esos primeros años de mi adolescencia (qué repelente quedo cuando hablo así, por cierto). Y, más que a esa época, a los veranos de esa época. Porque aunque en mi casa seguían existiendo esas restricciones sobre la televisión, los veranos eran la excepción, y por las mañanas era una auténtica fiesta porque podíamos ver lo que nos diera la gana. Y así es como las mañanas de La 2 se convirtieron en un must para mí, y empecé a seguir religiosamente series como Popular (Ryan Murphy fue una influencia muy temprana en mi vida, qué le voy a hacer. Lo que supongo que explica muchas cosas) y Los Rompecorazones (y me consta que no estoy ni mucho menos sola en estas dos, que las veíamos todos en manada). Lo vivía muchísimo con ellos, y básicamente eran la razón por la que en verano estaba siempre despierta antes de mediodía, en vez de pasarme medio día durmiendo. A eso además hay que añadir a Buffy, alrededor de la cual organizaba mis planes para la tarde (true story, tenía que quedar con mis amigos alrededor de la serie. Antes o después, pero jamás podía perderme un episodio) y que además creo que fue la primera serie que vi completa. Y la 1ª que compré más adelante, pero esa es otra historia. Y alguna otra como Al Salir de Clase (enganche es poco) y Malcolm (que solo veía episodios sueltos muy de vez en cuando, pero reflejaba tan bien algunas cosas de mi familia que siempre le tuve mucho cariño). También fue más o menos por entonces que una amiga mía me introdujo a Ally McBeal, la primera serie USA "adulta" a la que le eché un vistazo y que, aunque no vi entera hasta unos cuantos años más tarde, hizo que me picara la curiosidad.

Una curiosidad que me llevó, supongo, a mi 3ª etapa, la etapa de internet. Porque, a ver, internet siempre hubo en mi casa desde que tengo memoria, pero no fue hasta que tuve 16 años o así que la combinación "series + internet" empezó a tener tanta importancia para mí. Es aquí cuando empecé a tragarme los episodios de Grey's (y he aquí otra de mis grandes influencias, la loca de Shonda. Qué le voy a hacer, si yo entré en esto de las series gracias Joss Whedon (que supongo que está más aceptado) y los tarados de Ryan Murphy y Shonda Rhimes. Es así y no me avergüenzo ni un poquito) uno detrás de otro. Fue realmente gracias a Grey's y por tanto gracias a la loca de Shonda que empezaron a caer otras: Mujeres Desesperadas, Lost, Héroes (aunque también fue de mis primeros grandes abandonos después), Six Feet Under, Queer as Folk, Friends, The L Word, etc. Y el resto realmente es historia reciente (más o menos), de la que muchos incluso habéis formado parte de manera directa o indirecta.

¿Que a qué viene esto? Pues a que ayer me acordé de Los Rompecorazones, me puse nostálgica y, además de hacer memoria, acabé haciéndome con la 1ª temporada, e incluso me vi el primer episodio. Y después de verlo tengo la ligera sospecha de que voy a acabar ventilándome unos cuantos episodios más (y hay para aburrirse, porque a muchos igual les sorprende, con eso de que aquí siempre echaban los mismos, pero la serie llegó a tener más de doscientos episodios). En fin, ya os iré contando.

¡Saludos!

PD: Y ya que la que me ha llevado a semejante viaje de nostalgia es una serie aussie, me apetece recomendaros otra serie aussie que me recomendaron ayer, Please Like Me. Después de ver los dos primeros episodios tengo que decir que me parece monérrima, así que eso, recomendada queda.

6 mar. 2013

In silence

Los que me sigáis por twitter sabréis lo pesadísima que me puedo poner cuando algo me gusta. Y cuando algo me parece bueno y nadie le hace ni puñetero caso, ni os cuento. Es por eso mismo que suelo ser especialmente insistente con Switched at Birth. Porque viendo su punto de partida, que es una serie teen y que, por si fuera poco, nos llega desde ABC Family, a muchos no les cuesta lo más mínimo descartarla ya de entrada. Que no seré precisamente yo la que rechace una serie por reunir esas características, pero mucha gente sí que lo hace, y lo sabemos todos.

