13 may. 2010

Aunque me repita más que el ajo...

Como ya comentaban por aquí, hace unos días Newsweek publicaba este artículo de Ramin Setoodeh (del que hace un tiempo leí otro artículo en el que comentaba el daño que hacía la aparición de personajes gays afeminados en televisión), en el que aprovechando una crítica hacia la interpretación de Sean Hayes en el musical Promises, Promises, enlaza hacia todo un comentario de por qué los actores gays no resultan demasiado convincentes a la hora de interpretar personajes heterosexuales.

Cuando leí el artículo lo pasé un poco por alto, porque es un tema que discuto tanto (quizá no haya caído por aquí, pero en el día a día no está demasiado lejos de los temas típicos de conversación) que casi que tampoco le di más importancia. Después vino la respuesta de Kristin Chenoweth (qué grande es esta mujer, por cierto, con lo chiquinina que es) y me animé a escribir algo al respecto, pero entre una cosa y otra (y eso que aún no he empezado a agobiarme con el “ondiá, si el examen es dentro de tres días y a mí aún me faltan la mitad de los apuntes) no he podido escribir nada hasta hoy.

Pues bien, aquí va lo que pensé cuando leí el artículo, y lo que sigo pensando (y esta vez sí que prometo (y creo que puedo mantener la promesa) no alargarme demasiado, y eso que es un tema con el que tiendo a enrollarme cual persiana).
Lo primero de todo, una de las razones por las que el artículo tampoco me pareció digno de dedicarle un segundo vistazo fue que en sí mismo y a nivel de argumentos me pareció bastante pobre. Cuando justifica y contradice una misma opinión sin cambiar de página, por narices hay algo que falla. Y en esto es precisamente en lo que cae cuando dice lo poco creíble que resulta Jonathan Groff en Glee (ahora en un momento vuelvo a eso) y lo pone al lado de su actuación en Spring Awakening, donde no había ningún problema en verlo convertido en el personaje que interpretaba.
Pero dejémoslo ahí y pasémoslo por alto.

Como digo, uno de los ejemplos que pone, aparte de Hayes, es Jonathan Groff, al que ahora mismo se le puede ver interpretando a Jesse en Glee. Resulta curioso cómo a este hombre le resulta tan chirriante su actuación, le parece tan sumamente obvio que el chico no es capaz de interpretar a un personaje heterosexual, cuando precisamente más de una se ha llevado el disgusto del mes al enterarse de que Groff es gay. O cuando, sin ir más lejos, es impresionante la cantidad de gente que entra en este blog después de un paseo por google intentando averiguar si Lea Michele y Jonathan Groff están juntos. Es decir, ya sé que eso de arrejuntar a los protagonistas de la serie de turno es algo que se lleva mucho, pero digo yo que tan sumamente obvio no será.
Yo personalmente no le pongo ninguna pega a su interpretación del personaje (que, por cierto, ha pasado en nada de tiempo a convertirse en uno de mis favoritos de toda la serie), ni le veo nada raro, y eso que antes de que empezara a salir en Glee ya sabía quién era y sabía que era gay.

Pero no es el único. Hay unos cuantos actores (y actrices) homosexuales interpretando personajes heterosexuales sin ningún problema, y en los que ni de coña te darías cuenta a no ser que lo supieras de antes. Ejemplos se pueden poner hasta aburrirse.
Y es que yo creo que la orientación sexual de un actor es irrelevante a la hora de interpretar un papel. Lo mismo que un actor heterosexual puede interpretar a un personaje homosexual y que quede perfectamente creíble (que se lo digan a la mitad del cast de The L Word), ocurre al contrario. Siempre que el actor sea relativamente decente (y que yo sepa eso no tiene nada que ver con la orientación sexual de cada uno), no debería haber problema.
Porque si no, por esa misma regla de tres, cada médico que sale en televisión debería tener hecha, al menos, su carrera de medicina y sus años de residencia. Cada chico de FNL debería ser un jugador de fútbol impresionante. Está claro que si interpretas a un cocinero, debes ser una máquina en la cocina. Para interpretar a un dictador, debes haber sido un dictador en algún momento de tu vida.
Por no hablar, como decía Antara, de que, siguiendo la misma lógica, miedo me daría lo que haga Michael C. Hall en su tiempo libre.