El caso es que, cuando se rechaza a Switched at Birth sin darle siquiera una oportunidad, nos estamos perdiendo otras de sus muchas cualidades, y es una pena. Ahora mismo podría hablar de muchas cosas. Podría hablar de cómo saben desarrollar tramas y personajes de tal manera que no solo les acabas cogiendo cariño, sino que además eres capaz de comprender el punto de vista de cada uno de ellos (y son muchos y muy distintos, aviso). O podría hablar de cómo hay pocas series que sepan coger un argumento aparentemente sobreexplotado (o anticuado, o digno de hacer un rolleyes) y desarrollarlo de un modo tan coherente que hace que merezca la pena, que tenga sentido. Podría hablar de todo esto, pero ahora mismo no lo voy a hacer, sino que voy a hablar de cómo una pequeña serie de la ABC Family se ha atrevido a hacer algo que nadie más ha hecho. Y cómo ha conseguido que ese paso más allá, esa novedad televisiva, ese riesgo, sea perfectamente coherente y esté perfectamente integrado en el conjunto de la serie.
Ya desde un principio, y aprovechando que una de las chicas protagonistas es sorda, la serie ha ido teniendo bastantes escenas completamente en lenguaje de signos, en absoluto silencio. Además, conforme han ido avanzando los episodios, la serie ha ido haciendo también un esfuerzo por dar a conocer un poco más la cultura sorda a su público, mostrándonos una realidad y una perspectiva que muchos probablemente ni nos habíamos planteado, no realmente. Hasta que finalmente llegamos al episodio de esta semana, grabado casi enteramente en lenguaje de signos (todo el episodio menos la escena inicial y un par de frases al final). Algo que, como digo, queda perfectamente integrado en el conjunto de la serie. Y lo que es más importante, queda bien integrado en la serie a través de un episodio muy bueno y muy recomendable, no solo por esa manera de arriesgarse, sino sobre todo porque reúne las mejores cualidades que la serie siempre ha tenido.
Continuando con las tramas que habían ido escalando en los episodios anteriores, los alumnos de la Escuela para Sordos Carlton deciden encerrarse en ella para evitar de este modo su cierre. Así, nos encontramos ante un episodio repleto de idealismo y lucha (y donde, por cierto, Switched at Birth nos da una pequeña lección de historia y nos habla sobre las protestas de Gallaudet, donde como dato curioso estuvo Marlee Matlin, que por supuesto también sale en la serie), pero, sobre todo, nos encontramos ante un episodio que nos muestra el lado más humano y complejo de todos sus personajes. La razón por la que luchan, dónde están y por qué son como son. Detrás de una misma causa nos encontramos a una Daphne que por fin ha encontrado su identidad. Nos encontramos a un Travis al que el continuo rechazo sufrido lo empuja a rechazar a los demás. Una Bay que cede enseguida lo que le pidan y se lanza de cabeza sin preguntar a la espera de ser aceptada en algún lugar (esto, por cierto, es algo que hemos ido viendo poquito a poco con ella, de forma relativamente sutil, hasta que llegó un punto en que resulta la forma más obvia de definir lo que mueve al personaje). Un Noah que está en medio del proceso de adaptación más grande y complicado de su vida, y que al igual que Bay, pero por razones completamente distintas, no acaba de encajar en ninguna parte.

Detrás de Switched at Birth siempre ha habido dos temas especialmente importantes, dos temas que han sido recalcados una vez más en este episodio. Por un lado tenemos la comunicación, o la falta de ella. Los diferentes puntos de vista y la información que a veces perdemos por el camino (seamos sordos o no). Y por otro lado está esa necesidad de pertenencia, esa sensación de comunidad. Dónde encajo, cómo, por qué. Cuál es mi lugar. Un tema que el propio intercambio del que parte la serie resalta de forma clara, lo que va muy bien para entender que esta serie puede usar elementos culebronescos o de película de domingo por la tarde, pero siempre con ideas como esta en mente.