Sí que tiene razón en una cosa. Es verdad que hay gente que una vez que sabe que tal o cual persona es gay, parece que necesita ver (y ve, vaya usted a saber cómo) una prueba de ello en cada palabra y cada gesto. Es absurdo, pero es algo que ocurre tanto en la vida real (si yo contara…) como en lo que comentamos ahora mismo: películas, series, obras de teatro, etc.
Sí, le voy a dar la razón a Setoodeh en que muchas veces a la gente le cuesta creerse a un actor en estos casos, pero no le voy a dar la razón en cuanto a (valga la redundancia) las razones que expone. Porque no creo que sea problema del actor, ni de los guiones. Para nada. Creo que en estos casos el problema está en los ojos que lo ven. Y es que, por triste que parezca, hay gente que sigue empeñada en imitar a los niños de seis años cuando les da por reírse cada vez que alguien menciona algo sobre “novios y novias”.
Al fin y al cabo, aún vivimos en un mundo donde la gente reparte folletos diciendo que Dios es bueno y puede curar la homosexualidad (y no hablemos de bisexualidad, que sobre esto me he tragado charlas aún más surrealistas todavía), que no te preocupes. A mí, desde luego, más de uno y de dos me han repartido (a buena iban a intentar “curar” xD), cuando eso de esquivar repartidores de folletos se hace un poco imposible por problemas técnicos.
En fin, que me voy del tema.

El caso es que el problema no está dentro, sino fuera, en la percepción de la gente. En lo que quiere percibir.
Y si, como este hombre, nos dedicamos a encogernos de hombros y a resignarnos a decir que solo los actores heteros pueden interpretar personajes heteros, mal vamos. Porque ya no es que ni avancemos, es que acabamos yendo para atrás, como los cangrejos.

¡Saludos!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo también tuve una época en la que me torturaba leyendo artículos de gente que tenía una opinión radicalmente opuesta a la mía. Pero acaba llegando un día en que te cansas de ese estado de encabronamiento continuo al que te lleva y acabas cayendo en la cuenta de que en realidad la opinión de un panoli que vive de ser "opinador profesional" no vale ni para ir a ca..., perdón, es completamente irrelevante. Hay que aprender a convivir e incluso a ignorar y pasar por alto este tipo de cosas mientras no se desmadren y acaben teniendo consecuencias reales, ya que, al fin y al cabo, las opiniones son sólo opiniones y cada uno tiene la suya personal e intransferible.

Por cierto, menudo imbécil el tal Setoodeh.

Antara dijo...

A mí me parece interesante que este tema haya llegado a nuestros blogs seriéfilos y por eso me detuve a hacer el comentario donde MacGuffin, porque aunque para mí son conversaciones de cada día, no es un tema que toque en mi blog ni mucho menos.

Ahora bien, a mí me complace irles diciendo a los heteros qué actores son gays en la vida real y ver (o imaginar) cómo se les desencaja la mandíbula, jeje. De algunos estoy muy orgullosa porque son auténticos ídolos de la ficción actual y la mayoría no lo imagina.

En el tema vamos para atrás y creo que las nuevas generaciones serán más conservadoras que la nuestra como una especie de resistencia al cambio. No miento, no soy nada optimista con este tópico.

Antara dijo...

Ah, y se me olvidaba comentar, el artículo nombra también a Portia De Rossi. Give me a break! Se ve más gay (la voz, el caminado, todo en ella es gay) mi querida Anna Torv que la señora de Ellen Degeneres. ¿De qué habla este tipo? Cuando Annita salga del clóset (¡Ja!, yo todavía tengo la esperanza) ¿todos dirán que ya no es convincente en su papel de Olivia Dunham? Jo, jo, jo.

PD. Hey, perdona la mala leche, pero es que estoy animada.

Mina Harker dijo...

A mí me interesan bastante estos temas, y suelo leer artículos de este tipo e informarme de vez en cuando, pero sí que es verdad que cada vez es más raro que me cabreen. Lo que no quiere decir que vaya a ir resignándome por la vida, pero vivir continuamente enfadado con el mundo tampoco es muy recomendable.
En cuanto al tal Setoodeh... Yo puedo entenderlo y puedo entender por qué opina como opina. Aunque no lo comparta y además me parezca bastante triste.

Antara, don't worry, si te entiendo perfectamente xD. Si cuando a mí me da por opinar de estas cosas también acabo sacando algo de mala leche.
Sí que me gusta ser un poco más positiva y me gustaría pensar que a la larga acabaremos cambiando para mejor. Igual que he visto cosas que me dejan totalmente chafada, he visto muchas cosas y muchas reacciones en gente que no me esperaba que me sorprenden para bien. Así que espero que poquito a poco vayamos avanzando. Quizá soy un poquito demasiado idealista, pero me gustaría pensar que en vez de ir para atrás iremos para delante.
Eso sí, a base de resignarnos (que un poco es la actitud que veo yo en lo que se comenta en el artículo), difícilmente se va a llegar a ningún sitio.

Y sí, lo de Portia de Rossi a mí también me dejó con una cara de WTF impresionante (y estoy de acuerdo en que a Anna Torv se la ve más gay que a ella). Pero es que es lo de siempre: si te empeñas en que tienes que ver algo, por narices lo vas a ver, esté o no ahí.