Switched at Birth será solo una serie de la ABC Family, pero es capaz de ir introduciendo estos temas (y otros, aunque estos sean los fundamentales) de una forma tan sutil y a la vez tan clara que no es raro que nos haga pensar. Sin olvidarse de darles a los personajes una complejidad que seguro que muchos no esperan. Switched at Birth es una serie que se arriesga (y no solo en lo que digo del episodio de esta semana, sino siempre y en muchas más cosas de las que parece. El propio personaje de Noah, por ejemplo, no es precisamente un tipo de personaje o un tipo de trama con el que se suelan atrever en muchas series), y es una serie que, casi sin que nos demos cuenta, nos pone en el lugar de los demás (que yo a veces sea capaz de entender a John dice mucho), que nos enseña, que nos hace replantearnos, aunque sea por un segundo, nuestro punto de vista. Será una pequeña serie de la ABC Family, pero hay razones por las que gusta entre los críticos. Razones por las que yo la adoro y por las que no me cansaré de recomendarla. Razones por las que todos deberíais darle una oportunidad.

¡Saludos!

PD: Otra serie que también es de la ABC Family y a la que también deberíais dar una oportunidad es Bunheads, por cierto. Y no solo porque en esta segunda tanda de episodios de la primera temporada haya salido mi adorada Jeanine Mason.

4 mar. 2013

De vuelta en Chatsworth

De un tiempo a esta parte, todo el mundo anda enamorado perdido de la Shameless que nos llega desde USA a través de Showtime. Y con razón, todo hay que decirlo. Porque es cierto que los Gallagher de Chicago consiguen que entremos en todos sus dramas, que suframos con ellos y que al mismo tiempo nos lo pasemos estupendamente. De hecho, y precisamente más en esta temporada que en las anteriores (y eso que adoré profundamente las temporadas anteriores), me estoy implicando más que nunca, y estoy viviendo la serie más que nunca.

Lo que, curiosamente, hace que me acuerde ahora más que nunca de la original, de la Shameless británica que ya existía muchos años antes de que apareciera esta. De los Gallagher de Manchester y toda la fauna que los rodeaba en Chatsworth. Porque fueron ellos los que me enamoraron primero de esa dinámica familiar y, si no me equivoco, me hicieron descubrir a ese genio llamado Paul Abbott (creo que hasta que no vi Shameless no había visto nada más suyo). Me los han recordado porque esa sensación de implicarme en todo lo que les ocurre de una forma muy específica es algo que esos otros Gallagher me habían provocado antes. Y si al hecho de que de repente los de Chicago me hicieran recordar lo mejor de los de Manchester, le unimos el anuncio de que la temporada que comenzó a emitirse la semana pasada iba a ser la última (y que iba a venir cargada de regresos, porque a estas alturas puedo contar los miembros del reparto original que quedan en la serie con los dedos de una mano. Y de hecho me sobrarían más de la mitad de los dedos), pues la verdad es que conseguimos lo único que se podía conseguir, que me entraran unas ganas tremendas de reconciliarme con la serie, de darle una segunda oportunidad. De verme las temporadas que me quedaban y acabarla al día, porque a pesar de todos los altibajos, la gente de Chatsworth me había dado tantos momentos buenos que se habían ganado esa segunda oportunidad. Y todas las que hicieran falta.

Antes de que a más de uno le dé por salir corriendo y decida no darle jamás una oportunidad a la serie británica, dejadme que me explique, y que explique el cariño que siempre le voy a tener, incluso después de admitir que sí, que acabó consiguiendo que la medio-abandonara. Y es que siempre le voy a tener muchísimo cariño porque las cuatro primeras temporadas son una verdadera maravilla. Pero de verdad. No es que se dejen ver y sirvan para echar el rato, no, es que son simplemente estupendas, llenas de todos los elementos que le ganan un puesto a la serie entre lo mejor de lo mejor. Están repletas de grandes personajes, de grandes tramas, y tiene ese toque tan gamberro y al mismo completamente entrañable que no se puede comparar a nada más (no, ni siquiera a la versión americana. Es algo muy específico y muy especial, una marca de identidad completamente suya). Por las cuatro primeras temporadas, la serie tiene el cielo ganado, no hay otra. Después vinieron otras dos temporadas que tienen de todo. Tienen momentos mejores y tienen momentos peores, aunque en general aprueban de sobra. Y, de hecho, el final de la sexta temporada tiene uno de los mejores momentos de la serie, y uno de mis favoritos de todas las series que he visto (si ya la habéis visto y, por tanto, sois inmunes a los spoilers, lo podéis ver aquí. Si no, mejor esperad a llegar a ese episodio en la serie, porque es un spoiler tamaño camión). El problema realmente vino después, con la 7ª y la 8ª temporada. En estas dos temporadas, la progresiva salida de personajes que hasta el momento habían sido fundamentales, unida a la entrada de otros que no acababan de aportar mucho hizo que la serie perdiera ese espíritu que la hacía tan especial. Y no ayudó que además la 8ª temporada sea la más larga de la serie, doblando en número de episodios a las primeras. Fue precisamente en esta temporada donde perdí la paciencia, donde pensé que igual era mejor bajarme del carro y ya está.

Sin embargo, como digo, me atreví a volver. Y esperando nada de la 9ª temporada, tengo que decir que no me ha disgustado. A ver, no es la Shameless del principio, pero desde luego que es mil veces mejor que las dos temporadas anteriores. Y sigue teniendo un algo, recupera un poco ese espíritu que decía antes, y finalmente consigue que vuelva a interesarme mínimamente por ella. Y, por supuesto, sigue teniendo a Karen, que junto a Frank sigue siendo, in my opinion, el eje central de la serie, pero de formas totalmente opuestas. Y es que Karen es el corazón de esta y, si alguien me pregunta, probablemente el mejor personaje que nos ha dado la serie, algo que se ve especialmente en esta temporada, y más aún si somos capaces de recordar los orígenes del personaje.

Dicho todo esto y, por tanto, reconociendo todas las meteduras de pata que ha ido teniendo la serie, si alguien me pregunta si la recomendaría, probablemente diría que sí, a pesar de todo. De hecho, probablemente hasta insistiría. Como digo, las primeras cuatro temporadas deberían ser de esas imprescindibles para todo aquel que se considere seriéfilo, y las dos siguientes continúan teniendo unos cuantos momentos bastante especiales. Merece la pena incluso viendo la cantidad de temporadas que tiene (al fin y al cabo, unas cuantas son bastante cortitas, de unos diez episodios. Otras llegan a los dieciséis. Pero la única verdaderamente larga es la octava). Y merece la pena incluso para aquellos que vean la versión USA. Es cierto que las tramas de la primera temporada son prácticamente calcadas, aunque el tono de ambas series ya se diferencia un poco incluso ahí (diría que la versión USA es algo más dramática, más seria. Gamberra, sí, pero de otra manera). Pero después se separan completamente, al igual que aparecen personajes distintos. O simplemente aparecen personajes con un papel similar pero en realidad completamente diferentes (cualquier parecido entre los Maguire y los Milkovich es pura coincidencia). Por eso, y porque a pesar de todo Shameless es una serie que me ha regalado muchos buenos momentos y aún mejores personajes, no puedo dejar de recomendarla. Simplemente no puedo.

¡Saludos!

PD: En cuanto a la versión americana de la serie, a ver si algún día de estos hablo de ella, porque ya digo que está teniendo una temporada estupenda, y que cada día me gusta más.

1 mar. 2013

El feminismo de teen-Carrie

Cualquiera que me conozca un poco sabrá que yo no soy muy de despreciar una serie por la etiqueta con la que venga de fábrica. No tengo ningún problema en admitir que me lo paso pipa con los dramas teen, por ejemplo, y que me parece un género tan digno como cualquiera (y, además, dentro del propio género hay muchos estilos y series diferentes, con tonos que no tienen nada que ver). Lo que no quita para que últimamente me haya dado cuenta de que poco a poco, y salvo excepciones, cada vez estaba más desencantada con la CW. Ojo, que no es que no sea perfectamente consciente del estilo de la cadena, y no es que realmente tenga nada en contra, pero cada vez me iba dando un poco más de pereza. Excepciones aparte, en las últimas temporadas la CW se ha ido orientando cada vez más hacia un tono que a mí personalmente cada vez me llama menos (que, lo sé, es personal, qué queréis que le haga), y el interés que tenía en ella se fue evaporando con esa progresiva evolución hacia un mundo de seres sobrenaturales, con superpoderes y, sobre todo, de plástico. De plástico muy intenso. Evidentemente, todo esto es algo que tiene sus fans y me parece muy bien, pero en lo que a mí se refiere, pues eso, hace que a cada mes que iba pasando la cadena me fuera dando más y más pereza.

Sin embargo, con The Carrie Diaries tenía esperanza. No miento si digo que era uno de los estrenos que esperaba con más ganas, principalmente porque sobre el papel era justamente lo que yo siempre he disfrutado más de la CW: ese algo muy mamarracho, culebronesco, insustancial y, sobre todo, perfectamente consciente de sí mismo (pero haciendo como que no. O, en cualquier caso, leyéndose así desde fuera) y no avergonzado por ello. Ya, ya sé que no es precisamente lo que cualquiera describiría como un gran producto televisivo, pero para todo tiene que haber espacio, y para mí eso que describo es algo que está bien tener de vez en cuando. Vamos, que esperaba algo muy mamarracho y por eso era uno de los estrenos que más esperaba.

Y cual no sería mi sorpresa cuando el motivo por la que decidí quedármela fue uno muy distinto. Porque lo cierto es que The Carrie Diaries va por un camino muy diferente, tiene un tono muy diferente. Es distinta, principalmente, porque tiene... alma. Por llamarlo de algún modo. Es diferente porque, a pesar de una ambientación un poco de escaparate, no es de plástico. Y, sobre todo, es diferente porque las chicas de la serie (Carrie, Knives Chau a.k.a. Mouse, Rosie Larsen a.k.a. Maggie e incluso Dorrit a.k.a. (y aquí me quedé muerta) la hija de Keri Russell en esa serie con Will Arnett que solo vi yo (es decir, Running Wilde)) y la dinámica entre ellas son algo que echaba en falta en mi pantalla. Suena extraño decirlo a estas alturas, pero la serie tiene a través de ellas un mensaje tan positivamente feminista que resulta muy refrescante, sobre todo porque no es algo que se vea tan a menudo como debería, especialmente en una serie teen. Un tipo de mensaje y un tono que, por cierto, si me preguntan a mí, es muy necesario, con lo que no puedo más que aplaudir a la serie.
Por supuesto que además de todo eso (o a pesar de ello, depende de a quién le preguntes) hay dramas adolescentes, y por supuesto que hay tramas que nos pueden parecer lo mismo de siempre. Pero no lo es. Porque al final del día lo principal de la serie son ellas (Carrie a la cabeza), con sus matices, con sus decisiones, con sus opiniones y con sus puntos de vista. Unos puntos de vista que, por cierto, son bastante distintos, pero al mismo tiempo se combinan perfectamente, porque a ninguna de ellas le falta esa identidad propia que hace que funcionen tan bien, tanto individualmente como todas juntas.

Que, ojo, no quiero decir que el resto no funcione, porque lo hace. El propio Sebastian (que para mí sigue siendo Wilke de Switched at Birth (serie que, por si no ha quedado claro ya, TODOS deberíais ver) reubicado en los años ochenta) es un personaje que encaja bien en todo el conjunto. Y lo mismo puede decirse de Walt, al que vamos viendo únicamente de vez en cuando. O hasta podría decirlo del padre y sus tramas, que a pesar de quedar siempre como poco más que una curiosidad, no resultan tan chirriantes como podría ocurrir.
Realmente lo único que no acaba de funcionar completamente es la trama de NY. Y no por los personajes en sí (de hecho, el exotismo, la novedad, la sensación tan divertida, tan genial y tan triste de estar tan pasadísima de rosca que tiene el personaje de Larissa me parece algo a lo que han sabido muy bien pillarle el punto), sino por ser una situación no solo inverosímil, sino que además recuerda demasiado a Jane by Design.
No estropea, de todos modos, el conjunto, y por eso puedo seguir diciendo que para mí The Carrie Diaries ha sido la sorpresa más agradable de la temporada. Aunque, para mi desolación, sus tristes audiencias (y, por tanto, su dudoso futuro), quieran intentar convencernos de lo contrario.

¡Saludos!

PD: Estoy completamente enamorada de Rosie Larsen. Qué guapísima es esta chica, por favor.
PD2: He decidido retomar la Shameless británica para poder ver la última temporada (que empezó el martes o el miércoles, I think) al día antes de que acabe. De momento estoy con la novena, y tengo que decir que no me está pareciendo ni mucho menos tan mala como esperaba.